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UNA MIRADA LIBRE Y PACIFICA DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA (Blog de A.O.)

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  Una mirada libre y pacífica del mundo y de la historia

A DIOS LO QUE ES DE DIOS

A propósito de la Homilía papal del pasado domingo

 

El pasado domingo, 16 de octubre, el Papa celebró una “Misa para los nuevos evangelizadores”, convocados por el Consejo Pontificio para la promoción de Nueva Evangelización. En su amplia homilía, al hilo de los textos de la Liturgia de la Palabra, el Romano Pontífice incidió en los fundamentos de tan urgente tarea. “Toda una civilización se tambalea”, se ha dicho con acierto hace ya muchos años y para corroborarlo está a la vista la emergencia de una masa todo lo confusa que se quiera, pero sonora, que emerge indignada por lo que en última instancia no es más que la corrupción generalizada de los poderes públicos. ¿Y esta a qué se debe? A muchos nos parece obvio: a la ausencia de Dios. Desde luego es ésta una expresión equívoca, porque si Dios estuviera realmente ausente, no habría corrupción ni nada en absoluto. Dios existe y cuando se intenta expulsarlo de la vida pública, la consecuencia es la corrupción de las instituciones. La cual, sin duda obedece a la corrupción de la vida privada de muchas personas que las ocupan. Hablamos, naturalmente, en términos generales. No es más que el tema de conversación frecuente en público y en privado de casi todo el mundo. 

       Se trata de demonizar a la religión como culpable de guerras y crímenes de los que nunca ha sido determinante. La historia nos muestra que nunca ha habido guerras y crímenes tan crueles como en los siglos XX y XXI cuando la secularización, el materialismo y la fobia antirreligiosa ha sido más agresiva. Los derechos humanos han sido una gran conquista, pero sin un fundamento trascendente, “como si Dios no existiera”, en expresión de Grocio, son, en los momentos críticos, poco más que papel mojado. En anteriores ocasión había recordado Benedicto XVI: “Lo 'único necesario' (unum necessarium) para el hombre es Dios. Todo cambia dependiendo de si Dios existe o no existe. Por desgracia, también nosotros, los cristianos, vivimos a menudo como si Dios no existiera (si Deus non daretur). Vivimos según el eslogan: Dios no existe y, si existe, no influye.” Pero vaya si influye. 

Sentido teológico de la historia

Las lecturas bíblicas del pasado domingo, sirvieron al Papa para advertir que la historia tiene un sentido teológico y los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede colocarse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial, de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, después de la nefasta estación de los imperios totalitarios del siglo XX, tienen necesidad de reencontrar una mirada total del mundo y del tiempo, una mirada verdaderamente libre, pacifica, aquella mirada que el Concilio Vaticano II ha transmitido en sus Documentos, y que mis Predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, han ilustrado con su Magisterio.

La segunda lectura de la Misa era el inicio de la Primera Carta a los Tesalonicenses, la carta más antigua llegada a nosotros del más grande evangelizador de todos los tiempos, el Apóstol Pablo. En ella enseña que “nuestro Evangelio, de hecho, no se difunde entre vosotros solamente por medio de la palabra, sino con el poder del Espíritu Santo y con plena certeza” (v. 5).

Después el Papa comentó el Evangelio de la Misa. Trataba del texto sobre la legitimidad del tributo que se deba pagar al César, el que contiene la célebre respuesta de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21). Así responde Jesucristo a un pregunta trampa de los fariseos y los herodianos.

Entre otras consideraciones, el Papa hace la siguiente reflexión: “Jesús responde con un sorprendente realismo político, conectado con el teocentrismo de la tradición profética. El tributo a César se paga, porque la imagen en la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva consigo otra imagen, la de Dios, y por tanto es a Él, y sólo a Él que cada uno es deudor de la propia existencia. Los Padres de la Iglesia, sobre el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del Emperador acuñada en la moneda del tributo, han interpretado este pasaje a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del Libro del Génesis. Un Autor anónimo escribe: “La imagen de Dios no está acuñada sobre el oro sino más bien sobre el género humano. La moneda de César es oro, la de Dios es la humanidad… por tanto, da tu riqueza material a César, pero conserva para Dios la inocencia única de tu conciencia donde Dios es contemplado… César, en efecto, ha requerido su imagen sobre cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que él ha creado, para reflejar su gloria” (Anónimo, Obra incompleta sobre Mateo, Homilía 42). Y San Agustín ha utilizado muchas veces esta referencia en sus homilías: 'Si César reclama su propia imagen incisa en la moneda –afirma- ¿no exigirá Dios del hombre la imagen divina esculpida en él?'" (En. in Ps., Salmo 94, 2), esculpida e iluminada por la luz de su rostro. Tanto más cuanto que Cristo, imagen perfecta del Padre, vive en el cristiano. (cfr. ib.)

Continúa el Papa:

Esta palabra de Jesús es muy rica de contenido antropológico, y no se puede reducir solamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad de César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, recordar su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su propia identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra propia vida.

A Dios lo que es de Dios

Me permito añadir una ulterior consideración, sin salirme de las enseñanzas de Benedicto XVI. Uno es el Reino de Dios y otro el reino de César. No deben confundirse política y religión. Pero no es menos cierto que César también es de Dios. César es criatura de Dios y no tendría poder alguno si no lo hubiera recibido de lo alto, aunque haya sido también resultado de las urnas. Lo advirtió Cristo a Pilato con palabras inequívocas. Puede ser que César no crea en la existencia de Dios y nadie puede obligarle a creer. Pero César debe ser un hombre honesto, César debe ser hombre sensato, con sentido común. Hoy en día se requiere, para gobernar pueblos, un mínimo alto de cultura general, de historia universal y la particular del pueblo gobernado. Si la historia de la humanidad muestra un índice elevadísimo de creyentes y si además, el pueblo gobernado es de mayoría creyente, César habrá de considerar seriamente que no puede gobernar de espaldas a Dios y mucho menos contra Dios. En Occidente no podrá ignorar, al contrario veinte siglos de cristianismo ni cuáles son los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Podrá creer o no en ellos, pero si reflexiona sobre los hechos históricos verá que gobernará mucho mejor en esa dirección. Servirá mejor al bien común, es decir, al bien de todos los ciudadanos. Podrá tal vez leer libros y tener consejeros que le digan: gobierna como si Dios no existiera. Ante semejante opción podríamos ofrecer la misma propuesta de Benedicto XVI a sus amigos no creyentes. La tomo de un texto que publicó Alfa y Omega, si no recuerdo mal en 2005:

A los amigos que no creen

  En el diálogo, necesario, entre no creyentes y católicos, nosotros los cristianos debemos permanecer fieles a esta línea de fondo: vivir una fe que proviene del Logos, de la Razón creadora, y por tanto abierta a todo aquello que es verdaderamente racional. Pero en este punto quiero, en mi calidad de creyente, hacer una propuesta a los no creyentes: en la época de la Ilustración se intentó entender y definir las normas morales esenciales diciendo que serían válidas etsi Deus non daretur, aun en el caso de que Dios no existiese. Ante las contraposiciones de las diferentes confesiones y en la crisis referida a las distintas imágenes de Dios, se intentó poseer valores morales esenciales más allá de contradicciones, y buscar para ellos una evidencia independiente de las divisiones e incertezas de las distintas filosofías y confesiones. Así, se quería asegurar las bases de la convivencia y, en general, de la Humanidad. En aquella época parecía posible, en cuanto que las grandes convicciones de fondo, procedentes en gran parte del cristianismo, parecían innegables. Pero ya no es así. La búsqueda de una certeza tranquilizadora, que pudiese mantenerse incontestada más allá de todas las diferencias, es algo fallido. Ni siquiera el esfuerzo, verdaderamente grandioso, de Kant ha podido crear la necesaria certeza compartida. Kant había negado que Dios pudiese ser conocido en el ámbito de la sola razón; pero, al mismo tiempo, había situado a Dios, la libertad y la inmortalidad como postulados de la razón práctica, sin los cuales, según él, no era posible la actuación moral. ¿La situación al día de hoy no nos podría hacer pensar que puede tener razón? Lo diré con otras palabras: la tentativa, llevada hasta el extremo, de plasmar las cosas humanas dejando completamente de lado a Dios nos conduce siempre a lo más hondo del abismo, al desamparo total del hombre. Deberíamos, entonces, dar la vuelta al argumento de los ilustrados y decir: también quien no ha encontrado la vía de Dios debería buscar vivir y dirigir su vida si Deus daretur, como si Dios existiese. Éste es el consejo que ya daba Pascal a los amigos no creyentes; es el consejo que damos también hoy a los amigos que no creen. Así ninguno queda limitado en su libertad, y así todas nuestras cosas encuentran un sostén y un criterio del cual tenemos urgente necesidad. 


* * *

Termino con esta consideración de Pero Grullo, a mi amigo César:

Debemos dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios
César era dios en tiempos de los romanos. Ya es sabido que no es Dios. Luego César también es de Dios. 
César debe a Dios lo que es de Dios.
Si César no lo cree, sería bueno, democrático y exquistamente respetuoso para todos si hiciera como que lo cree, por si acaso.

Antonio Orozco


En la foto, moneda de César Augusto.
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17/10/2011 ir arriba
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