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BIOGRAFÍAS (René Lejeune)

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SCHUMAN, POLÍTICA Y SANTIDAD

¿Acaso no es el terreno por excelencia de la intriga y de las maniobras de la especulación y de los embrollos? ¿No es el autoservicio de ambiciones tan frecuentemente devoradoras? La Iglesia responde que un político puede alcanzar la santidad.

· ¿Es posible la santidad en la política?
· ¿Todo es política?
· Un reto para el cristiano



Robert Schuman (1886-1963), el hombre que concibió e hizo posible el nacimiento de la Unión Europea, puede ser pronto beatificado. Con ello la Iglesia reconoce de nuevo -como hizo en su día canonizando a Tomás Moro- que la política puede ser materia santificada y santificadora. El postulador de la causa de beatificación, Jacques Paragon, anunció en Roma (15.05.2003)que la causa de beatificación a nivel diocesano seguramente concluirá durante este año 2003.

Robert Schuman (1886-1963), jefe del gobierno francés, ministro y autor de la declaración del 9 de mayo de 1950 que dio pie a la construcción europea, supo abrir una nueva vía de relaciones internacionales basada sobre la negociación política. Entre 1958 y 1960 fue el primer presidente del Parlamento Europeo. El Papa Pablo VI lo definió como «un infatigable pionero de la unidad europea». Quizá lo más admirable de esta idea es que fue concebida en la mente de Schuman cuando los hornos de Austwitz todavía humeaban. «Su doble cultura franco-alemana es una pieza clave para entender toda su visión sobre Europa, sobre la reconciliación y sobre la unión europea», destacó Paragon, el secretario general del Institut Saint-Benoît, institución nacida para promover la causa de beatificación de Robert Schuman.

Paragon citó el libro de René Lejeune, presidente del instituto que promueve la causa, cuyo título evoca el mensaje central del padre de Europa: «Robert Schuman, Padre de Europa: la política, camino de santidad» («Robert Schuman, Père de l'Europe: la politique, chemin de sainteté»), del que aquí transcribimos un significativo capítulo:


René Lejeune fue colaborador de Robert Schuman de 1945 a 1958; actualmente es es presidente del Instituto Saint Benoit y autor de una docena de obras, entre las que se encuentra «ROBERT SCHUMAN, Padre de Europa (1886-1963)». En el prólogo primero de este interesante libro (1), finge un breve diálogo con Pirrón, aquel filósofo del escepticismo de III a. JC., que reproducimos en en primer lugar, para saltar después al capítulo XXIII del libro.


Prólogo 1 , ¿SANTIDAD DE LA POLITICA?


Pirrón (1). ¡Atreverse a hablar de «santidad de la política»! ¿Acaso no es el terreno por excelencia de la intriga y de las maniobras de la especulación y de los embrollos? ¿No es el autoservicio de ambiciones tan frecuentemente devoradoras? «Santidad de la política»: expresión quimérica, incluso aberrante. Esos dos términos son inconciliables.

René LEJEUNE . Concedo que hay no pocas zonas de sombra en ese terreno, espacios tenebrosos. En él, los choques de intereses se atropellan: intereses privados y públicos, profesionales y corporativistas, nacionales e internacionales... Sin embargo, a pesar de todo eso, ¿qué es en el fondo la política? ¿No es la organización del bien común , con el propósito de realizar cada vez más la solidaridad y la justicia en el seno de una comunidad nacional, regional o local? ¿No es eso una cosa santa, en el sentido en que la Biblia, Palabra de Dios, habla de «lugar santo», «asamblea santa», «alianza santa»?

P. ¡Puro idealismo y espejismo peligroso! Confunde usted un principio abstracto, una ideología, suavidad de naturaleza religiosa, con la realidad ineluctable, los hechos concretos tangibles, proyección de la naturaleza humana en la que el instinto se impone a la razón.

R. L. Tengo en cuenta las cargas de la realidad y del aparente determinismo de la naturaleza humana. No obstante, si echa usted una mirada objetiva y global sobre nuestra sociedad, ¿no ha habido enormes progresos, término de solidaridad y de justicia, a lo largo del siglo xx especialmente, a pesar de terroríficas recaídas en la barbarie? Ese avance, ¿no es uno de los hermosos frutos de la política?

P. Es cierto. ¡Pero a qué precio! Mantengo que la política es el campo de maniobras de los leones y de los zorros. Maquiavelo es su dueño, y no Gandhi. Mammón es su motor, y no el Evangelio. Si bien es verdad que la política produce algunos frutos, le desafio a que cite uno solo de sus actores que la haya practicado de tal manera que, sin caricatura ni fabulación, se pueda hablar de «santidad de la política».

R. L. ¡Desafio aceptado! Hay un hombre de Estado francés cuya vida y cuya acción política es una buena ilustración de ello. Ha contribuido de manera determinante a orientar una época bisagra de la historia. El acto político que asentó con audacia el 9 de mayo de 1950 abre a las naciones, en el horizonte del tercer milenio después de Jesucristo, perspectivas nuevas de coexistencia pacífica y de estrecha cooperación. Su nombre: Robert Schuman…



Capítulo XXIII LA SANTIDAD DE LA POLITICA UN RETO PARA EL CRISTIANO

«Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la "política"; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (Juan Pablo II).

El papa amplía aquí el significado de la palabra «política» al conjunto de las actividades que contribuyen a la edificación y al funcionamiento de las estructuras comunitarias en los niveles local, regional, nacional e internacional. En esta visión ampliada, la «política» se extiende desde la carga de los asuntos de Estado hasta los esfuerzos para la construcción de la célula fundamental de la sociedad que es la familia; al quehacer esencial de los padres y madres de familia, que preparan a sus hijos para su inserción en la sociedad.


«Todo es política»

En este sentido, el cristiano participa en la vida política de una comunidad tanto cuando ejerce sus derechos electorales como trabajando en su vida administrativa, instruyendo a los jóvenes, cuidando a los enfermos, interviniendo en las innumerables actividades de producción y de distribución de los bienes, en una palabra, prestándose al servicio no solo material, sino también espiritual y moral de la sociedad y de sus miembros.

Y no hay que olvidar que también con su oración. Para un cristiano, esto es esencial. Igual que Santa Teresa de Lisieux, humilde carmelita recluida entre las paredes de una celda fue la primera misionera de su tiempo en virtud de sus oraciones, así también una persona enferma, joven o anciana, clavada en su lecho, puede contribuir poderosamente por sus oraciones y por el ofrecimiento de sus dolores a la emergencia de una sociedad más justa y solidaria. En una visión cristiana de la existencia, el «ser» acaba siempre por tener la primacía sobre el «hacer»; la historia de la salvación es una elocuente ilustración de esto en todo su recorrido. Yen la Nueva Alianza, el Cuerpo místico de Cristo es su fuente de energía y su motor.

La Exhortación apostólica incluye, desde luego, la actividad política propiamente dicha en su definición global del ámbito político. Yen esto la existencia de Robert Schuman es ejemplar.

La creciente complejidad de los engranajes de la sociedad y de su funcionamiento exige una larga preparación para el ejercicio de las responsabilidades políticas.


La educación integral

Para el cristiano esa preparación comienza, lo mismo que para cualquiera otra cosa, por la educación ya desde los primeros años de la existencia. Preparación para la vida personal y social, para una vida auténticamente cristiana, cualquiera que sea la futura actividad.

Una educación es cristiana cuando es encomendada consciente y deliberadamente, por los padres y los demás responsables, a Jesucristo, único educador del hombre. Los cristianos no deben olvidar nunca este término de la educación. Fue forjado en el siglo XN a partir de un pasaje del Evangelio de San Juan: Vocat nominatim et educit eas (el Buen Pastor) las llama y las lleva afuera. Del cercado del pecado a los verdes pastos; de la ignorancia al conocimiento; de las tinieblas a la luz.


Un reto para el cristiano

Toda educación auténticamente cristiana está hecha por Jesucristo. Si se le encomienda deliberadamente, considerándose los padres como auxiliares del Buen Pastor, entonces, con toda seguridad, resulta necesariamente una obra de arte, pues los gérmenes de la semejanza divina depositados en cada ser humano florecerán armoniosamente.

El ejemplo de Robert Schuman

Este fue el caso de Robert Schuman en su infancia y en su adolescencia, gracias a los esfuerzos combinados de una madre, de una parroquia y de una escuela entonces verdaderamente cristiana. A esta educación se añadía una sólida formación escolar: el interés del alumno se señalaba principalmente por la historia y por las matemáticas. En la Universidad, los estudios de Derecho lo iniciaron en la esencia y en el funcionamiento jurídico de la sociedad; sus estudios de economía y de dirección del Estado, debidos a su iniciativa personal, le serán útiles para su futuro compromiso político, que él no había previsto, ni siquiera querido.

Su doble cultura, como es el caso de numerosas poblaciones fronter:izas, lo preservó de toda estrechez de espíritu. Su vida interior intensa, la meditación diaria de la Palabra de Dios, que se expresa en una historia de la salvación rica en enseñanzas y, directamente, por la boca de Jesucristo, le dio la sabiduría que llamaba la atención de sus interlocutores. Y también alimentó en él el don de profecía, que el apóstol recomienda con insistencia que hay que pedirle al Señor (1 Corintios 14, 1). El acto del 9 de mayo de 1950 fue eminentemente profético por su audacia y sus consecuencias.

Robert Schuman fue también ejemplar en los aspectos concretos de su compromiso político. Llevaba la lucha con dignidad; jamás atacó personalmente al adversario con ocasión de las campañas electorales y en los enfrentamientos en la tribuna de la asambleas. Estaba «siempre dispuesto a entablar el diálogo, tratando de persuadir, teniendo en cuanta las objeciones, siempre con la misma paz y una total cortesía» (André Philip). Yes que en cada ser humano, bien o mal intencionado, veía ante todo la criatura hecha a imagen. de Dios. Con frecuencia me dio este testimonio directo o indirecto. Además, cumplía con sus múltiples tareas muy concienzudamente. No hay una carta dirigida a él que no leyera y anotara. Preparaba los informes con esmero y se los sabía a fondo en el momento de la acción. Tenía un elevado concepto de los asuntos públicos, que consideraba servicio a la comunidad y al bien común. Tanto en las grandes como en las pequeñas cosas, hasta el punto de que se sentía responsable de los dineros públicos apagando por la noches las luces de su ministerio. O rechazaba todo privilegio que le reservara su cualidad de ministro, por ejemplo, un compartimento especial en sus viajes en tren.

Pocos ejemplos hay de hombre político que refleje tan fielmente el espíritu cristiano en los aspectos concretos de los compromisos políticos. En los informes del proceso de beatificación emprendido, los historiadores podrán encontrar innumerables manifestaciones del espíritu cristiano en la lucha política. Robert Schuman será probablemente un testigo de primera importancia de la santidad en la política vivida en los tiempos modernos. La política fue para él camino de santidad.

Autor: René Leujene
Título: «ROBERT SCHUMAN, Padre de Europa (1886-1963)»,
Edición: Palabra, Madrid 1980.

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

07/07/2005 ir arriba
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