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TOMÁS MORO (Javier Paredes)

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TOMÁS MORO

"Mirando a Dios en primacía. Esa es la herencia más importante y perenne de la vida de Tomás Moro, una figura que después de siglos va colocándose en el puesto que se merece en la Historia". Autor: Gerald B. Wegemer

Título: Tomás Moro
Autor: Gerald B. Wegemer
Editorial: Editorial Ariel
Número de páginas: 307

“La lección más virtuosa que jamás haya enseñado un príncipe a su siervo –escribió Tomás Moro (1477-1535)- me la enseñó el rey Enrique cuando entré en su servicio: mirar primero a Dios y luego al Rey”. Y así vivió Tomas Moro: mirando a Dios en primacía. Esa es la herencia más importante y perenne de la vida de Tomás Moro, una figura que después de siglos va colocándose en el puesto que se merece en la Historia.

El anglicano Jonathan Swift, nada proclive al elogio, ha afirmado que “Tomás Moro es la persona de mayor virtud que haya producido jamás este reino”. Cierto que el reconocimiento es tardío, pero hay que tener en cuenta que hasta 1829, año en que se promulga la Ley de Emancipación, la religión católica estuvo proscrita y que hasta 1850 no se restaurará la jerarquía católica en Inglaterra. Fue a partir de mediados del siglo XIX cuando la personalidad de Moro comenzó a cobrar relieve. El 29 de diciembre –fiesta de Santo Tomás Becket- de 1886 fue beatificado y años después, en 1929 Chesterton acertó en el juicio y en la predicción cuando escribió: “El beato Tomás Moro es hoy más importante que nunca desde su muerte, pero todavía no es tan importante como lo será dentro de cien años”. En efecto, en 1966 la película sobre su vida, “Un hombre para la eternidad”, ganaba seis premios de la Academia, treinta años después Yale Univerity Press publicaba, por primera vez, sus obras completas, en 1999 la Sociedad Jurídica de Gran Bretaña nombró a Tomás Moro “Abogado del Milenio” y en noviembre de 2000 Juan Pablo II le nombró “Santo Patrón de los Estadistas y Políticos”.

No fue fácil la vida de Tomás Moro; su tránsito por esta tierra no fue más que un constante entrenamiento para el martirio. Las páginas de la biografía de Tomás Moro escritas por Gerald B. Wegemer no se limitan a su carrera política, relatan también los esfuerzos que hizo en su vida privada para ser un buen esposo y padre. Así, por ejemplo, Wegemer cuenta cómo su primera mujer, Jane Colt, una niña mimada y sin educación, frecuentemente, ante las dificultadas, se le echaba a llorar. Pues armado de infinita paciencia Tomás Moro puso medios extraordinarios hasta que consiguió que cambiara, y cuando lo consiguió se quedó viudo. La segunda esposa fue de carácter tan difícil como la primera y, sin embargo, no resulta fácil acertar a cuál de las dos quiso más. Es todo un descubrimiento, porque sabíamos del mártir de la política, pero Wegemer nos acerca al esposo y padre esforzado y ejemplar.

Tomás Moro fue un cristiano que no tuvo necesidad de improvisar la fortaleza y el amor de Dios en la víspera del martirio, porque llegó a sus últimos años con ellos adquiridos. Sin duda que tales improvisaciones, no acaban en el martirio ya éste que suele ser un premio a una vida santa. Tomás Moro fue un hombre de una intensa vida de oración, tenía ratos de recogimiento destinados a la oración mental. Y yo diría más, Tomás Moro es una de los grandes maestros de oración; son muchos los acontecimientos relatados en el libro que así lo avalan, así como los capítulos específicos del libro dedicados a los tratados espirituales de Tomás Moro. Por cierto, se nota que el autor de la biografía es un hombre de fe o que al menos conecta y vibra con este rasgo específico de la vida de Tomás Moro, uno de los máximos intelectuales del Renacimiento y, al mismo tiempo, uno de los grandes santos de la Iglesia Católica. Tomás Moro rezaba con todo su ser, por eso quiso que su cuerpo no le distrajera la atención para estar pendiente de Dios a todas horas, ese era el sentido de sus ayunos y del uso habitual del cilicio.

No me gustaría acabar esta reseña sin referirme a la peor situación que le tocó vivir a Tomás Moro, como fue la de defender la fe en una Inglaterra en la que su jerarquía eclesiástica prefirió contentar al poder político antes que ser fieles al Evangelio. Sólo el obispo Fisher se salvó de esta generalizada cobardía y fue el mismo Fisher el que escribió: “La fortaleza es traicionada incluso por quienes tendrían que haberla defendido”. Tomás Moro –como desvela Wegemer- fue más explícito: “Si un obispo... deja de hacer lo que es menester para la salvación de su rebaño (entonces se comporta) como el cobarde capitán del barco tan abrumado por la furia de la tormenta que abandona el timón, se esconde en un rincón y abandona el barco a su suerte. Si un obispo hace esto, ciertamente yo no vacilaría en yuxtaponer y comparar esta tristeza con la que lleva, tal como dice san Pablo, al infierno. Sin duda, la consideraría algo mucho peor, ya que esa tristeza en materia religiosa parece surgir de una mente que ha perdido toda esperanza en la ayuda de Dios”.

Ciertamente que merecen toda la comprensión quienes confían más en el poder político que en el poder de Dios, pero las consecuencias a las que conduce esa trayectoria son dramáticas para quien equivoca la dirección y prefiere mirar “al Rey antes que a Dios”. Ese es el gran mérito de este libro de obligada lectura y de inequívoca actualidad, hacernos entender las consecuencias que tiene construir una religión de tejas para abajo. Este libro, junto con la lectura de la biografía de Enrique VIII de Alison Weir, recientemente comentada en Hispanidad, y publicada igualmente en la editorial Ariel, son dos obras imprescindibles para entender las causas de la segregación de una parte de la Iglesia y las tensiones políticas de la Inglaterra de los siglos XV y XVI.

Javier Paredes

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

10/07/2005 ir arriba
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