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EL PLACER Y SU LÍMITE (L. Polo)

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EL PLACER Y SU LÍMITE

Querer hacer infinito el placer es locura.

QUERER HACER INFINITO EL PLACER ES LOCURA

Aristóteles dice en la Retórica que el hombre abusa de su sensualidad porque tiene logos. En rigor, la búsqueda desordenada del placer se debe a una renuncia del logos a controlar la concupiscencia. Ello acontece cuando se busca a través de la sensualidad la satisfacción de la capacidad de fin del alma, que es infinita. Se trata del hombre incontinente, una de las figuras claves de la Etica a Nicómaco. El hombre encrático, dueño de sí, es causa sui, se controla libremente y extiende políticamente ese control a los apetitos inferiores. El hombre acrásico, el incontinente, lo es porque invierte la relación del alma con el cuerpo al buscar el bien infinito, al que el alma apunta, a través de la sensualidad. y como la sensualidad es incapaz de ese cometido, abusa de ella. La sensualidad en el animal es normal; en el hombre puede ser normal o anormal; es anormal cuando la parte espiritual busca a través de la sensible satisfacer su gran anhelo. Esa equivocación es una inversión: en vez de controlar, la parte superior del hombre pierde su dirección, y no encuentra otro camino que el tender inferior. El hombre acrásico, el incontinente, destroza su sensibilidad y, en el fondo, al buscar la felicidad en el placer sensible encuentra el sufrimiento (esta ambigüedad se advierte en Nietzsche ). Una voluntad que se confunde con una tendencia inferior sepulta su infinito aspirar en el nivel inferior, pues la finitud es característica del placer sensible; querer hacerlo infinito es locura: la desnaturalización de la relaciori entre lo racional y 10 sensible en el hombre. Hoy abunda el hombre acrásico.

No se niega que la sensualidad sea atrayente. No se trata de eso, sino de señalar la inutilidad de pretender que dé de sí más de lo que puede. Ahora bien, también es claro que esa pretensión no puede venir más que de la instancia superior . Esto indica que la instancia desiderativa superior, la tendencia proporcionada con la razón, es infinita, es decir, anhela el bien absoluto. Solamente por eso cabe la incontinencia. Las tendencias sensibles son particulares, no tienden al bien infinitamente, sino al suyo, que es un bien inmediato, útil y conveniente, pero no el bien considerado en absoluto. Por tanto, la voluntad se remite a los bienes sensibles aceptándolos formalmente como medios. La consideración formal de los medios corresponde a la razón práctica.

En atención a ello se habla de voluntad ut ratio o de boúlesis. En ella aparece la libertad entendida como elección entre medios alternativos. En cambio, como la relación de la voluntad con el fin se estima necesaria, la libertad se excluye de ella. Por otra parte, hay un estadio anterior a la conexión de la voluntad con los medios. Es lo que Aristóteles llama órexis en sentido estricto, y luego se llama télesis (la voluntad considerada no respecto de medios sino del fin) y también voluntas ut natura. La voluntas ut natura no es una facultad distinta de la voluntas ut ratio, sino un estadio precedente a la boúlesis.

L. POLO, La voluntad y sus actos (I), Pamplona 1998, p. 25 –26.

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
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03/08/2005 ir arriba
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