Por Sunsi Estil-les Farré
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Arvo Net, 29.09.2006
Desde 1992, el 10 de Octubre se
celebra el Día Mundial de la Salud
Mental. Esta fecha pasa siempre de
puntillas. Un día dedicado a decir
“algo” de los enfermos mentales. Qué
poco para reflexionar e intentar
paliar uno de los sufrimientos que
provocan más incomprensión. Qué poco
se acuerda de estos enfermos el
común de los mortales. Hace falta un
esfuerzo mucho mayor porque, de
momento, sólo una minoría consigue
hacerse un hueco en nuestra
sociedad que se atribuye los
calificativos de solidaria y
tolerante.
Juan Ramón Jiménez me disculpará el
atrevimiento por tomar prestado el
título de uno de sus poemas. Porque
el Otoño es un modo de existir para
los que padecen cierto tipo de
trastornos. Y hoy quisiera ser la
voz de los que pasarán un tiempo
callados .... sólo porque el Otoño
ha regresado. Ha vuelto con esa
forma melancólica de entender la
luz, con una intensidad rebajada de
los desperdicios del verano y como
un grito agonizante antes de que se
lo arrebate el invierno. Es la
resistencia del sol, que le echa un
pulso a la noche. El día va
perdiendo horas; la oscuridad le va
pellizcando minutos. El azul es
añil. El verde es ocre. Las ramas de
los árboles de hoja caduca enseñan
sus brazos y sus dedos largos. La
vegetación se va quedando desnuda y
desparrama su espesura por las
calles, los jardines.... La
naturaleza sufre una profunda
transformación. Es la antesala de
una muerte necesaria para volver a
dar vida en primavera.
Otoño es un germen con nombre de
estación que infecta de tristeza.
Ellos, los que enferman
irremediablemente en otoño, saben
que termina septiembre sin
necesidad de mirar el calendario. No
consiguen describir su estado de
ánimo. Lo que más se aproxima a
esta recurrente situación es la
metáfora del pozo que succiona todo
su ser. Desde allí no hay
posibilidad de ver la salida.
Quienes ya han caído más de una vez
reconocen de inmediato que se están
acercando al destino no deseado.
Cuesta dormir y el sueño se
interrumpe hasta el hastío. Cuesta
levantarse. El cerebro ha olvidado
dar órdenes coherentes porque deja
de segregar una preciosa sustancia:
la serotonina. La actividades más
sencillas se convierten en actos
heroicos. Si tienen fuerzas para
salir a la calle, caminan
arrastrando los pies. Les resulta
muy difícil mantener una
conversación; en cualquier momento
saltan las lágrimas sin permiso de
la víctima. La vida continúa, pero
para ellos el mundo ha dejado de
girar. Porque es Otoño. Su zarpazo
no es una moda, ni una novedad, ni
un invento de los que lo tienen todo
y buscan preocupaciones añadidas.
Con esta metáfora expresaba Lope de
Vega la depresión cíclica hace
cuatro siglos“...a mí viénenme
borrascas a tiempo que me desatinan,
mas sírvese el mismo luego de
abonanzarse y quedo en paz.” ¡Así de
antiguo y concurrido es el pozo!
Más de uno se pregunta: ¿por qué se
acercan?. ¿No será que van directos
al pozo y no ponen de su parte para
encontrar otro camino?. Cargados de
buenas intenciones e ignorancia,
osamos aconsejarles.“No tienes
motivos para estar así”; “Pon un
poco de tu parte” ;“Eso se arregla
cambiando de aires”; “Tienes que
distraerte”. Nuestro interlocutor,
otoñado hasta la última fibra, quizá
consiguió durante unos minutos
“aguantar el tipo”, pero en cuanto
nos fuimos se derrumbó. El doctor
Vallejo-Nájera solía emplear un
símil . Hablarle así a un enfermo
con depresión mayor o con un
trastorno bipolar o tantos otros que
se agudizan por estas fechas es lo
mismo que decirle a un sujeto que
ha digerido mal un alimento: “¿Y tú,
por qué vomitas?”. Absurdo,
¿verdad?.
Los que permanecen aletargados en
sus guaridas agradecen,
fundamentalmente, la comprensión
aunque no entendamos nada. El dolor
un día u otro disminuye. Y se
despide hasta la primavera. Mientras
...podemos hacerles saber que
estamos ahí y cosernos la boca antes
de verter opiniones que pisoteen aún
más su frágil autoestima.
Sunsi Estil-les Farré
Diari de Tarragona
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