Autor: Diego Maza
Profesor del departamento de Física y Matemática Aplicada
Universidad de Navarra
Fecha: 7 de octubre de 2009
Publicado en: Diario de Navarra
Normalmente resulta complicado explicar de forma sencilla asuntos relacionados con la Física y otras ciencias “duras”. Sin embargo, no ha sido así con el último Premio Nobel de Física, ya que hoy incluso el más profano habla con soltura sobre la “fibra óptica” que lleva Internet a su casa o la cantidad de “megapíxeles” que posee su cámara de fotos.
Ambos ejemplos tienen en común la luz. Es decir, el medio más habitual a través del cual recibimos información y que hasta hace pocos años era una “bestia” difícil de dominar a pesar lo mucho que se conocía sobre ella. Antes de los hallazgos del Dr. Kao -uno de los tres investigadores premiados-, era un hecho conocido que la información podía transportarse almacenada en un rayo de luz. No obstante, las grandes pérdidas que se producían en el trayecto hacían que su utilización fuera inviable desde el punto de vista tecnológico.
El problema fue superado cuando en 1966 Charles Kao de- mostró que era posible disminuir esas pérdidas hasta el punto de perder sólo una pequeña parte de la luz transportada, si las propiedades del material utilizado eran las adecuadas. Multitud de variantes de ese hipotético material -por entonces una quimera- inundan hoy el planeta, llevando noticias como ésta hasta el televisor de nuestro salón.
Casi de manera simultánea, y al otro lado del Atlántico, Boyle y Smith -los otros dos integrantes de este Nobel de Física- ponían en marcha la primera cámara CCD de la historia. El dispositivo en cuestión permitía transformar la luz que llegaba de un sistema de lentes como el de cualquier cámara de fotos, en señales eléctricas que podían ser procesadas y almacenadas digitalmente. El trabajo de estos investigadores constituye, por tanto, un tributo a la creatividad y al ingenio.
Pues si bien muchas de las propiedades que utilizaron en su invento eran conocidas de forma aislada, fue su integración en un espacio reducido -hoy es común llevar cámaras de 8 megapíxeles en nuestros móviles- el verdadero salto cualitativo que hace posible que la comunicación visual nos acompañe allá donde vayamos.
Este premio reconoce no sólo un gran hallazgo científico sino también el carácter aplicado de muchas ideas que al nacer en el laboratorio parecen alejadas de los intereses de la sociedad y que, a la postre, modifican radicalmente la “imagen” que tenemos de aquello que nos rodea.