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ENRIQUE VIII, EL REY Y LA CORT (Javier Paredes)

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ENRIQUE VIII, EL REY Y LA CORTE

De Alison Weir. "El reinado de Enrique VIII es el resultado del fracaso de la coherencia. Ese es el mensaje que transmite su biógrafo, Alison Weir, en una de las mejores biografías que he podido leer...".

Título: Enrique VIII, el rey y la corte
Autor: Alison Weir
Editorial: Ariel
Número de páginas: 672

El reinado de Enrique VIII es el resultado del fracaso de la coherencia. Ese es el mensaje que transmite su biógrafo, Alison Weir, en una de las mejores biografías que he podido leer y, sin duda, la mejor de cuantas conozco del monarca inglés. El libro es una magistral descripción de la personalidad de Enrique y del ambiente de la Corte y de la sociedad de entonces. La literatura, el arte, los deportes, las fiestas, la música y un largo etc. Son un amplio conjunto de facetas que nos descubre el autor, al trazarnos el escenario en el que se desenvuelve la vida de Enrique VIII.

Por cierto, el autor no es católico, pero su rigor y honradez intelectual no puede, por menos, que reconocer los hechos, ya que Alison Weir escribe bajo la máxima histórica de que “las cosas son lo que son”. Ciertamente, el reinado de Enrique VIII fue un fracaso del que el monarca sólo fue uno entre muchos responsables, o por decirlo con palabras más apropiadas y ajustadas a la realidad histórica: el cisma de la Iglesia de Inglaterra llevado a cabo por Enrique VIII fue posible porque su reinado se desarrollo en un clima de tibieza generaliza en esa región, del que se salvaron muy pocas personalidades, como Juan Fisher y Tomás Moro, que pagaran con su vida el no doblegarse al poder político. Y es que no debe olvidarse que Santo Tomás Moro no dimite de sus importantísimos cargos políticos por la cuestión de Ana Bolena, un asunto por el que pierde la cabeza, como él decía con su sentido del humor; su renuncia política es anterior y se debe a la intromisión del rey en los ámbitos jurídicos de la Iglesia. Si Santo Tomás Moro se hubiera acogido a la teoría del mal menor, hubiera aguantado en el poder y hubiera pasado a la Historia como una más de los políticos ingleses, pero hoy ni sería santo, ni el patrono de los políticos católicos.

Decía que el reinado de Enrique VIII es el resultado del fracaso de la coherencia. La razón es bien sencilla: casi todos, clérigos y civiles, cuantos rodeaban a Enrique VIII acudían al trono en demanda de beneficios temporales, y no pocas veces su petición suponía en la mayoría de los casos una clara dejación de los derechos y de la doctrina de la Iglesia. Y a la vista de que el rey contemplaba el lamentable espectáculo de quienes por obtener un beneficio traicionaban su fe, llegado un momento, decidió erigirse en su jefe religioso, ante lo que también transigieron. Se cumplía así una constante histórica y es que cuando los católicos en el diálogo con el poder político rebajan la doctrina, siempre pierde la Iglesia. Hay pasajes del libro que no pueden por menos de recordar las relaciones actuales entre el poder y la Iglesia que ha establecido en España la doctrina Aznar, conocida como centro reformismo, y que consiste en esconder las convicciones religiosas con tal de mantener el poder a toda costa. Sin duda, que el clima de tibieza generalizada que atravesamos es muy parecido al de la Inglaterra de Enrique VIII, y si no se lo creen pueden leer el libro. Ahora bien, de la similitud de esa situación de tibieza no me atrevo a aventurar las consecuencias que se pueden derivar, salvo que a un plazo no muy largo pueden ser peores en la España actual, porque ni en el episcopado español aparece ningún Juan Fisher por ninguna parte, ni entre los políticos españoles hay en la actualidad alguno que así por fuera –los adentros no los conozco- se parezca ni de lejos a Santo Tomás Moro. Al menos, tibieza con mártires es menos tibieza; y, como es sabido, la tibieza provoca el vómito divino.

Javier Paredes

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

09/07/2005 ir arriba
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