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LO DADO Y LO ADQUIRIDO EN LA VIDA HUMANA (II) (Natalia López Moratalla)

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Por NATALIA LÓPEZ MORATALLA
 
Las redes de neuronas corticales se superponen y se interconectan, lo que implica que potencialmente se puede dar un número casi infinito de asociaciones; a su vez estas redes de memoria permanecen abiertas durante toda la vida sujetas a expansión y recombinación ante las nuevas experiencias y obviamente sujetas también al envejecimiento. Los diferentes tipos de memoria (episódica, semántica, procedimental y conceptual) se vinculan entre sí en redes mixtas; y las mismas redes sirven para almacenar la memoria a corto y a largo plazo; puesto que están conectadas existen muchas líneas de acceso por asociación. Y puesto que están localizadas en diferentes regiones puede perderse un tipo de memoria por lesiones cerebrales al tiempo que permanecen otras. Es más, como refiere Fuster(13), "la memoria episódica o semántica que está anclada en asociaciones extensivas es robusta y resistente a las lesiones corticales circunscritas. Sin embargo, algunas de sus asociaciones específicas -al lugar, tiempo, nombre o cara- son muy susceptibles de perderse por debilitamiento de la corteza incluso en el envejecimiento normal. La repetición y el ejercicio mental probablemente contrarrestan este desgaste reforzando antiguas asociaciones y creando otras nuevas".
 
Actualmente empezamos a saber cuáles son los genes concretos relacionados con la conformación de componentes del intelecto y la memoria. Hay muchos genes implicados en la síntesis de las proteínas que modifican las propiedades de las redes neuronales. En septiembre de 1999 se describió un gen "que hace inteligentes a los ratones"(cfr.n. 2); efectivamente ratones transgénicos, esto es, ratones que se habían manipulado para que expresaran más cantidad del receptor de NMDA (N-metil-D-aspartico), aprenden más rápidamente que los ratones normales a reconocer nuevos objetos. Este receptor NMDA, normalmente sensible a cambios del voltaje, es una especie de puerta que regula la actividad de un canal a través del cual entra el calcio en la neurona y dirige la fabricación de proteínas; de esta forma la neurona postsináptica va aumentando su eficacia de respuesta a patrones específicos de estimulación. El trafico dirigido de moléculas mensajeras permite la síntesis de otras que se instalan en la neurona y guardan memoria de lo aprendido. Y esto ocurre incluso con moléculas tan sencillas como el óxido nítrico, el NO, que difunde hacia otras neuronas potenciando o deprimiendo a largo plazo los circuitos neuronales(14).
 
Por último, el mundo mas propio de cada uno, el mundo de los sentimientos y las emociones, también se aprende. El proceso mediante el cual el cerebro configura nuestro modo de crear recuerdos de esta índole se conoce como memoria emocional. Los sentimientos (miedo, furia, alegría, tristeza, amistad, asco, curiosidad, sorpresa, etc.) y las emociones básicas sonuniversales -porque son universales las situaciones y problemas de los hombres-, y soníntimos a cada uno, en el sentido de que se elaboran en función de decisiones personales, internas y muy alejadas normalmente de estímulos inmediatos. Muchas motivaciones se aprenden como se aprenden conductas tan simples como andar, o dibujar o correr. Sin embargo, las conductas complejas que no se desencadenan normalmente por estímulos inmediatos, son el resultado de un elaborado proceso de selección interior. Este proceso individual viene a su vez modulado por la cultura lo que muestra que los sentimientos tienen que poder transmitirse mediante aprendizaje. Las emociones se aprenden; es decir, son educables.
 
Conocemos cuales son las vías nerviosas que subyacen a la formación de recuerdos relacionados con el miedo asociado, por ejemplo, a un sonido: el miedo se aprende y después se "recuerda" en ciertas partes del tálamo que establecen comunicación con las áreas de la amígdala que procesan los estímulos sonoros causantes del miedo. El almacenamiento molecular de los recuerdos vinculados a emociones tiene los mismos componentes que toda memoria: receptores de NMDA y el glutamato. El condicionamiento del miedo -como el producido en la rata mediante asociación de un sonido con una ligera descarga eléctrica en una pata- no depende de la conciencia; no es más que un estado subjetivo de alerta a consecuencia de la reacción del cerebro a un peligro. Sólo si el cerebro posee los mecanismos neuronales adecuados el miedo consciente acompaña a la respuesta corporal. Por eso los humanos somos incapaces de recordar sucesos traumáticos que acontecieron en los primeros momentos de la vida cuando el hipocampo aún no había madurado y carecía de una memoria consciente disponible. Ahora bien, la memoria emocional, que se desarrolla posteriormente, forma y almacena los recuerdos inconscientes de esos sucesos; y así el trauma puede afectar las funciones mentales y de comportamiento aunque estos procesos permanecen inaccesibles a la conciencia(15). Algo hay, pues, de cierto cuando se dice que las emociones son irracionales, al menos en lo que al miedo desmesurado se refiere.
 
El estudio del tipo y funcionamiento de los circuitos neuronales que modulan el miedo en los monos(16) ha servido para conocer algunos aspectos de las alteraciones de procesos cerebrales que originan alteraciones emocionales en los hombres. Los monos de corta edad reaccionan si se les separa de la madre con un susurro; es un comportamiento asociativo, con el que intentan que esta se les acerque. La vía del cerebro que controla este comportamiento es sensible al opiáceo morfina. Meses más tarde cuando han desarrollado otras vías diferentes, en estos casos sensibles a las benzodiazepinas, son capaces de reaccionar de formas también diferentes ante amenazas inmediatas, con inmovilidad absoluta o gruñidos. Muy resumidamente podemos decir que hay tres regiones cerebrales conectadas entre sí por neuronas que regulan el comportamiento ante el miedo: la corteza prefrontal donde se valora el peligro, la amígdala e hipocampo, que inducen al hipotálamo a dirigir la liberación de hormonas que ponen en marcha la síntesis de cortisol. El cortisol sintetizado por las glándula suprarrenal tiene un papel fundamental en situaciones de amenaza -como se comentó antes al tratar el estrés- ya que asegura que los músculos tengan la energía necesaria para la lucha, la huida y a su vez modula las funciones neuronales en el hipotálamo. Pues bien, se ha descrito que en los niños los niveles basales altos de cortisol se asocia con la inhibición ante una situación nueva para ellos; es más los niños superinhibidos tienen a menudo padres que padecen ansiedad, lo que ha llevado a pensar que la herencia genética podría suponer predisposición a reacciones exageradas de miedo. Una predisposición, como todas ellas, corregible por la experiencia personal con un buen entrenamiento en fortaleza y valentía y que a su vez puede ser atemperada con fármacos que regulan los sistemas neuroquímicos moduladores del miedo.
 
Naturaleza y crianza se imbrican en el desarrollo cognitivo. Los estudios con gemelos y con niños adoptados han mostrado que la herencia influye en las capacidades cognitivas; se sugiere que las diferencias génicas entre individuos condicionan la facilidad del aprendizaje; por el contrario, un ambiente familiar común no fuerza la igualación sino que los factores ambientales contribuyen, a menudo, a hacer diferentes los miembros de la familia. De nuevo, a la naturaleza y a la crianza se suma el yo personal con su mentalidad, sus motivaciones y hasta su estado emocional. Podemos decir, resumiendo que todo aprendizaje se apoya en lo dado que lógicamente es diferente para cada uno. De hecho, el resultado del patrimonio natural es un cuerpo con unas potencialidades o capacidades que hasta en lo motor es personal e intransferible, esto es, inimitable. Cada individuo posee una interpretación distinta del mundo que le rodea y conforma diferencias cerebrales. Y puesto que la configuración del cerebro es individual, y con ello la percepción misma del mundo exterior es diferente, resulta que no hay dos letras iguales aun habiendo aprendido la misma caligrafía. Y resulta que un copista jamás puede imitar la perfección del Moisés que Miguel Angel "extrajo de su interior" y que es, por ello, el fruto conjunto de lo innato y lo adquirido de un genio. También es cierto, que al heredar unas formas de estructura corporal, cerebral, etc., habilidades, como por ejemplo las necesarias para la música, pueden sernos dadas por herencia o pueden sernos negadas.
 
Determinación sexual: sexo biológico y sexo cerebral
 
Una de las cuestiones más debatidas es la pregunta acerca de sí el dimorfismo sexual hombre-mujer alcanza a las estructuras neuronales. Si existe o no un cerebro de varón y un cerebro de mujer, dos modos de pensar. Evidentemente hay problemas que resuelven mejor las mujeres y otros los hombres; de igual forma nadie parece poner en duda que hay trabajos que los hombres realizan con más facilidad que las mujeres(17). En este mismo sentido puede afirmarse que difieren en sus preferencias y en la manera de conducirse a edades en las que los estereotipos o factores educativos tienen aún escasa relevancia. La experimentación animal realizada desde finales de los años sesenta ha ido mostrando que existen diferencias cuantificables entre los sexos en la estructura del sistema nervioso. Y, de hecho existen diferencias físicas y funcionales entre el cerebro del varón y el de la mujer. Así, el peso cerebral es un 15% mayor en los varones con respecto a la masa corporal. La simetría es mayor en el cerebro femenino que en el masculino. El área del lenguaje está lateralizada al hemisferio izquierdo en los hombres y, en cambio, representada en ambos hemisferios en las mujeres. Se dan diferencias en la activación cerebral durante ejercicios de reconocimiento de letras, rima o significados: está lateralizada a las regiones del giro frontal inferior izquierdo en los varones, mientras que las de ambos lados, izquierdo y derecho, se activan en las mujeres. Y finalmente el consumo de glucosa durante el reposo es en los varones relativamente más alto en las regiones temporal-límbica y cerebelo y relativamente menor en las regiones cinguladas que en las mujeres. ¿Existe una base biológica que subyace a la existencia de dos tipos de cerebros humanos de forma parecida a como se dan los caracteres secundarios masculinos o femeninos?
 
El sexo genético de cada individuo se determina en la fecundación, cuando es engendrado por sus progenitores; ser varón o mujer viene dado, en primer lugar a nivel cromosómico, se es XY o se es XX. De forma similar a la trisomía del cromosoma 21 que constituye el síndrome de Down, existen alteraciones del sexo cromosómico, por alteración del número de los cromosomas X o Y, como en el síndrome de Klinefelter (XXY) o en el síndrome de Turner (X0). Existen además genes determinantes del sexo masculino situados en el cromosoma Y, y genes determinantes de la feminidad, que dirigen durante el desarrollo embrionario la formación de las gónadas y con ello la fabricación de las hormonas sexuales masculinas o femeninas. Alteraciones en el número de los cromosomas sexuales, en los genes determinantes del sexo, o en la expresión cuantitativa de aquellos genes que codifican las enzimas para la síntesis de las hormonas sexuales, dan lugar a malformaciones a nivel de las gónadas y de los caracteres sexuales secundarios, o a alteraciones fisiológicas.
 
Se ha propuesto que las hormonas sexuales, diferentes cualitativa y cuantitativamente en hombres y mujeres, realizan una impregnación sexual del cerebro (18). Pueden modificar la anatomía cerebral promoviendo la supervivencia de las neuronas en unas áreas del cerebro y facilitando la desaparición en otras; esta es la base molecular de las pequeñas, pero significativas, diferencias anatómicas del cerebro de los hombres respecto del de las mujeres. Se sabe que existen diferencias según el sexo en un abanico amplio de estructuras cerebrales y se ha visto que en algunas regiones es el sexo masculino el que tiene más neuronas, mientras que en otras es el sexo femenino el que las tiene. Esta diferencia regional refleja una especialización distinta en ambos sexos, aunque se desconocen aún las consecuencias reales. Los niveles de hormonas sexuales en sangre y con ello sus efectos sobre el cerebro varían a lo largo de la vida; son muy marcadas en el periodo fetal interviniendo en la construcción del cerebro. Evidentemente el cerebro es de suyo un órgano maleable e indeterminado, a diferencia de los demás órganos o tejidos que integran el organismo y durante el desarrollo fetal se establece un esbozo inmaduro en el que sólo está insinuado el diseño del adulto. En esas primeras etapas de la vida las hormonas sexuales, propias y específicas de cada sexo, al enviar señales pueden dejar en el cerebro del embrión impronta de varón o de mujer. Para que llegue a alcanzarse la madurez cerebral, tanto si se trata del cerebro de un hombre como el de una mujer, han de establecerse entre las neuronas miles de millones de conexiones. Y para llevar a término este proceso la actividad neuronal es decisiva e imprescindible. Pues bien, las hormonas sexuales parecen también dirigir de forma específica y diferencial lo que podríamos llamar el "cableado" del cerebro, las conexiones entre las neuronas. Estas hormonas tienen un efecto estimulador de los circuitos neuronales ya existentes en el momento del nacimiento manteniéndolos operativos. Es así como las hormonas modulan, de acuerdo con el sexo, estructuras cerebrales idénticas.
 
Las diferencias en las reacciones emocionales entre ambos sexos tienen también una base biológica y dependen de cambios en los neurotransmisores inducidos por estas hormonas. La acción de las hormonas sobre el cerebro se produce de una forma totalmente inconsciente, pero afecta nuestro modo de actuar, nuestra actividad intelectual y nuestro estado de animo. A la vez, cada tipo de cerebro segrega, con un patrón diferente, otras hormonas que dirigen algunos aspectos de la fisiología masculina y femenina. Pero, en todo caso, las influencias hormonales sobre el cerebro no llegan a ser tan radicales como las que se dan, por ejemplo, en el control de la aparición de las gónadas o de los caracteres sexuales secundarios. La plasticidad del cerebro permite, precisamente, la adquisición de los diferentes tipos de habilidades por parte de mujeres y por parte de varones y aunque las diferencias entre varones y mujeres en lo referente a procesos cognoscitivos y emocionales tengan un sustrato biológico, las semejanzas son mucho mayores que las diferencias. 
 
Cuando lo natural y lo cultural se ha desarrollado en equilibrio se da una correspondencia entre el sexo cromosómico, el genital y gonadal, con la identidad y la orientación de la conducta sexual. Sin embargo en algunas personas existen discrepancias de la orientación -es el caso de la homosexualidad-, o de la identidad sexual en el caso del transexualismo. No existen pruebas sólidas que correlacionen de forma inequívoca cambios psicológicos de la identidad y orientación sexuales con los cambios hallados en el tamaño de las estructuras cerebrales, las alteraciones en la secreción o de la captación de hormonas o la herencia genética. Por tanto, si bien puede afirmarse que hay un sustrato biológico en la organización del sexo, la orientación y la identidad tienen aprendizaje. El sustrato biológico predispone en una dirección pero no determina la biografía; las discrepancias requieren una explicación desde el ámbito del desarrollo psicológico de la personalidad que está más allá de la biología. Y obviamente en un plano aún más allá, el moral, se sitúa la práctica homosexual, conducta voluntariamente vivida, tanto en algunas personas que sufren estas discrepancias como por otras que no las tienen y eligen, como una opción esas formas de ejercicio de la sexualidad. El desarrollo de las neurociencias no cambia aquella vieja y cálida sabiduría, que no confunde la tendencia con el vicio y puede por ello ayudar, apoyar y acompañar esa vida que se hace difícil y no pocas veces frustrante. 
 
Drogadicción y alcoholismo
 
La dotación natural incluye junto a ciertaspredisposiciones para desarrollar un tipo de carácter, para algunas pautas de conducta, tendencias y actitudes especiales, unas predisposición hereditaria para sufrir algún tipo de enfermedad física o mental. Diversos estudios clínicos realizados en hermanos gemelos monocigóticos, y por tanto con idéntica dotación genética, sugieren la existencia de factores genéticos que son importantes en la iniciación del consumo de tabaco o de alcohol. Es bien conocida la influencia esencial del ambiente en el inicio de estas dependencias, pero por alguna causa unas personas son más "influenciables" que otras ante unos estímulos aparentemente idénticos. Hasta un 50% de heredabilidad se supone que existe en el caso del alcoholismo; esa predisposición parece ligada al tipo de la enzima alcohol deshidrogenasa (que metaboliza el etanol) que se recibe por herencia genética. La variante conocida como ALDH2 es muy abundante en las poblaciones del Este de Asia, Japón, Corea y Taiwan, y les confiere una predisposición de 4 a 10 veces mayor que los que portan otra de las formas de la enzima. Similarmente, se ha descrito que ratones que portan determinadas variantes de genes tienen preferencia por las drogas que producen euforia, como el alcohol y la morfina(19).
 
De forma semejante existe una extensa evidencia que apoya la importancia de los factores genéticos en el desarrollo del alcoholismo a través de las interacciones con acontecimientos ambientales(20). Se han identificado diversos marcadores biológicos de riesgo que permiten identificar las personas con más probabilidad de desarrollar alcoholismo. Los parámetros de predisposición son de una parte biológicos. Concretamente, una mayor sensibilidad al efecto de alivio del estrés que produce la intoxicación de alcohol puede dar un mayor efecto reforzador de la conducta de beber; y factores bioquímicos, como la actividad de la enzima mono-amino oxidasa que lleva a una menor percepción de los efectos del etanol a dosis en las que la mayoría de las personas toman conciencia de que se están intoxicando y toman la decisión de no seguir bebiendo. Junto a estos factores biológicos destaca la elevada incidencia de un trastorno de la conducta con hiperactividad y déficit de atención en la infancia que desemboca en conducta antisocial impulsiva en el adulto. Algunos déficits en las capacidades cognitivas, como memoria, atención, pensamiento abstracto, etc. que, conllevan fracasos escolares o laborales, predisponen a desarrollar conductas más impulsivas; y por último se ha señalado también que algunas características psicofisiológicas inducen una reacción aumentada ante estímulos y una reacción disminuida ante situaciones que requieren el mantenimiento voluntario de la atención.
 
En esencia todas las drogas adictivas estimulan una vía de recompensa neuronal; una vía que activa la región limbocortical del cerebro que controla las emociones y las conductas fundamentales; son la base fisiológica de la percepción del placer. Cuando los neurotrnasmisores estimulan estos circuitos la persona se siente bien. El consumo excesivo de sustancias hunde sus raíces en la neurobiologia normal del refuerzo y enseña así al consumidor a tomarla de nuevo. Estas drogas alteran la producción normal de nuerotransmisores; y la mayoría de ellas se oponen a la transmisión sináptica normal. 
 
En un estudio, ya clásico, realizado en personas no adictas a las drogas se pudo comprobar que de hecho unas percibían la inyección de heroína como algo agradable mientras que otras lo hacían como algo adverso. En la base de esta percepción se encontrarían diferencias cualitativas o cuantitativas de la expresión de genes que codifican productos críticos para la comunicación entre neuronas. Existe actualmente una considerable unanimidad para considerar la drogadicción como una enfermedad; es bien cierto que de cara a la recuperación de las personas en esa situación es mas positivo verlo como enfermedad que como vicio; es más fácil ayudarles si no se sienten humilladas. No obstante, la disyuntiva herencia-ambiente no es simple; sin negar la predisposición hereditaria, pesan mucho el ambiente y la educación y en definitiva la libertad. No sería razonable justificar el mal comportamiento moral, apelando a los rasgos hereditarios, puesto que el hombre no está irremediablemente forzado ni condicionado. 
 
Es interesante, al respecto, la denominación que da Julián Marías a estas conductas: habla deenfermedades biográficas. Efectivamente en la biografía influyen muchos elementos, algunos de los cuales son dados y los demás aprendidos, inducidos por una situación concreta muchas veces fruto de la casualidad. "Una persona que contrae una enfermedad cardiaca porque ha comido mucho, a lo que estaba inducido por la angustia, ha hecho poco ejercicio, porque tenía una relación poco confortable con su cuerpo, y ha estado sometido a gran estrés, impulsado por un poderoso afán de poder, se ha ido haciendo enfermo. A esta intrincada mezcla de elementos fisiológicos, psíquicos y conductuales podemos llamarla con buen sentido "enfermedad biográfica". Éste es el caso del drogadicto, que es un ser que ha estropeado su biografía" (cfr. n. 9). 
 
Efectivamente, por su naturaleza bioquímica y la naturaleza de nuestra fisiología cerebral las drogas provocan en el adicto una esclavitud absoluta y fóbicamente defensiva (21). La drogadicción usurpa los mecanismos de memorización y aprendizaje que permiten su adaptación al entorno abocándole a nuevas memorizaciones y recuerdos y entregándole a la obsesión de volver a drogarse. Advierte Enebral (cfr. N. 22) "que la droga parece atrapar... provocaría una insalvable equivocación en sus procesos de memorización de las experiencias que el individuo va recaudando a lo largo de su caminar por diversos entornos. Tales procesos tienen el obvio propósito de ir logrando una mejor - mayor y más eficaz- adaptación del sujeto a las condiciones ambientales en que se desenvuelve. La droga podría... venir a desviar la orientación de tales mecanismos sustituyendo todos y cualesquiera intentos de adaptación a diferentes ambientes por el único de plegarse a su consumo como único ambiente al que el individuo debería acomodarse. Por eso dejar libre el comercio de las drogas es un disparate biológico que sólo podrán defender de buena fe los absolutamente ignorantes en estas materias". Con una extrema delicadeza el Papa Juan Pablo II, con ocasión del Congreso de Toxicología en 1991 en Roma, caracterizó el mal propio de la drogadicción como "quebranto de las razones de esperanza que se albergan en todo individuo".
 
***
 
Finalmente, y resumiendo lo tratado bajo el título "Lo dado y lo adquirido en la vida humana", cabe decir que en cada ser humano sobrepuesto a la herencia recibida de sus progenitores, y escrita en sus genes, y sobrepuesto también al ambiente en que se ha ido desarrollando ese cuerpo, está viviendo la propia vida, está siendo artífice de sentimientos y emociones, de relaciones personales, de proyectos, de tareas y compromisos asumidos. Y todo el rico conjunto de vivencias y de interacciones hace posible que ciertos rasgos del cuerpo humano, los gestos propios, las arrugas del rostro y hasta el mismo modo de andar, reír, o de mover las manos, reflejen una biografía, la historia personal, no escrita en los genes. El evangelio de San Juan dice que el Verbo, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, "se hizo carne y habitó entre nosotros". Tomó cuerpo humano y así Jesús, Perfecto Dios y Perfecto Hombre, vivió en un momento histórico concreto una vida humana, como la nuestra, con limitaciones de frío y sed y cansancio, con sentimientos humanos, con familia y con amigos, una vida en que creció en edad, sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres.
 
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Notas:
 
14. Kadel, E.R. y Hawkins, R.D: "Bases biológicas del aprendizaje y de la individualidad", Investigación y ciencia, noviembre de 1992, pág. 49.
 
15 LeDoux, J.E. "Emoción, memoria y cerebro". Investigación y ciencia, agosto de 1994, pág. 38.
 
16. Kalin, N.H. "Neurobiología del miedo" " Investigación y ciencia, abril de 1992, pág. 100.
 
17. Kimura D. "Cerebro de varón y cerebro de mujer", Investigación y ciencia, nov. de 1992, pág. 77.
 
18. García Segura, L.M. "La impregnación sexual del cerebro" En: "El cerebro íntimo. Ensayos sobre neurocienca". Ed. Francisco Mora. Ariel. Barcelona 1996, pág. 120.
 
19. cfr. el comentario de Goldman D. "Why mice drink?. Nature genetics 13, 1996, pág. 137.
 
20. M. Casas, M. Gutierrez y L. San Molina "Psicopatología y Alcoholismo". DECEUVE,S.L., 1994.
 
21. Enebral, F. "Memoria y drogadicción". Mundo Científico nº 150, vol 14, 1999, pág. 818.
En La familia y la integración del minusválido en la infancia y en la adoslescencia. 
Consejo Pontificio para la familia. Palabra. Madrid, 2000, pag. 243-238.
 
Enviado por Arvo.net - 18/05/2009 ir arriba
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