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CINE DE HOY (Gustavo de Prado)

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Cine: «WALL-E» DOCUMENTO METATEXTO ARVO.NET, Cine: «WALL-E»


«WALL-E»
 


Autor:
Gustavo de Prado
Fuente: Arvo Net,
Fecha: 15.11.2008

 

Título de la película: Vall-e
Dirección: Andrew Stanton.
Duración: 98 m.
Género: Animación.
Valoración: Todos.

Los humanos viajan en naves estelares debido a la polución. Wall·e, robot de limpieza, y una cucaracha son lo único que se mueve sobre la Tierra. 700 años son muchos años incluso para un robot y Wall·e ha desarrollado sentimientos, es curioso y compagina su labor de limpieza con la de arqueólogo aficionado. De pronto, desde el espacio, llega EVA, una robot estilizada último modelo, que primero dispara y después pregunta, para averiguar si la Tierra vuelve a ser un planeta apropiado para la vida humana.

Al final de Terminator 2, Sarah Connor pronunciaba una frase redonda que funcionaba muy bien como epílogo: “Si una máquina, un Terminator, puede descubrir el valor de la vida humana, quizá nosotros también podamos”. Era una percepción bastante objetiva de la condición humana. Poco halagüeña con nuestros defectos, animante como exploración de nuestras posibilidades.

La frase sirve muy bien como introducción para Wall·e. Ese robot programado para recoger basura, ha seguido el camino inverso de sus creadores. Los humanos se han convertido progresivamente en entes manipulados por la publicidad, el ocio y el consumo. En cambió, él ha logrado despertar la capacidad de sorprenderse. Y, por supuesto, a partir de ahí, desborda sentimientos.

Se ha hecho mucho hincapié en el mensaje ecológico y anticonsumista de la película. Pero en realidad va mucho más allá. Es cierto que esos dos mensajes están ahí y, de hecho, son rotundos. Lo suficientemente fuertes como para considerarla una película denuncia, una crítica feroz al consumismo.

Sin embargo, el director y los guionistas no se quedan en la denuncia de las consecuencias. Quieren indagar en las causas, en lo que es más íntimo para el ser humano, lo más esencial a nuestra condición. El problema no es que convirtamos la Tierra en un vertedero o que nos dejemos cegar por una sociedad de ocio. La raíz del problema es que no sabemos lo que somos, no identificamos cuáles son nuestras aspiraciones más profundas.

La cuestión no es que seamos consumistas o antiecológicos. Ocurre que no sabemos disfrutar de las cosas que adquirimos, comemos, usamos, desechamos. Los humanos, fofos, sin fuerza para moverse, se desplazan en colchones flotantes, atiborrados de comidas líquidas, servidos por robots a su servicio. Muy elocuente el momento en que la máquina publicitaria informa a los humanos de que “el  nuevo rojo es azul”. Y como es la moda, todos cambian. El mensaje es estúpido, pero se acepta porque pensar está mal visto. Es preferible dejarse llevar.

En el otro extremo de este indolente posicionamiento está la actitud de Wall·e y, especiamente, la de EVA, contagiada por el robot. La secuencia final, cuando EVA intenta recuperar el amor de Wall·e da pie a una escena extraordinaria. Comienza ofreciéndole cosas materiales (el cubo de Rubik, la bombilla) pero eso no le satisface. Entonces intenta reactivar sus sentimientos con cosas que alimenten su mente y sus sentidos más elevados (música, baile, cine) sin lograr un resultado positivo. Hasta que EVA descubre que lo que ama Wall·e es… a EVA. Es ella la que tiene que darse.

Hay muchos homenajes a películas de ciencia-ficción. Soy leyenda, 2001: una odisea del espacio, E. T.: el extraterrestre… Con perdón de todas ellas, Wall·e es superior. Técnicamente deslumbrante, arrasadoramente romántica, con una trama inteligente y un guión de giros imprevisibles.

Una vez más Pixar ofrece una obra maestra. Hay que ser muy valiente para suprimir los diálogos de la primera mitad del metraje. Hay que estar muy seguros de que, lo que se hace, es tan bueno que resulta comprensible. Hay que confiar en que el espectador no se limita a ver, sino que usa su imaginación. Y como lo logra, no podemos sino observar pasmados y boquiabiertos.

Desde luego cada película tiene su estilo, su diseño gráfico adecuado al tema que quiere tratar. Pero los miles de detalles con que Pixar ha elaborado la película la sitúan, en su aspecto técnico, a años luz de sus inmediatas seguidoras, llámense Dreamworks o la propia Disney. Tan excelente, que llega a pasar desapercibido y nos acostumbramos a ver fotogramas perfectos.

Además está esa historia romántica, con una EVA cuyo nombre no es casual, símbolo de la primera mujer, que lleva en su seno la vida sobre la tierra. El homenaje a ¡Hello, Dolly! se convierte aquí en el eje musical que encierra los sueños y aspiraciones de Wall·e, la desgastada película en VHS que el robotito visiona una y otra vez, melancólico, en las noches de soledad; y que es la clave de quien está dispuesto a hacer cualquier cosa por amor: esperar bajo la lluvia o surcar el espacio con un extintor.

Al igual que Los Increíbles o Ratatouille no creo que Wall·e sea una película infantil por más que se trate de dibujos animados. Pueden verla los niños y disfrutarla. Pero sólo un público adulto llegará a sacarle todo su partido. O quizá es que Pixar tiene el talento de convertirnos en niños potenciando una virtud infravalorada: la capacidad de asombro, precisamente ésa que Wall·e desarrolla.

Y como es una película hecha con mimo, de principio a fin, compensa, mucho, ver los créditos finales.□


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©Arvo.net, 13/01/2008
Edita Asociación Arvo, Salamanca; Coordina: Antonio Orozco Delclós
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Se permite la difusión en Internet con enlace a esta página
Enviado por Arvo.net - 15/11/2008 ir arriba
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