¿Qué
hay de nuevo sobre las células troncales? La
utopía de la “clonación terapéutica”.
What is new on stem cells? The utopia of
therapeutic cloning
Natalia López Moratalla
Departamento de Bioquímica. Universidad de
Navarra
Edificio de Investigación. c/Irunlarrea,
s/n. 31008 Pamplona.
Teléfono: 948 425600 ext. 6318
Fax: 948 425649 E-mail:
natalialm@unav.es
Resumen.
La Ley de Investigación Biomédica, aprobada
en España el pasado 28 de marzo de 2007,
permite la donación de óvulos humanos,
embriones y fetos para investigación.
Promueve la transferencia nuclear a oocitos
humanos y su activación (tecnología que se
conoce como “clonación terapéutica”) a fin
de que prosiga la investigación con
embriones y sus células, lo que la ley
considera imprescindible para el desarrollo
de la Medicina regenerativa. Se analizan los
resultados científicos de los dos últimos
años en este campo:
A) No se ha desarrollado ningún tipo de
terapia basada en las células troncales
embrionarias (ES); maduran y se estabilizan
algo más cuando el desarrollo avanza y se
hacen troncales fetales. B) Las células
procedentes del cultivo de ovocitos, con
transferencia nuclear (NT-ES), han podido
obtenerse en algunas especies. La eficiencia
de la transferencia de un núcleo de célula
somática a un ovocito desnucleado en
primates (no humanos y humanos) y la
posterior reprogramación del material
genético ha sido nula hasta el momento. La
“clonación terapéutica” es una utopía
científica; no es posible pensar en un
tratamiento que requiriera generar un clon a
la carta de cada paciente y la comprobación
de que las células obtenidas no se han
alterado o transformado en el proceso de su
diferenciación y maduración. Por otra parte
no se ha solucionado la obtención de óvulos
humanos. C) Para uso terapéutico se cuenta
con las células troncales de adulto del
propio paciente, con sus células
“rejuvenecidas” a fin de conseguirlas en
mayor cantidad, o de células ajenas
tolerantes como las de la sangre del cordón
umbilical de neonatos, etc. Por ello deja de
ser un “dilema ético” usar o no embriones
humanos para causar un bien: no está
justificada desde ningún punto de vista. Por
otra parte, las curiosas células obtenidas
por transferencia nuclear, si se resolviese
el grave problema de los riesgos de las
mujeres donantes de óvulos, puede que fueran
de interés en alguna investigación, no
biomédica, sino dirigida a “aprender más”
acerca de los mecanismos biológicos que
permiten el desarrollo temprano del embrión
en el útero materno. Una investigación que
no puede estar justificada: causar un mal
para un ambiguo posible bien, y existiendo
otras alternativas.
Palabras clave:
investigación biomédica, embriones humanos,
fetos, óvulos, transferencia nuclear.
Summary. The Law of Biomedical Research,
approved in Spain on March 28, 2007, allows
donation of human ovules, embryos and
fetuses for research purposes. Nuclear
transference to human oocytes is promoted as
well as its activation (known as
“therapeutic cloning”) thus clearing the way
for research with embryos and cells derived
from them. This research is considered
essential by this law for the development of
regenerative medicine. Scientific results
related to this field are discussed in this
article.
A) No therapy based on embryonic stem cells
(ES) has been achieved to this moment; these
stem cells become more mature and reach
further stability, if obtained from later
embryo stages or from a fetus. B) Cells from
oocytes subjected to nuclear transference
(NT-ES) have been obtained in some animal
species. Transference of a nucleus from a
somatic cell to an egg cell with its nucleus
removed has not yet been achieved in (human
or not human) primates and
reprogramming has so far failed. Therapeutic
cloning is a scientific utopia; it is
impossible to think of a treatment requiring
a specific clone of cells for each
individual patient being absolutely certain
that cells are not altered or undesirably
transformed when differentiating or maturing
them. And problems related to safe egg
donation have not yet been solved. C) Stem
cells from the patient or from other adults
are being used with therapeutic purposes.
They can be obtained in high quantity. And
cells from the umbilical cord are also being
used. The ethical dilemma introduced by the
idea of using embryo cells (after destroying
the embryo) is not justified. On the other
hand, the odd cells obtained by nuclear
transference, if risks of egg donation were
eliminated, could possibly be of interest in
some types of research to know details of
early development of the embryo in the human
uterus. However, these cells would be of no
interest in biomedical research. No research
would be justified if an evil is caused to
reach something good. Fortunately reasonable
alternatives exist.
Key Words:
Biomedical Research, human ovules, embryos
and fetuses, nuclear transfer.
1. La cuestión
de la “clonación terapéutica”: de embriones
a fetos.
A comienzos del año 2002, reinaba un gran
optimismo en torno a las células troncales
embrionarias. Eran muchos, en verdad, los
que pensaban que ayudarían a curar o aliviar
a millones de enfermos. A pesar de los
profundos problemas éticos por el uso de
embriones humanos muchos acogieron las
promesas y soñaron con el milagro que se
ofrecía. El
problema planteado desde el inicio acerca
del previsible rechazo, si se llegasen a
usar células troncales embrionarias en
terapias regenerativas, hizo que en los 5
últimos años el trabajo se centrara
especialmente en la transferencia nuclear
(conocida como “clonación terapéutica”), a
fin de conseguir células embrionarias de un
embrión clónico del paciente. Se propuso
además que el desarrollo in vivo, o
in vitro, del clon sería un sistema
de conseguir órganos y tejidos capaces de
ser transplantados al paciente[1].
Se dispondría así de células embrionarias y
fetales o de órganos fetales “a la carta”
para potenciales terapias y además de un
material humano comercializable para
investigación biomédica.
Sin embargo, la
clonación de mamíferos no ha logrado aún un
animal sano y la transferencia nuclear ha
resultado ser más difícil en primates
(humanos y no humanos) que en otros
mamíferos. Comienza entonces la historia de
la defensa de que una cosa es lograr el
individuo vivo y otra clonar tejidos
derivados del embrión clónico: “clonación
terapéutica”. Se ha supuesto, gratuitamente,
que las dificultades se resuelven con
tiempo, dinero e investigación; se trata de
mantener las promesas sobre el potencial
terapéutico y de investigación biomédica de
las células derivadas de embriones humanos.
A finales del año 2005 se habían hecho
enormes promesas acerca de la constitución
de bancos de líneas de células troncales
maduras “a la carta”, obtenidas por la
tecnología de transferencia nuclear, o
“clonación terapéutica”, que estarían
disponibles a lo largo del año 2006.
Promesas basadas en el articulo publicado en
mayo del año anterior en Science por
Woo Suk
Hwang, y que resultó
ser un fraude[2].
No sólo no se habían conseguido líneas
celulares de los clones, sino que había
usado unos
2.200 óvulos
humanos sin resultado.
En marzo de
2007 se ha aprobado en España la ley de
Investigación Biomédica, que abre de par en
par las puertas a la llamada “clonación
terapéutica”, legaliza la donación de óvulos
para investigación, y permite el uso de
embriones y fetos humanos para investigación[3].
El planteamiento de la ley parte del error
de que “la investigación con gametos,
embriones o células embrionarias se ha hecho
imprescindible
en el ámbito de
la terapia celular y la medicina
regenerativa”[4].
Esto,
junto al hecho de la reciente incorporación
de los científicos Miodrag Stojkovic a
Valencia y de Jose Cibelli, de la empresa
norteamericana de Worcester, Massachusetts,
Advanced Cell Technology (ACT), al Banco de
Líneas Celulares de Granada, a la espera de
que entre en vigor la ley, hace necesario
analizar con rigor la situación actual de la
tecnología de transferencia nuclear, en
relación con la obtención de células
troncales para la Medicina regenerativa.
Miodrag Stojkovic, en
el laboratorio de Alison Murdoch en la
Universidad de Newcastle, publicó
“online” en el 2005, la generación de un
blastocisto (embrión de cinco días) humano
clónico pero no fue capaz
de conseguir a
partir de él ninguna línea de células
troncales embrionarias[5].
La causa del fracaso inicial, según afirma,
es que los oocitos no fueron suficientes en
calidad y en cantidad para que la técnica
resultase eficiente.
Las condiciones de la mujer donante de
óvulos son dos: juventud y tener al menos un
hijo biológico a fin de asegurar la calidad
de sus células.
Ahora, según
sus propias declaraciones, usará óvulos de
los producidos en los aproximadamente 3.000
ciclos de tratamientos de infertilidad que
atiende el Instituto Valenciano de
Infertilidad que donen las mujeres a cambio
de un descuento en el tratamiento[6].
Realmente ¿servirán esos óvulos? Mientras
tanto, en Serbia, con un año sabático,
Miodrag
Stojkovic, utiliza embriones humanos muertos
para derivar de ellos células embrionarias y
publica sus resultados online[7],
con dirección en su antiguo centro de
investigación en Newcastle, y además en el
Centro de Investigación Príncipe Felipe de
Valencia.
Un poco
antes, en el año 2004, había publicado que
los embriones deberían ser de mejor calidad
que los sobrantes de la FIV y que había que
conseguir su desarrollo en el laboratorio
más tiempo a fin de que las células que les
constituyen, estuvieran más maduras y
suficientemente “domesticadas”[8].
Esto es importante: la atención se les ha
desplazado de
embriones vivos, incluso “sobrantes” de la
FIV, que han demostrado no ser válidos para
obtener células estables hacia fetos humanos
de varias semanas, o meses.
Por su parte, los investigadores de la ACT
decidieron que la transferencia nuclear es
una técnica con futuro, ya que sólo las
células embrionarias derivadas de un clon
del paciente serían adecuadas para la
terapia regenerativa.
El problema técnico de la ACT para
desarrollar líneas celulares con dotación
genética elegida es también conseguir óvulos
de calidad y en cantidad[9].
De forma similar a lo comentado del
científico de
Newcastle,
también Robert Lanza, director de la ACT,
propone curiosas alternativas a la
destrucción de embriones para obtener las
células embrionarias: derivarlas de una
biopsia de embriones generados
in vitro
y que hayan alcanzado el estado de 8 células[10].
Un planteamiento utópico, no sólo,
como era de
esperar, a ninguno de los embriones humanos
usados en sus experimentos se les dio la
oportunidad de sobrevivir, sino que además
en virtud de qué los progenitores van a
consentir que se practique una intervención
que puede producirle lesiones sin que la
retirada de esas células
supongan ningún
tipo de beneficio al hijo.
Por otra parte,
Lanza[11]
había publicado
que en el ratón es posible regenerar tejido
cardiaco con células procedentes de una
transferencia nuclear, como una aproximación
a la terapia humana. Los clones deberán
desarrollarse hasta alcanzar la ventana de
tiempo en que se empiezan a organizar los
órganos y tejidos, como se había mostrado
que ocurre en el desarrollo fetal del cerdo[12].
En efecto, la estrategia que ACT propone en
el 2004 para generar un suministro ilimitado
de células histocompatibles para el
tratamiento de la enfermedad cardiaca, es el
uso de células fetales. Obtuvieron células
fetales de hígado de un embrión clónico de
ratón y las inyectaron en el corazón
previamente infartado para inducir la
reconstrucción del tejido. Los miocitos
generados por transdiferenciación
reemplazaron en un 38% a los destruidos. La
reprogramación de las células para dar el
ratón clónico no es trasladable a humanos.
Esto hace que el feto humano se sitúe en el
punto de mira de la investigación
embrionaria, como material biológico de
partida.
Es obvio que
una investigación que requiere usar como
material de partida óvulos humanos,
embriones o fetos, tiene necesariamente que
demostrar que está justificada. Debe haber
datos en modelos animales convincentes
acerca de un potencial biomédico y
demostrarse previamente que carece de
alternativas que no requieran un material de
partida que suponga, como es el caso, riesgo
y molestias para las mujeres donantes y
embriones y fetos, incluso en el caso de que
estuvieran muertos.
Es preciso
además revisar qué conocimientos ha aportado
la investigación con embriones y con células
embrionarias y de tipo embrionario y qué
conocimientos valiosos, como todo
conocimiento verdadero, pueden conseguirse
con material biológico que no conlleve ni
destrucción de embriones humanos, ni mujeres
donantes de óvulos. El debate debe abrirse
con rigor. Para ello, es esencial hoy
conseguir liberar la ciencia biomédica de
los poderes políticos, legislativos y
económicos en la búsqueda de autenticas
alternativas a que el material de partida de
una investigación, que es de sumo interés,
sean embriones, fetos y óvulos humanos.
2. La ciencia
no sabe aún generar tejidos de adulto desde
células embrionarias.
Las
dificultades técnicas con las células
embrionarias han sido enormes[13].
Los tres problemas planteados desde el
inicio están aún por resolver. En primer
lugar no ha sido posible controlar el
potencial tumorigénico. Las predicciones
optimistas de que los teratocarcinomas sólo
los dan las células embrionarias
indiferenciadas, es sólo una predicción
ambigua y temeraria. Diversos artículos han
puesto de manifiesto la formación de tumores
en animales tratados con células ya
diferenciadas derivadas de las embrionarias;
y el 70% de los animales han muerto por
tumores que no son metastásicos. Las células
maduras derivadas de las embrionarias los
producen e incluso se des-diferencian de
forma descontrolada al ser transplantadas a
un nicho de adulto. Más alarmante aún es que
las células embrionarias tanto mantenidas en
el laboratorio como incorporadas al paciente
pueden convertirse en malignas, ya que de
forma espontánea acumulan anormalidades
genéticas asociadas al carcinoma
embrionario, altamente metastásico.
En segundo
lugar, no hay datos convincentes de que
estas células se diferencien a los tipos
adultos normales y estables. No hay datos
suficientes de que sean totalmente
pluripotentes. Son capaces de participar en
el desarrollo normal y en todos los tejidos
del cuerpo cuando se introducen en un
embrión, lo cual también lo hace la célula
cancerosa del carcinoma embrionario. Es
decir, ambos tipos celulares son capaces de
contribuir al desarrollo de los diferentes
tejidos por responder adecuadamente a
señales que regulan el desarrollo
embrionario, in vivo. Lo cual es muy
diferente de que puedan suplir a las células
dañadas de un no-embrión como es el adulto o
el recién nacido.
Hace 5 años
algunos científicos creían que averiguarían
el tipo de factores moleculares requeridos
para replicar en el laboratorio el misterio
de la vida íntima del embrión y de esta
forma se produciría in vitro
cualquier tejido. Cientos de artículos
decían haber conseguido una línea celular
desde células embrionarias. Sin embargo, una
cosa es una línea celular con algunas de las
propiedades de un célula madura y otra una
célula normal de adulto que pueda ser
colocada en el organismo de un individuo y
contribuya al normal funcionamiento del
órgano. Si ya es problemático que sobreviva
(las células derivadas de las embrionarias
mueren al poco tiempo de transferirlas al
órgano de adulto) mucho más lo es que
reemplace la función. No hay datos de
beneficio terapéutico ya que en los modelos
animales sólo se logra beneficio por un
tiempo modesto y las investigaciones
muestran que no son las células embrionarias
las que producen el beneficio, sino los
factores que segrega el organismo con su
llegada.
En tercer
lugar, se requiere asegurar una supresión
inmunológica que evite el rechazo. Se
plantearon varias soluciones al problema de
incompatibilidad y todas ellas han sido
problemáticas: a) generar grandes bancos de
líneas celulares de donde elegir las más
compatibles, pero las líneas celulares se
transforman con el tiempo. b) la ingeniería
genética, que no ha dado resultados y, c)
como la mejor solución al problema, clonar
embriones humanos con material genético del
paciente para que tuvieran su propio perfil.
La
investigación sobre la inducción de
tolerancia inmunológica (esto es, que el
organismo pueda reconocer algo como extraño,
pero sin señal de peligro) se ha
desarrollado en los mismos años. Denise
Faustman[14]
inició este estudio como medio potente para
las enfermedades autoinmunes; persigue,
justamente, que los pacientes de diabetes
del tipo 1 no destruyan su páncreas, ni los
islotes pancreáticos ajenos o las células
productoras de insulina propias o ajenas sin
lo que no hay terapia regenerativa posible
frente a enfermedades en que el organismo
reconoce lo propio como peligroso, pierde la
tolerancia y su sistema inmunológico se
vuelve contra un órgano o sistema propio.
Recientemente[15]
se ha dado un gran paso para lograr inducir
tolerancia ante un transplante renal,
eliminando linfocitos T con memoria y
transfiriendo al mismo tiempo que el órgano
células de la médula ósea.
Es decir, en las enfermedades autoinmunes
antes de reemplazar las células destruidas
por otras autólogas o heterólogas, es
preciso tratar la causa de la destrucción
(inducir la tolerancia) y además conservar
las células troncales del tejido. En este
sentido, está en marcha un estudio
encaminado a conservar las células
beta-pancreáticas de pacientes de diabetes
mellitus tipo 1 mediante un transplante
antólogo, no mioloablativo, de células madre
hematopoyéticas (Voltairelli, J.C. JAMA
2007; 297, 1568-1576); los enfermos
diabéticos han estado hasta 36 meses sin
necesidad de insulina, aunque es
insuficiente esta terapia para una eficacia
a largo plazo.
El rechazo
inmunológico, la formación de tumores y los
mecanismos íntimos del desarrollo
embrionario son un reto para los próximos
años.
3. La ciencia no sabe aún con precisión cómo
cumplen las células troncales de adulto su
función regenerativa propia.
En los mismos años las células troncales de
adulto daban sus primeros pasos en la
Medicina regenerativa. A lo largo del año
2006 se han dado importantes avances en el
conocimiento de los mecanismos íntimos que
regulan el funcionamiento de los diferentes
tipos de células troncales y de las células
madre de diversos tumores. Se va
conociendo qué tipo de nicho necesitan para
cumplir su función, qué genes se expresan y
cómo se regulan y, por tanto, qué les
permite por una parte regenerar el tejido y
por otra qué alteración las transforma en
inicio de un cáncer. Conocimientos claves,
aunque aún incipientes, para el avance de
las terapias regenerativas.
La terapia
regenerativa se basa en este potencial
natural de las diferentes células troncales
para sustituir a las células maduras
destruidas por enfermedades degenerativas,
cáncer o eliminación accidental. La mayoría
de los tejidos del organismo contienen
poblaciones heterogéneas de células con una
gama de diferenciación, o maduración, que
abarca desde células madre multipotentes
capaces de diferenciarse a una variedad de
tipos, células progenitoras y células
diferenciadas a término. Las células madre
de los tejidos son reservas de células
mantenidas jóvenes, o inmaduras, en su nicho
específico, y capaces de madurar en
condiciones apropiadas al recibir señales
específicas.
Se ha afirmado,
con frecuencia, que existen muchas
diferencias entre las células madre adultas
y las embrionarias,
para su manejo en la regeneración de
tejidos. A favor de las embrionarias se
repite,
de una parte su gran tendencia a
multiplicarse, lo que las hace formadoras de
tumores. Esto les da incapacidad para uso en
terapias pero las hace de interés para
algunos estudios del proceso de oncogénesis.
Por otra, se les adjudica un carácter
totipotencial; esto es, capacidad de
diferenciarse en cualquier tipo celular y
teóricamente capaces de madurar y
convertirse en células de cualquier tipo.
Por el contrario, las adultas son
pluripotenciales, es decir, se diferencian a
células de diversos tejidos pero no en
todos; lo cual es positivo en terapias ya
que existen diversas fuentes que ofrecen así
la posibilidad de usar la más adecuada en
cada caso; por otra parte, la cantidad de
células que se obtiene a partir de las
células troncales adultas es mucho menor, ya
que tienen un cierto número definido de
divisiones, en comparación con las que
ofrecen las embrionarias. Ahora bien, se ha
comprobado que puede aumentarse su carácter
proliferativo, rejuvenecerlas, de forma
controlada.
Conocer a fondo
la programación y desprogramación celular es
el punto de confluencia de los trabajos con
unos y otros tipos de células troncales.
Es muy
abundante, pero aún muy incompleto, el
conocimiento de los delicados, y
perfectamente regulados, procesos por los
que se construyen los tejidos, órganos y
sistemas en el desarrollo, así como los
procesos por los que las células inmaduras
en reserva maduran en la vida postnatal y
adulta. Se conoce que cada tipo celular
requiere un nicho específico que guía su
maduración y le aporta las señales
necesarias para ello[16].
Un nicho es una localización anatómica que
regula cómo la célula troncal participa en
la generación del tejido, el mantenimiento
del mismo y su reparación. El nicho protege
a la célula tanto de su destrucción, como
de una
proliferación descontrolada por
transformación que la convertiría en célula
madre de un proceso tumoral. Es
así, una unidad básica de la fisiología del
tejido que integra las señales y equilibra
la respuesta de las células troncales a las
necesidades del organismo. Sólo conociendo
el funcionamiento y las patologías del nicho
podrá alcanzar la medicina regenerativa la
madurez necesaria para los diseños
terapéuticos oportunos para cada una de las
lesiones degenerativas o alteraciones
tumorales.
Esto no significa que
toda la clínica actual con células troncales
de adulto tenga que esperar para ir
avanzando a que se haya entendido todo lo
que ocurre in vivo. Significa que no
se puede dejar atrás la investigación
básica. Hace falta mucha investigación
básica sobre el desarrollo y la construcción
de los órganos, tejidos y sistemas. El
avance es necesariamente lento ya que
requerirá conocer el proceso de maduración
celular con la suficiente precisión para
llegar a saber
qué célula, en
qué grado de maduración y qué entorno, es el
adecuado para la medicina
regenerativa que aporte soluciones a cada
enfermedad o situación de destrucción
celular. Los ensayos clínicos tienen que
cumplir los requisitos de rigor en un campo
nuevo.
1) El organismo
contiene diversos tipos de células troncales.
Existen reservas, como la médula ósea que
contiene progenitoras, multipotentes y un
tipo de célula madre pluripotente, la MACP,
capaz de madurar a los diversos tipos
celulares del organismo[17].
En proporciones mínimas estas células están
presentes en el torrente circulatorio, y,
obviamente, la sangre del recién nacido que
puede recogerse del cordón umbilical
contiene estas células en mayor proporción
que en la sangre del adulto[18].
Dos conocimientos acerca de ellas son clave
en la terapia regenerativa. Uno de ellos,
que circulan y se quedan en órganos y
tejidos, como cerebro y corazón,
contribuyendo a su regeneración[19]
y otro, que pueden ser movilizadas desde la
médula ósea a fin de aumentar el número de
las que circulan.
Además, se han encontrado células
pluripotenciales en los testículos del
recién nacido[21]
y adulto.[22]
Las leyes
españolas de Reproducción Humana Asistida y
de Investigación Biomédica (aprobada el 28
marzo de 2007) despenalizan el uso de fetos
procedentes de abortos y del aborto
selectivo (conocido como reducción
embrionaria) asociado a la práctica de las
técnicas de reproducción asistida; y se
permite la producción de fetos clónicos. Una
vez más hay alternativas a las necesidades
de material biológico humano para
investigación que no supongan producción y
destrucción de embriones: se han aislado
células madre fetales desde las muestras
sobrantes del líquido amniótico obtenidas
para realizar el diagnostico prenatal.
En efecto, se han
aislado[23]
células madre multipotentes capaces de
diferenciarse en múltiples linajes de las
tres capas germinales (células adipogénicas,
osteogénicas, miogénicas, endoteliales,
neuronales y hepáticas), del líquido
amniótico (AFS) de ratones y humanos.
Expresan los marcadores de la
pluripotencialidad de células embrionarias
(Oct4 y SSEA4), y expresan marcadores de
células mesenquimales y neurales; se
expanden sin necesidad de lecho al doble de
la cantidad inicial en 36 horas y no son
tumorígenas. Son “intermedias en madurez y
juventud” entre las embrionarias y las de
adulto.
Potencialmente, células AFS con una amplia
representación de los tipos de
histocompatibidad podrían conservarse en
bancos y ser útiles para transplantes
alogénicos en medicina regenerativa; al ser
indiferenciadas y estar asociadas a
los tejidos maternos, es posible incluso que
induzcan tolerancia y no sean rechazadas.
2) Las lesiones
celulares son muy diversas. Hay lesiones que
se remedian transfiriendo al lugar afectado
un tipo celular que aporta los materiales
necesarios, en el sitio adecuado. Es el
caso, por ejemplo, del uso de las células
troncales autólogas de la médula ósea,
multiplicadas en un Biorreactor e
incorporadas en soportes adecuados, para
tratar fracturas no consolidadas, o
pseudoartrosis hipotrófica[24].
Y hay procesos de diferenciación celular
bien conocidos, como el de hematopoyesis,
que permite autotransplantes de células en
enfermedades de la sangre[25],
como las leucemias[26].
Se conoce, además, que es una célula troncal
capaz de regenerar la sangre, y qué es una
célula madre tumoral de la leucemia[27].
3) Es obvio que según
sea el tejido a reparar y el tipo de lesión,
el proceso regenerativo será más o menos
complejo. Hay tejidos, como por ejemplo el
de la glándula mamaria, que se regeneran a
partir de un solo tipo celular[28].
Otros, como el del cerebro, tienen múltiples
sistemas de diferenciación específica y
diversificada[29],
lo que hace difícil cualquier tipo de
reemplazamiento de neuronas. Las células del
cerebro han de migrar al sitio que les
corresponde; en abril de 2007 Harald Neumann
de la Universidad de Bonn manipuló células
precursoras de la médula ósea para que
expresen una proteína (TREM2) que les
permite migrar. Estas células han corregido
la lesión en ratones de un modelo animal de
la esclerosis múltiple (PlobS Med 2007, 4:
e124).
En general los
tejidos requieren sus propias células
precursoras para regenerar lesiones. Así,
para regenerar la lesión producida en el
corazón por el infarto de miocardio se han
empleado precursores del propio enfermo como
los mioblastos, células de la médula ósea
que aportan factores esenciales para el
desarrollo de cardiomiocitos y se plantea
también el uso de células troncales de la
grasa. Ahora bien, resolver la lesión es una
cuestión y otra la completa restauración de
la función del órgano.
El funcionamiento del
corazón es mucho más delicado que el de
otros músculos. Por ello parece más
asequible corregir la distrofia muscular a
pesar de tener un origen genético que
asegurar la regeneración cardiaca tras un
infarto. El equipo de Giulio Cossu[30]
ha descrito un modelo en perro de
tratamiento de la distrofia muscular de
Duchenne; en esta enfermedad está afectado
el gen que codifica la proteína muscular
distrofina. Corrigieron las células de
la médula ósea autólogas almacenadas en
pequeños vasos, los mesoangioblastos,
insertándoles el gen y después las
infundieron en las arterias. Los
mesoangioblastos corregidos pasaron a través
de los vasos
a los diversos
músculos y los regeneraron con sorprendente
eficacia.
4. Las células troncales de adulto pueden
ser rejuvenecidas a células pluripotenciales.
Las células troncales de adulto pueden ser
inducidas a proliferar para, en definitiva,
aumentar la cantidad de la reserva
regeneradora. Y pueden ser situadas en el
equivalente a las células presentes en la
constitución del órgano fetal, para
investigación.
Existen alternativas para rejuvenecer la
célula de adulto; se trabaja en dos
estrategias en este sentido: la fusión
celular y la reprogramación inducida por
extractos celulares. La primera no ha dado
resultados por ahora. Por el contrario, la
exposición a combinaciones específicas de
factores de crecimiento ha
permitido que células de adulto den lugar a
células troncales de tipo embrionario[31];
Shinya Yamanaka y Kazutoshi
Takahashi han conseguido la reprogramación
de fibroblastos de la piel de ratón a
células pluripotentes semejantes a las
embrionarias, mediante la adición de unos
pocos factores definidos; en este caso los
productos de los genes
Oct4, Sox2,
c-Myc,
y Klf4. Estas células expresan todos
los marcadores de células pluripotenciales,
forman teratomas después de su implantación
y dan animales quimeras