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CINE DE HOY
MILLONES

Dirección: Danny Boyle.
Intérpretes: Alex Etel, Lewis McGibbon, James Nesbitt.
Título original: Millions. UK
Valoración: Mayores de 13 años.
Danny Boyle,
director de macarradas como Trainspotting o
rarezas zombies como 28 días después, ofrece
una nueva excentricidad pero, como siempre, cambiando
radicalmente de género.
Ha muerto la madre de Damian y Anthony. Su padre decide
trasladarse con los dos chicos a una urbanización.
Damian, el pequeño, ve a los santos y mantiene largas
charlas con ellos. Anthony, el mayor, dotado para las
matemáticas, es el capitalista pragmático. Damian se ha
fabricado, junto a la vía del tren, una cabaña con cajas de
cartón. Allí, un día, mientras habla con Santa Clara de
Asís, una bolsa Nike cae del cielo llena de millones de
libras. Damian cree que es un milagro y que debe dar el
dinero a los pobres. Su hermano Anthony no sabe como ha
llegado el dinero pero le obliga a Damian a mantenerlo en
secreto. Quiere invertirlo en negocios inmobiliarios antes
de que Inglaterra cambie al euro. La aparición de un hombre
que parece saber algo acerca de la bolsa les va a complicar
la vida.
No es que la película tenga grandes tesis. Boyle
maneja una religión un tanto estereotipada. Por ejemplo, la
interpretación que da San Pedro sobre el milagro de
la multiplicación de los panes y los peces, está a medio
camino entre el absurdo, lo divertido, el ridículo, la
lucidez, lo irreverente y el sentido común: el milagro
estuvo en que aquel joven ofreciese a Jesús todo lo que
tenía para comer. Pero lo que Danny Boyle intenta con
todo ello es narrar un cuento para adultos desde la óptica
de un niño que tiene muchas cosas que enseñarnos.
Damian entiende que el dinero es, simplemente, una cosa
material, algo de lo que no merece la pena preocuparse. Es
una cosa que, como cualquier otro bien material, debe usarse
correctamente. Por ejemplo, invitando a pizza a todos los
mendigos a los que encuentra.
Cuando en el colegio todos los compañeros de clase eligen a
futbolistas como personalidades a admirar, él comienza a
enumerar santos. A su hermano Anthony le preocupa que eso no
le permita integrarse y le dice que debe ser como los demás,
no hacerse notar, seguir la corriente. Damian se queda
perplejo: no tiene la sensación de ser raro ni de estar al
margen.
Damian va descubriendo que, si el resto de la gente no puede
ver a los santos, es precisamente por el apego a las cosas
materiales: eso es lo que les incapacita para acceder a un
mundo espiritual. Su hermano, por ejemplo, está preocupado
por obtener cosas, por el aspecto de las chicas en ropa
interior, por el modo de obtener más dinero. Su padre no
cree en nada y sus buenas intenciones, su ética laicista, se
desmorona ante los estímulos del mundo. Y hay una mujer que
recauda dinero para los países pobres del Tercer Mundo pero
que, a la vista de los millones, no puede resistirse a su
encanto.
La desbordante imaginación de Boyle se plasma no sólo
en un guión lleno de peculiaridades. Como, salvo los dos
chicos, el resto de personajes no está muy bien
caracterizado, la película podría haberse desmoronado.
Pero se sostiene, y muy bien, primero, con un alucinante
montaje hipnótico y juguetón: acelera el tiempo, lo
ralentiza, los personajes se mueven en postales, el dinero
cae y salta...; segundo, con el uso de una cámara de
movimientos sin límites: travellings cenitales, movimientos
fracturados...; tercero con una fotografía con un colorido
muy especial: las casas de la urbanización, la aparición de
los mártires de Uganda en un prado...; y, finalmente, en una
música siempre adecuada, emotiva, redundante. Es una
auténtica delicia dejarse atrapar por la desarmante
originalidad de la historia y por el estilo de la puesta en
escena, plagada de sorprendentes soluciones técnicas.
Gustavo de Prado,
Televideo familiar
Sección:
CINE DE HOY
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