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Reflexiones sobre el caos y la complejidad
Entrevista con Tito Arecchi
Realizada por Javier Fernández Aguado
Tito Arecchi, profesor ordinario de Física Superior en la
Universidad de Florencia, es un personaje conocido en el mundo
científico internacional. Entre sus numerosos encargos académicos
puede mencionarse el de haber sido profesor en el Massachusetts
Institute of Technology (MIT). Ha pronunciado conferencias
en todos los países de Europa –en Rusia ha sido invitado varias
veces por la Academia de las Ciencias– y en casi todos los
de América. Desde hace quince años es Presidente del Instituto
Nacional Italiano de Óptica.
Cuenta en su haber con más de doscientos trabajos científicos.
Es coautor del Laser Handbook, la obra fundamental
sobre el rayo láser.
El Prof. Arecchi comenzó a trabajar en el campo del láser
en 1960, durante su estancia en la Universidad de Stanford.
Dos años mas tarde constituyó el primer laboratorio de láser
italiano, en el C.I.S.E. Sus mayores contribuciones experimentales
y teóricas se refieren a la descripción estadística de los
fotones.
Sus más recientes trabajos consisten en poner de manifiesto
cómo de situaciones desordenadas nacen fenómenos ordenados
e irregularidades macroscópicas de tipo complejo (el llamado
caos determinista). El nacimiento del orden y del caos es
regulado por leyes universales; entre las evidencias experimentales
de la existencia de tales leyes –que han originado un nuevo
paradigma en la Física– destacan las halladas por el Prof.
Arecchi en los láseres y en varios modelos físicos. Estos
trabajos científicos atraen al Instituto Nacional Italiano
de Óptica, en Florencia, a numerosos investigadores de todo
el mundo.
Se ha podido comprobar, en efecto, que la Física de los sistemas
complejos no es construccionista: no puede explicar el comportamiento
global a partir de las meras propiedades de los componentes.
Por el contrario, describe y predice comportamientos globales,
que dependen del intercambio con el mundo exterior, mediante
unos pocos parámetros de control relativamente independientes
de la naturaleza especifica de los componentes elementales.
Tal descripción es también aplicable a sistemas biológicos,
económicos, sociológicos, etc.
Recientemente, el Prof. Arecchi ha reflexionado acerca de
las implicaciones filosóficas que estos descubrimientos aportan
a nuestro conocimiento del mundo. Las ciencias físicas plantean
un reto intelectual no resuelto aún en el ámbito de la cultura.
Desde el siglo XVIII al XX, una corriente ideológica –el «cientificismo»–
ha pretendido que la Física contaba con la respuesta a las
cuestiones fundamentales del hombre. Hoy en día –a través
de una crítica interna de los propios fundamentos de la física–
se ponen límites a los principios omniabarcantes de los «cientificistas».
Existen muchos campos en los cuales la Física no tiene ni
puede llegar a tener respuesta.
Lo más interesante es que estas afirmaciones no son realizadas
por los filósofos, sino por los físicos. Nos hemos dirigido
al profesor Arecchi en sus laboratorios de Florencia para
que él mismo nos explique el alcance de sus descubrimientos.
¿Podría explicar a los lectores el sentido de esta nueva
perspectiva de la Física que usted propone? ¿Qué influencia
puede tener su teoría en la Física y en la vida diaria?
-Desearía aclarar que, para hablar con exactitud, no propongo
una nueva perspectiva de la Física, sino que –partiendo del
estado actual de esta ciencia– hago ver cómo algunas presunciones
del «cientificismo» son criticables desde dentro de la comunidad
científica, sin necesidad de acudir a referencias extra-científicas
de carácter filosófico.
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El «cientificismo», entendido como una distorsión ideológica
crecida en el cuerpo de la ciencia activa, ha adoptado formas
diversas. Resumo en la Tabla 1 cuáles han sido estas pretensiones,
que han sido impuestas a la comunidad cultural no tanto con
una justificación racional apropiada, sino como una tendencia
de una línea de pensamiento dominante.
En la Tabla 1 indico también los límites de las pretensiones.
A lo largo de esta conversación, espero volver a hacer referencia
al significado y valor de estos límites. En la Tabla 2 he
indicado con una figura los diversos modos de leer la realidad.
La cuestión más importante parece ser ésta: donde la ciencia
no puede llegar, ¿existe algo de lo que pueda hablarse con
propiedad?
-La actitud de muchos científicos ha sido defender que el
único lenguaje relevante fuese el científico, y esto -en mi
opinión- es un reduccionismo metodológico. El «cientificismo»,
presumiendo que un hecho puede ser descrito de un solo modo
-el físico-, señala que los límites de la ciencia son sencillamente
los límites humanos de la capacidad de conocer el mundo. Existe,
por tanto, un modo diverso de indagar. El hecho de que un
modo de lectura del mundo, que ciertamente se ha demostrado
fecundo, sea asumido como la única forma -y que en consecuencia
se tienda a excluir maneras alternativas de conocimiento-
es lo que yo he denominado «maneras reduccionistas». Una posible
defensa contra éste es la «separación maniquea», que consiste
en considerar que existen ciertos hechos que deben ser descritos
sólo con el lenguaje de la ciencia, pero otros pueden ser
explicados con otros lenguajes autónomos y totalmente diferentes
de los científicos.
Tal actitud ha estado presente en la cultura cristiana del
siglo XVIII como defensa ante el «cientificismo» de la Ilustración.
Se afirmaba en efecto que la ciencia era el lenguaje apropiado
para la descripción del mundo mecánico, mientras que para
los fenómenos de la psique y de la vida en general era necesario
utilizar un lenguaje no científico, sino teológico. En el
siglo XIX y XX se descubrió -especialmente con Darwin, con
la genética de Mendel y con la biología molecular- que también
los fenómenos de la vida son susceptibles de descripción científica.
Se pensó inicialmente que los fenómenos psicológicos quedarían
excluidos del discurso científico. Sin embargo, también éstos
fueron objeto de indagación científica por parte de W. Wundt
y de otros. Poco a poco, por tanto, el ámbito de las «cosas
espirituales» ha ido reduciéndose. En la actualidad, las antropologías
científicas intentan explicaciones de los comportamientos
éticos, alejándolos de cualquier descripción teológica.
Analizando la capacidad y los limites del discurso científico,
vemos cómo el punto de vista más correcto es un «pluralismo
realista» que enseña que todos nuestros lenguajes son limitados.
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Cualquier hecho es tan rico que las palabras con las que lo
significamos son siempre incapaces de acoger todas sus dimensiones.
El espesor de la verdad de tal hecho es tal que no puede agotarse
con una sola descripción, es decir, con un solo punto de vista.
El suceso, por tanto, puede ser leído desde puntos de vista
diversos, y junto a la lectura física, puede darse una lectura
metafísica, o también espiritual, de carácter sapiencial.
Las posibles interpretaciones no se excluyen entre sí. Cualquier
hecho, por tanto, es siempre más rico que los símbolos conceptuales
dentro de los que se le intenta reducir: caben múltiples modos
de lectura porque cada tipo de interpretación emplea instrumentos
diversos.
¿Es el determinismo una teoría superada?
-El determinismo no es una teoría, sino un dogma, consecuencia
del triunfo de algunas teorías.
Precisamente la física matemática había demostrado cómo la
trayectoria sobre la cual se mueve un trozo del mundo es única,
una vez que ha sido calculada en base a las condiciones iniciales
de las partículas que componen ese trozo de mundo.
El final de esta fe determinista a nivel macroscópico ha sido
representada por el llamado «caos determinista». Esta expresión
parece la unión de dos términos contradictorios. En efecto,
con ella se quiere decir que el caos, o imposibilidad de predicciones
a largo término, no es una prerrogativa de los sistemas muy
complicados, sino que se presenta en la Física de pocos objetos.
En concreto, basta pasar de dos (el sistema Tierra-Sol de
Newton) a tres (Tierra-Sol y cualquier tercer cuerpo del sistema
solar). El primero que se dio cuenta de esto fue Poincaré
en 1890, pero este filón del caos determinista está produciendo
sus frutos experimentales sólo en los últimos años.
Pasando, en el problema celeste, de dos a tres cuerpos, se
tiene constancia de que, a pesar de ser única la trayectoria
a partir de una cierta condición inicial, basta por lo general
una indeterminación mínima para perder la predicibilidad sobre
el futuro de la trayectoria. Ahora bien, estas mínimas indeterminaciones
son intrínsecas al mismo método de medida. Al traducir los
objetos a números, podemos fijar con exactitud sólo los números
racionales (relaciones entre dos enteros), pero la gran mayoría
está constituida por números irracionales -como la raíz cuadrada
de dos- formados por un número infinito de cifras. Como el
infinito no es reducible a nuestros sistemas de medida, ni
se puede archivar en nuestras memorias, la versión incompleta
de un número con infinitas cifras introduce una pequeñísima
incertidumbre inicial cuyos efectos se hacen mucho más notables
cuando intentamos extender nuestra previsión más allá de un
cierto tiempo.
¿Su teoría es coherente con el resto de la Física actual
o puede significar un giro copernicano en la historia de la
Física?
-Insisto en que no se trata exactamente de una teoría, sino
de poner el acento en la función que tres sucesos cruciales
(los tres limites de la Tabla 1) han tenido a la hora de cambiar
nuestras expectativas sobre la función de la ciencia. Se trata
en efecto de un giro copernicano, que quita a la ciencia la
función de lenguaje privilegiado, central, como la Tierra
Tolemaica, para hacer de él uno de los posibles lenguajes
con los que puede hablarse del mundo.
Aprovecho su pregunta para tratar del primero de los limites
de la Tabla 1, el teorema de «indecibilidad» de Gödel.
La presunción de una «construcción lógica del mundo» (parafraseando
el titulo de una obra de R. Carnap) se basa en el hecho de
que, una vez extraídas de una observación del mundo una cantidad
suficiente de datos, el pleno conocimiento de las leyes que
los unen y de las relaciones matemáticas que permiten deducir
resultados, debería llevar a una previsión del futuro. Esto
equivale a decir que puede organizarse una «teoría>>
del mundo de modo deductivo, a partir de un grupo de proposiciones
primitivas que denominaremos «axiomas». En efecto, éste fue
el sueño de los matemáticos de los primeros decenios del siglo
a partir de D. Hilbert (1900). Pero Gödel (1931) hizo ver
que en cualquier teoría deductiva suficientemente amplia,
antes o después se llega a un teorema sobre el que no sabe
decidirse si es verdadero o falso. Este es el
fin del sueño de construir una teoría del mundo; es preciso
volver a observar la realidad para poder decidir.
¿Por qué los fenómenos que usted estudia no han sido señalados
hasta hace pocos años?
-Porque corresponden a una dinámica no lineal y no se presentan
como evidentes si uno se limita a aproximaciones lineales.
Hablar de dinámica lineal es tanto como decir una ley de proporcionalidad
entre causa y efecto: ut tensio, sic vis, como afirmaba
Hooke para los muelles elásticos. Quiere decir lo siguiente:
que existe un único estado de equilibrio; que la dinámica
de muchos objetos puede considerarse como la pura suma de
las dinámicas de los componentes, los cuales actúan como
si estuviesen aislados (y por tanto no puede haber caos, mientras
que Poincaré demostró que existe para problemas de al menos
tres cuerpos); que estadísticamente la suma lineal de más
causas lleva a un efecto que no admite una probabilidad de
Gauss (que es la más elemental, y corresponde a la ausencia
de correlaciones, es decir, a la ausencia de complejidad).
En conclusión; ni caos ni complejidad pueden surgir si primero
no hay una dinámica no lineal. Ahora bien, aunque sea ésta
la situación de hecho, hasta ahora se ha esquematizado el
mundo con modelos simplificados.
Hoy en día, el auxilio de instrumentos de observación sofisticados
y de potentes ordenadores nos permite afrontar la «no linealidad».
¿La incertidumbre en la previsión del futuro implicaría
también una incertidumbre en el estudio del pasado, de tal
modo que impediría, por ejemplo, estudiar el origen del universo?
-Sí, sin duda. Pero las reconstrucciones históricas (hacia
atrás) son doblemente peligrosas: 1) porque el caso puede
llevarnos a recorrer trayectorias falsas; 2) porque la complejidad
equivale a múltiples situaciones de equilibrio; esto quiere
decir que cada vez que nuestro modelo, en el movimiento regresivo,
debe seleccionar un punto hacia el que confluir (es decir,
una situación de la que ha surgido), existe el dilema de otros
puntos, equivalentes pero diversos, entre los cuales es difícil
elegir con los datos que tenemos.
¿Cuál seria el aspecto que falta para entender un objeto
complejo, cuando se conocen todos los elementos que lo componen?
-Recuerdo que un concepto fundamental para caracterizar un
hecho es la información a él asociada. Un suceso corresponde,
desde un punto de vista geométrico, a una trayectoria que
recorre los puntos de un espacio de muchas dimensiones, Los
puntos representan los posibles estados en que un sistema
puede hallarse en el curso del tiempo; la totalidad de los
estados diversos en tiempos diversos representa el hecho.
Asignamos una probabilidad a cada pequeño volumen de este
espacio; la probabilidad corresponde a cuántas veces se vuelve
a ese volumen en el curso de la trayectoria. Con esta probabilidad
podemos construir la información, según la fórmula de Shannon.
Ahora bien, si tenemos un objeto que es la suma banal de los
componentes (como un saco de patatas), la información global
es la suma de las informaciones de los componentes. Si tenemos
un objeto significativo, la información global es mayor, porque
hay también una información mutua que se cambia entre los
objetos componentes y que no existía cuando éstos eran libres,
lejanos el uno del otro. Tal es la situación de las células
en un órgano respecto a las células libres observadas al microscopio.
Por tanto, aquello que caracteriza el órgano, en relación
a la suma de las células de las que está compuesto, es la
información. Y ésta no puede deducirse de los componentes,
como una casa no está en los ladrillos, y un poema no está
en el diccionario, que contiene todas las palabras del idioma.
¿Podría explicarnos con algún ejemplo concreto las consecuencias
prácticas de su teoría sobre el caos y la complejidad?
-Me gustaría aclarar de nuevo que no se trata de una teoría
mía, sino que es todo un filón plenamente vivo de la
investigación científica de estos años.
Aclarado esto, puedo señalar que el estudio físico del caos
permite caracterizar situaciones antes consideradas como desordenadas
y donde, por el contrario, puede descubrirse una parcial regularidad.
Como falta de predicibilidad quiere decir pérdida de información,
cuando esta pérdida de información se produce a velocidad
infinita, entonces nos encontramos con situaciones tremendamente
desordenadas. Si sucede con velocidad limitada, entonces podemos
realizar previsiones, aunque limitadas en el tiempo, como
sucede, por ejemplo, en meteorología.
Acerca de las consecuencias prácticas de la complejidad, estamos
apenas comenzando a establecer las estrategias con que afrontarla
y esperamos poder adquirir conocimientos válidos sobre el
modo de operar de la vida y de nuestro propio cerebro.
¿Cuáles son los campos sobre los que se concentrará su
investigación en los próximos años?
-Al introducir la complejidad, es útil establecer un indicador:
es decir, el tiempo de cálculo necesario para simular el comportamiento
del objeto complejo. Análogamente, para el caos hemos introducido
como indicador la velocidad de pérdida de la información.
Al introducir dos indicadores cuantitativos, podemos clasificar
los objetos en un diagrama caoscomplejidad.
Tendremos objetos a bajo caos y a baja complejidad (por ejemplo:
el sistema Tierra-Sol de Newton); objetos caóticos pero a
baja complejidad (los tipos de caos que producimos en el laboratorio
sobre objetos relativamente simples como los láser); objetos
con altísimo desorden y baja complejidad (por ejemplo: un
gas de moléculas iguales que se comportan estadísticamente
todas del mismo modo), objetos a bajo caos (es decir, ordenados)
pero con alta complejidad (por ejemplo: cristales con desórdenes
estructurales).
Sobre todo esto podemos prever objetos que tienen un alto
grado de caos y alta complejidad, pero que son mucho más interesantes:
la vida, los sistemas cognoscitivos. Esta es la frontera de
la investigación de los próximos años.
Además, el estudio de la complejidad hace ver que existen
niveles de descripción distintos; hay que explorar las conexiones
interdisciplinares entre estos niveles.
Una última pregunta. Todo objeto de investigación no sólo
es el soporte de una dinámica, sino también el centro de un
flujo entre diversos niveles de comprensión de la realidad;
puede preguntarse: ¿cómo se descompone en unidades interiores,
o cómo se introduce en una unidad superior?
-La primera pregunta (análisis) explica los constitutivos,
la segunda (síntesis) da un objetivo en un organismo superior.
El hecho de que el mismo objeto no pierda su identidad, a
pesar de ser parte de líneas lógicas diferentes, le da una
consistencia ontológica; puede decirse que la metafísica está
fundada sobre la física (como decían Aristóteles y Santo Tomás)
y no completamente separada, como parecía a quienes -como
Kant- limitaban la idea de Física a la Física de Newton. Aquí
entramos en un campo fascinante que hay que afrontar y que
nos conduce al cauce de la philosophia perennis.
Publicado en el nº 3 de la Revista Atlántida
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