"CÉLULAS
MADRE
ADULTAS"

UNA REALIDAD
TERAPÉUTICA
Lluís Orozco
Delclòs
http://www.itrt.es/
Parece que el término
“Ingeniería Tisular” o “Ingeniería de
Tejidos” – que nada tiene que ver con lo
textil - empezó a utilizarse en 1987 en el
marco de una Reunión de la americana
National Sciencie Foundation. El
objetivo que se planteaba en aquella reunión
era el desarrollo de compuestos biológicos y
biomateriales implantables en el cuerpo
humano con intención de reparar, mantener o
mejorar la función de órganos o tejidos. La
idea, muy lógica, era que el progreso pasaba
por aunar ciencias diferentes pero tan
afines como son la bioquímica, la biología
celular o la biología molecular y la
necesidad de inmersión de las
ingenierías en las ciencias de la salud.
Veinte años después la
Ingeniería Tisular puede considerarse una
macro ciencia multidisciplinaria sin
límites, multidisciplinaria como pueda ser
la investigación espacial en la que tan
trascendental es la participación del
astrónomo como del informático, del médico
como del astronauta. Hoy los profesionales
implicados en este campo científico se
reúnen en sociedades propias, celebran
congresos periódicos y comunican sus
experiencias en múltiples revistas dedicadas
que es el clásico y necesario “modus
operandi” de la ciencia. Pero ahora, a
diferencia de épocas anteriores, gracias a
tecnologías como Internet, los
investigadores de todo el mundo pueden
mantener un contacto permanente, fluido y
sin límites impuestos por la distancia o las
fronteras. Las publicaciones científicas en
soporte papel siguen teniendo un valor
documental histórico y son indicadoras de la
dirección en la que se mueven los
acontecimientos pero no reflejan en absoluto
el punto exacto hasta donde realmente se ha
llegado en el dia de hoy. Por esto se
entiende el interés que suscitan los
auditorios en que los investigadores y
representantes de instituciones implicadas
se encuentran, comparten y debaten “en vivo”
sus experiencias. Un ejemplo de ello son las
Jornadas sobre Ingeniería Tisular
auspiciadas por Fundación Universal que se
celebrarán a finales de mayo en Barcelona y
cuyo centro de atención serán las “células
madre adultas” como realidad terapéutica,
temática esta de previsible repercusión en
los medios de comunicación aunque el foro
sea dirigido a profesionales.
Existe un acertado debate
sobre la bondad de la divulgación pública de
los avances científicos hasta que estos se
consoliden porqué se considera, con razón,
que pueden promover falsas esperanzas en el
entorno de pacientes que quizás sean
incurables o que no sean realmente
beneficiarios del progreso anunciado. La
posibilidad de generar excesivas
expectativas es un aspecto sobre el que se
llama la atención de forma insistente al
tratar sobre las llamadas “células madre”
precisamente por esta repercusión mediática
que las acompaña, pero parece inevitable
generar expectativas cuando por ejemplo se
anuncian multimillonarias inversiones
públicas en I+D+I o en construcciones
realizadas aquí y allá destinadas a albergar
la investigación en este campo. La enorme
inversión se justifica precisamente porqué
se dice que las células propiciarán el
remedio de paradigmáticas enfermedades
incurables en un tiempo no muy lejano y
lógicamente se genera una esperanza
proporcional a la inversión en los afectados
por estas enfermedades y su entorno, cosa
que tampoco parece tan negativa el suscitar
esperanzas, sobre todo si son fundadas como
parece que es el caso.
Consideramos que no es
improcedente y que muy al contrario es muy
necesaria la explicación ponderada y con
lenguaje inteligible de la situación de las
investigaciones en curso, de la situación
actual, de los logros que se van
consiguiendo y también los fracasos si los
hay. Primero porqué la actual tecnología de
las comunicaciones y la globalización
imposibilita el secretismo -nos referimos al
secretismo ligado a la discreción y sin
conotación peyorativa- además siempre es
mejor que las noticias se transmitan sin
distorsiones y desde fuentes solventes.
Segundo, la sociedad llamada “civil” que
debe soportar, literalmente cada dia, las
recomendaciones médicas de los “echadores de
cartas” o similares desde las televisiones
incluso públicas, agradece y además tiene
derecho a que de vez en cuando se le informe
de la actividad científica médica. Esta
información es necesaria para que la
población en general, sana o enferma,
comprenda a que se destinan los recursos
dedicados a la investigación, dilucide si
estos recursos son suficientes, debieran
aumentarse, restringirse o reconducirse
hacia otras líneas. Al fin y al cabo la
población a quien se dirige esta información
es la misma que afirmamos que es tan madura
a la hora de emitir el voto y de la que
emanan los políticos que deben tomar estas
decisiones.
Las “células madre” son las
capaces de multiplicarse y diferenciarse
formando uno u otro tejido del organismo con
dependencia de las señales biológicas que
reciban. En la última década se ha definido
que células con estas características
embrionarias también se encuentran en el
cuerpo humano adulto y que permanecen en él
durante toda la vida, por esto suelen
llamarse “células madre adultas”.
La población de estas células
va disminuyendo con la edad pero
teóricamente no se agota nunca ya que cuando
inician el proceso de división celular que
llevará a la generación de células
especializadas, por ejemplo hacia células
formadoras de hueso, siempre se autogenera
una nueva célula que conserva la
característica primitiva de “madre” y que
queda “aletargada” en su lugar hasta recibir
un nuevo y adecuado estímulo que la induzca
a multiplicarse.
Es muy atractivo para los
científicos considerar la posibilidad de
“recolectar” estas células del paciente
enfermo con lesiones irresolubles o de muy
difícil solución, manejarlas a conveniencia
en el laboratorio especializado en terapia
celular y posteriormente aplicarlas con
intención curativa mediante la adecuada
combinación con biomateriales o sustancias
biológicas que faciliten su transporte e
implantación (por esto se llama ingeniería
tisular).
Todo parte de la
investigación básica que digamos, para
entendernos, es la que llevan a cabo con
proverbial discreción los “científicos de
laboratorio”. Esta es la que determina la
mejor manera de procesar las “células” y
combinarlas con “biomateriales”, evalúa su
potencial regenerativo y la seguridad del
proceso de forma exhaustiva. Lo hace
mediante experimentos “In Vitro”, en
animales o incluso con cálculos matemáticos.
Mediante los datos proporcionados por esta
investigación “básica” también se crea la
compleja tecnología punta necesaria procesar
células humanas, tecnología a la que se
exige requisitos de fabricación muy
estrictos.
Finalmente viene el
complicado salto de la experimentación a las
primeras aplicaciones de un producto celular
a pacientes humanos. Este es un paso tanto o
más complejo que la investigación con un
nuevo medicamento. Debe entrar en juego todo
el arsenal que supone la aplicación de la
Ingeniería Tisular, médicos en el quirófano,
biólogos en el laboratorio, los comités de
ética que determinan la corrección de la
investigación planteada, las autoridades
sanitarias que garantizan la legalidad y
rigor de los procedimientos… Todos ellos
sitúando la seguridad del paciente como
prioridad absoluta. Paciente que por cierto
participa de manera activa en el estudio ya
que además de prestarse a ser incluido en el
mismo debe someterse a controles
exahaustivos y cumplimentar múltiples
cuestionarios que reflejan su estado físico
y de ánimo.
Nuestro grupo de trabajo
reúne profesionales de distintas
especialidades de cuatro hospitales
barceloneses, la Unidad de Terapia Celular
del “Banc de Sang i Teixits” (SCS) y
colabora estrechamente con equipos
científicos de Michigan y de la universidad
de Würzburg. Operamos bajo el control de la
Organización Catalana de Transplantes
(OCATT) y de la Agencia Española de
Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).
A principios del año 2004
iniciamos los primeros ensayos clínicos
siguiendo el procedimiento de “recolectar”
“células madre adultas” a partir del
aspirado de un volumen reducido de sangre
del hueso de la pelvis que se realiza
mediante una intervención inocua –el mismo
que se realiza para una biopsia de la
sangre-. El producto obtenido se transporta
al laboratorio de terapia celular, donde las
células son seleccionadas, y cultivadas
durante dos semanas en el interior de una
biocámara que emula el cuerpo humano. Tras
diferentes procesos seguros y precisos
gobernados informáticamente, se consigue un
producto muy rico en “células madre adultas”
con propiedades terapéuticas. Las células se
presentan en suspensión en un líquido
apropiado para su supervivencia contenido en
una bolsa de material adecuado. En esta
forma se transporta al quirófano donde la
“sopa de células madre” se mezcla con un
biomaterial que da consistencia al conjunto
y ayuda a su aplicación con intención
curativa al mismo paciente que donó la
médula ósea de su pelvis dos semanas atrás.
Por el momento los procesos
realizados se han orientado a la resolución
de determinados problemas óseos como
defectos de consolidación y atrofias del
maxilar y está prevista la ampliación
inmediata del estudio a otro tipo de
patologías óseas. Aunque hasta el momento se
ha tratado un número muy reducido de
pacientes, los resultados obtenidos son
totalmente satisfactorios. Iguales
resultados se han obtenidos en EUA y esto
alienta a los investigadores a proseguir con
los estudios actuales y abrir nuevas vías de
investigación ya que la reconocida seguridad
y versatilidad de las “células madre
adultas” permite plantear su aplicación con
intención
regenerativa de tejidos como
el músculo, el tendón, el cartílago o vasos
sanguíneos, estudios al respecto ya están o
se pondrán pronto en marcha.
Conviene señalar que los
términos empleados “ensayo” o “estudio”
definen que los procesos a que se refieren
están en vias de demostrar su beneficio y
este beneficio no puede asegurarse hasta que
se han completado las sucesivas fases que
impone el método científico.
* Lluís Orozco Delclòs
Institut de Terapia
Regenerativa Tissular (ITRT)
Centro Médico Teknon.
Barcelona
Coordinador: Antonio Orozco Delclós
Edita: Asociación Arvo®,
Salamanca