|
CINE
DE HOY
por
Gustavo de Prado
Arvo
Net, 19.01.2005
Dirección:
Paul Haggis.
Intérpretes:
Sandra Bullock, Don Cheadle, Matt
Dillon, Jennifer Esposito, Thandie
Newton, Brendan Fraser.
Duración:
122 m.
Género:
Drama.
Valoración:
Adultos.
Negros,
blancos, asiáticos, hispanos,
árabes. Fiscales, policías,
directores de cine, ladrones,
cerrajeros, pequeños comerciantes.
Sus familias. Un par de cadáveres.
Racismo, clasismo, asesinatos,
homicidios, chantajes, amistades.
Enemistades. Máxima incorrección
política, errores fatales, actos de
heroísmo, madres, esposas, amantes.
Hijas a quien contar un cuento de
hadas. Bienvenidos a Los Ángeles un
día cualquiera.
Dentro
del género de las vidas cruzadas, de
personas extrañas que coinciden, de
almas que se encuentran con mejor o
peor fortuna, dos películas se
habían convertido en referente:
Magnolia y Vidas
contadas. Crash
viene a convertirse en otro clásico
junto a las anteriores.
Vidas contadas
sigue siendo, en mi opinión, la
mejor. Jill Sprecher conducía
una película sobria, impecable,
luminosamente acertada, con
problemas cotidianos y reales. Nunca
se alzaba la voz, jamás se gritaba.
No lo necesitaba para remover las
entrañas del espectador, para
mostrarse incisiva en los puntos que
deseaba. Un repaso a las
consecuencias de defectos y virtudes
del ser humano: desde el adulterio a
la alegría. Y con un acertadísimo
montaje, tan abierto y vital como la
vida misma.
Magnolia,
sin quitarle méritos a una película
fundacional (o casi), era
histriónica, en exceso zafia y
exagerada. Sus personajes gritaban
compulsivamente. Paul Thomas
Anderson es así y su cine así.
Incorporaba una escena impagable,
absurda, surrealista, poética,
encantadora: la ya mítica secuencia
de la lluvia de ranas.
Crash
es un término medio entre las otras
dos. Tiene la fuerza de
Magnolia y la contención de
Vidas contadas. Cae en
ocasiones en lo basto de
Magnolia cosa que
Vidas contadas narraba con
una sutileza admirable. Crash,
como Magnolia,
necesita el lenguaje fuerte y alguna
escena sexual para llegar al drama
(*).
Pero es capaz de expresar la misma
esperanza en el ser humano que
Vidas contadas.
Crash
merecería la pena sólo por dos de
sus secuencias: el coche en llamas y
la niña de la capa. Estos dos
momentos alcanzan una potencia
dramática magistral. Impactan
emocionalmente, sacuden la
sensibilidad sin sentimentalismos,
son un auténtico crash (colisión)
con los sentidos del espectador.
Demoledoras y sin concesiones, pero
a la vez abiertas a lo mejor del ser
humano: el heroísmo, la fragilidad,
la bondad, la fuerza de la
inocencia. Porque al margen de la
escena en sí (el coche en llamas, la
niña de la capa), la sensibilidad
moral de los personajes se impone
por encima de cualquier otra
consideración. Hacemos cosas que no
queremos hacer, hacemos cosas que no
pensamos, hemos tenido un mal día. Y
si podemos reparar o detenernos, ¿no
lo haríamos?
No es
lo único bueno de Crash
porque hasta las escenas menos
buenas son muy buenas. Mantener esa
intensidad dramática en la mayor
parte del metraje es toda una
demostración de cómo se hace un
guión. Haggis fue el
guionista de Million Dollar
Baby y exhibe en su paso a
la dirección una madurez notable.
Hay
muchas otras secuencias
interesantes. Casi todos los
personajes que deambulan por la
pantalla tienen un par de momentos
acertadísimos que entran de lleno en
problemas morales. El que los
resuelvan acertadamente o no, es
otra cuestión. Lo que importa es
que, al llegar al final, todos son
un poco más sabios. La experiencia,
el choque, les ha enseñado que los
otros no son el infierno. Pero
entrar a señalar cada uno de los
conflictos sería contar (y echar a
perder) la película.
Fíjense
en la historia de los polis. El que
parece aprovecharse de su estatus y
el que aparentemente carece de
prejuicios. Fíjense en el súbito
descubrimiento de la amistad que
hace Sandra Bullock. Fíjense
en la tan dura como acertada
acusación de la madre ante su hijo
muerto. Las verdades son puñetazos.
Son
igualmente interesantes sus rasgos
de humor. No muy abundantes pero sí
plenamente conseguidos. Me quedo con
el momento en que el negrata
libera a los inmigrantes chinos
al mismo tiempo que les insulta.
Porque ese pasaje, aparentemente
tonto, refleja algo esencial: por
encima de los condicionantes
culturales, por encima de los
prejuicios establecidos a lo largo
de la vida, por encima de nuestro
modo de hablar, por encima de
cualquier otro aspecto, actúa el
impulso de la caridad.
Después de ver
Crash el modo en que miramos
el mundo es distinto, porque es una
de esas películas que enseña a
ponerse en la piel de los demás, a
no fijarse en lo puramente externo
sino a adentrarse en las
circunstancias, en la situación
profesional, familiar, moral por la
que el otro está pasando. Esto es lo
que logra que el dramatismo se
multiplique.
Sin ir más lejos: yo he
perdonado incluso a Sandra
Bullock. No aparece mucho, pero
actúa mejor en esas pocas escenas
que en todo el resto de su
filmografía junta. Acertadísimo todo
el reparto. Quizá el papel más flojo
es el de Brendan Fraser.
______________________________
(*) Hay un minuto inconveniente
entre el minuto 19 y 20: cuando un
policía cachea a una señora; no era
necesario mostrar detalles. Y otro
momento de cama demasiado explícito,
por más que abunde en el cine de
hoy, aproximadamente en el minuto
39. (NdeE)
|