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Por Gustavo de Prado
Dirección: Scott Derrickson.
Intérpretes: Laura Linney,
Tom Wilkinson, Campbell Scott,
Jennifer Carpenter.
Duración: 119 m.
Género: Drama.
Valoración: Jóvenes.
Violencia.
Emily Rose, la mayor de 4 hermanas
de una familia católica está
poseída. Muere poco después del
malogrado exorcismo. El sacerdote es
llevado a juicio acusado de
homicidio por negligencia.
Si alguien espera una película de
terror estilo El exorcista
o La profecía quedará
defraudado porque no se trata de una
película de terror, aunque haya
algunas secuencias fuertes. Lejos de
los clichés del sensacionalismo, se
trata de una reflexión, juiciosa y
sobria, sobre el misterio del mal.
Scott Derrickson (guionista de
Tierra de abundancia) no
es católico pero encuentra un camino
acertado para plantear profundos
interrogantes desde una perspectiva
palmariamente cristiana.
Hay algún que otro momento puramente
comercial (la muerte del psiquiatra)
y algún momento para la galería (la
interpretación de Halloween ofrecida
por el sacerdote). Pero dejando al
margen estos dos momentos se trata
de una película que invita a una
reflexión seria, con una respuesta
final impactante e inesperada.
Centrarse en el juicio y recurrir a
Emily Rose en flash-back, es
un acierto considerable porque nos
permite adentrarnos en los
planteamientos de los diversos
personajes protagonistas del juicio.
El sacerdote tiene sus buenos
motivos para actuar como lo hace. No
quiere acuerdos con la fiscalía
porque considera responsabilidad
suya el contar el caso de Emily
Rose. La película gana muchísimo con
su final y nos hace entender mejor
el comportamiento del sacerdote. Muy
bien seleccionado Tom Wilkinson,
un eterno secundario que llena
cualquier película con su carácter.
Laura Linney,
una actriz todoterreno, interpreta a
la abogada. Es agnóstica y su
agnosticismo es sacudido
repentinamente al implicarse en el
caso. En realidad, nunca se ha
planteado la existencia de Dios,
obsesionada con llegar alto en su
trabajo. La percepción, la
objetivación de un más allá, el
conocimiento de primera mano de que
existe lo diabólico le obliga a
replantearse cosas. Un acierto las
referencias a su último caso, su
último fracaso exitoso. Un aspecto
más acerca de la existencia del mal
que le hace evaluar prioridades.
El fiscal es un cristiano metodista.
Un tipo piadoso, buena persona.
Desprecia la idea del exorcismo
católico. Pero, al margen de sus
creencias religiosas, piensa que es
necesario aparcar la fe cuando llega
a su puesto de trabajo. Y, así, se
embarca en desprestigiar con su
actitud lo que sostiene en privado.
Además vemos desfilar por el
banquillo a científicos, científicos
racionalistas, científicos engreídos
y pseudo-científicos de la
antropología. Todos ellos con sus
prejuicios, con sus ideas
preconcebidas, sus deseos
anteponiéndose sobre la verdad,
interpretando la muerte de Emily
Rose desde sus planteamientos
triviales, errados tanto cuando
están a favor como cuando están en
contra.
El exorcismo de Emily Rose
menciona que está basada en hechos
reales. En realidad esto es mucho
decir. Casi nada de lo que se cuenta
es cierto pues se trata, más que
nada, de una idea que se le ocurrió
al autor al leer una noticia de la
prensa alemana. En cualquier caso
eso no es obstáculo para que la
película resulte sugerente e
incisiva. Y demuestra que aún se
puede hacer religión-ficción sin
incurrir en esoterismos. Sin duda,
una de las películas más
inteligentes de este año.
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