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CONCIENCIA Y VERDAD
En la breve y sustanciosa obra de Pablo Gutiérrez de la que ayer extraía un aspecto de la doctrina de J. H. Newman, titulada "Conciencia y objeción de conciencia", se entiende por qué con el tema de la objeción no se puede jugar. Está en juego, aunque a primera vista no lo parezca, la defensa de los ciudadanos frente a la histórica tendencia del Estado al totalitarismo, como sucedió en la Alemania nazi y en la Unión soviética, como sigue sucediendo en Cuba y tantos otros lugares del planeta. Si el Estado es el que decide el bien y el mal, si el Estado se convierte en la instancia última de moralidad, llámese como se llame, si el Estado - o el Gobierno de la nación - se erige en el dios exclusivo y excluyente, la democracia es meramente formal y la persona queda sofocada, oprimida, si no por la violencia física, al menos por la violencia psicológica. Esta es la realidad histórica y nada hace prever que la lógica de los hechos y de las ideas vaya a cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Al filo de estas reflexiones he repasado lo que tenemos en nuestra página web y he hallado en la sección de TEOLOGÍA MORAL, mi artículo compuesto sobre el del Cardenal Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI titulado Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre, Conciencia y verdad [en Verdad, valores, poder, Rialp, 4ª ed. 2005, cap. II] Ratzinger cuenta que al comienzo de mi actividad académica se le presentó con toda urgencia la cuestión del principio de la primacía de la conciencia en relación con la verdad. Es incuestionable que siempre es preciso seguir el dictamen de la propia dictamen de la propia conciencia, pero ¿qué decir cuando la conciencia es claramente errónea? Se plantea una cuestión moral de primer orden, con implicaciones antropológicas de gran calado. El cardenal expone el problema rememorando sus primeros tiempos de profesor
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Se destacan dos puntos:
La primacía de la conciencia y el problema de la conciencia errónea. Las teorías sobre la salvación «por ignorancia» y otras cuestiones afines.
En nosotros se ha insertado algo así como un recuerdo primordial de lo bueno y de lo verdadero (ambos son idénticos), en que existe una íntima tendencia ontológica del ser creado a imagen de Dios a promover lo conveniente a Dios
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Antonio Orozco, arvo.net, 30.09.2010
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