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Natalia López Moratalla
Catedrática de Bioquímica
Universidad de Navarra
20 de
diciembre de 2005
La
obsesión por conseguir células madre
embrionarias daña a la ciencia, a la
reputación de Corea, y hunde al
investigador que queda como único
culpable del escándalo. El trabajo
que ponen en berlina tiene una larga
historia. Quizá sea el momento de
revisarla. La controversia ha
conmocionado a quienes mantenían
confianza en la investigación con
embriones, especialmente enfermos
incurables y sus familiares. Las
células embrionarias no on aptas
para curar y tampoco para
investigar. Sin embargo, algunos
vieron en las de Hwang la ocasión
para dilatar las promesas de
curaciones y promocionar la
clonación.
No hace
falta obtener un clon en estado
embrionario para llegar a tener
células madre a la carta, por este
procedimiento, pero sí muchos óvulos
de mujer. Hwang, sus 23 colegas
coreanos y el científico Schatten de
la Universidad de Pittsburgh,
publicaba en mayo la obtención de 11
líneas de células embrionarias que
portaban material genético incluso
de varones enfermos de diabetes,
daño en la médula y trastornos
genéticos de la sangre. La eficacia
técnica era sorprendente. Con la
misma técnica utilizada meses antes
y sin más cambio que la menor edad
de las donantes de óvulos, el éxito
se multiplicó por diez. Tanta
eficacia que, aunque el trabajo no
afirmaba haber clonado pacientes
hasta el estado de embrión, muchos
pensaron que se estaba a punto de
llegar a generar un verdadero
embrión humano clónico.
En
octubre Seúl se convertía en la
“capital mundial de la clonación
terapeútica”. Los investigadores de
occidente podríamos mandar células
al Banco Mundial y ellos
transferirían esos núcleos a los
óvulos donados por las chicas
coreanas; conseguirían células en
cantidad para vendérnoslas; nosotros
investigaríamos con ellas y tal vez
alguno llegara a encontrarles
aplicaciones terapéuticas. Los
problemas comenzaron a cercar a
Hwang tras admitir éste que los
óvulos los habían donado dos
miembros de su laboratorio y que
habían pagado al resto de las
donantes y aunque muchos en Corea
piensan que esto no es grave, tuvo
que dimitir como director del Centro
recién creado.
Algo no
cuadra. Es raro escandalizarse así
por el hecho de haber pagado;
ciertamente no está nada bien y
tampoco es justo inventar las firmas
de la donación gratuita. Pero
¿alguien puede creer en una donación
totalmente gratuita cuando la
donante pasa por un tratamiento
hormonal con consecuencias y una
mini-intervención para extraer los
óvulos? Es curioso, que las mismas
molestias infringidas con la
multiovulación, a la mujer que
quiere ser madre, se consideren lo
suficientemente fuertes para que las
clínicas de FIV congelen los
embriones en vez de repetir el
tratamiento y la punción. Criticando
en su día el trabajo de Hwang,
Magnus y Cho de la Universidad de
Stanford señalaban: “Entre un 0.3 y
un 5-10% de las mujeres a las que se
le induce la hiperovulación
experimentan un grave síndrome de
hiperestimulación que produce dolor,
a veces exige hospitalización, fallo
renal, posible futura infertilidad,
e incluso la muerte”. Es un riesgo
que no va en beneficio de las
donantes, sino en una hipotética
investigación de interés. Es
correcto gratificar a los
voluntarios en concepto de suplir
gastos de transporte, ausencia del
trabajo… Es como una “propina” pagar
1.430 $ a las donantes de óvulos. La
responsabilidad no acaba con la
denuncia sino con la prohibición
total de usar óvulos humanos. Es un
abuso pagar y lo es también
potenciar heroínas pro-ciencia. Más
aún, cuando lo que llaman “clonación
terapéutica” no es terapia real y
posiblemente no lo sea nunca y se
conoce que las propias células del
enfermo son validas
terapéuticamente.
A
comienzos de mes Hwang notificó a
Science que una figura de
la publicación on line
tenía imágenes duplicadas y pocos
días antes había rectificado que de
las 11 líneas que decía que habían
pasado el control de comprobación de
ser célula madre embrionaria, sólo
tres lo hicieron. La televisión
coreana MBC emitió un documental muy
crítico. El coautor americano del
trabajo se retira y un portavoz de
su Universidad crea una comisión de
investigación. Una explicación
plausible es el interés de tantos en
mantener la idea de que Hwang había
logrado la “clonación terapeútica”.
En julio pasado, y nada menos que en
la revista NEJM, Perry llamó la
atención acerca de que Hwang eludía
el termino clonación y evitaba
hablar de embrión humano. Incluso
apostillaba que este intento de
disimulo lo habían tenido otros en
experimentos con animales
manipulando los datos. NEJM permitió
el error a Perry; su agenda
pro-clonación es obvia: había
manifestado el 17 de julio de 2003
que acogerían los artículos sobre
células madre embrionarias, ayudando
así a mantener las promesas
“terapéuticas” de la clonación
humana.
La grotesca granja de embriones
Un
último hecho. La clonación de
primates, incluso sólo hasta el
estado de embrión malformado, no se
ha logrado nunca y es posible que no
esté cercana. Pero hay empeño en
seguirla intentando y arropar la
investigación como solidaridad con
los enfermos. Lanza, de la empresa
biotecnológica ACT, publica y lanza
al “mercado” dos nuevas ideas para
el progreso de las células
embrionarias, sencillamente
demenciales. Una arrancar una célula
a embriones de ocho células,
generados in vitro, para
hacer un banco de células. Otra su
clonación terapéutica en ratón sobre
la base de obtener un clon en fase
de embrión, ponerlo a gestar y
cuando ya es un feto que ha
domesticado sus células, abortarlo y
sacar las células madre fetales y
así tener células de corazón. No
palidece a plantear este
procedimiento como un camino nuevo
para tratamientos humanos. Una vez
más hay que decir que si se
necesitan esos tipos celulares
existen métodos honrados para
obtenerlos y que las células del
enfermo están cumpliendo ya con su
función de regenerar las células
estropeadas.
Habría
que poner sobre la mesa las agendas
pro-clonación de nuestros políticos
ante la inminente aprobación de la
ley de la investigación biomédica.
No tiene justificación posible.
Tampoco la tendría que no se
revisase, a raíz del escándalo
coreano, el no menos escandaloso uso
de nuestros fondos públicos de I+D
para proyectos con células madre. La
cuestión es importante y los
enfermos se lo merecen.
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