Por Teresa García-Noblejas *
Peter Singer, australiano y titular
de la cátedra de Bioética en el
Centro para los Valores Humanos de
la Universidad de Princenton
(Estados Unidos), fue entrevistado
en Babelia, el suplemento
cultural de El País (11 de
mayo de 2002) con motivo de la
publicación de su libro Una vida
ética por la editorial Taurus
(editorial del supergrupo de Jesús
de Polanco, para no salirse del
carril del pensamiento único). Esta
entrevista constituye uno de los
referentes ideológicos del Gobierno
español. Y si no, juzguen ustedes
mismos.
El citado Singer también es autor de
Liberación animal, un libro
publicado en 1975 con enorme éxito
de ventas. En él afirmaba un
verdadero dogma para la confusa
mentalidad posmoderna: “Los animales
son titulares de ciertos derechos
humanos, como el derecho a la vida y
a no ser torturados”. Con
estos antecedentes, no puede una
extrañarse de sus contestaciones en
la entrevista citada. Así, el
periodista le pregunta qué opinión
tiene sobre clonación con fines
médicos y la investigación con
células madre embrionarias y el
responde, sin cortarse un pelo que
“Los embriones no son seres
sensibles. No experimentan dolor.
Hay miles de embriones excedentes o
sobrantes de tratamientos de
fertilización in vitro que se
conservan congelados en tanques de
nitrógeno líquido. No tienen futuro,
así que ¿por qué no emplearlos en el
campo de la investigación? Esto no
va a privarles de ningún futuro
porque no lo tienen. (...) Antes
prefiero un experimento con un
embrión humano excedente que con una
cobaya”.
Las ideas de Singer están a punto de
hacerse realidad en nuestro país. El
jueves 16 de febrero se votó en el
Congreso de los Diputados la nueva
ley de reproducción asistida. En la
España de Zapatero, las cínicas y
salvajes ideas de Singer van a ser
una realidad con una norma que no
viene a satisfacer el deseo de tener
hijos, como nos contará, conmovida,
la vicepresidenta del Gobierno. La
reproducción asistida ya estaba
autorizada en España y no era
necesario ampliarla porque la
producción artificial de seres
humanos la realizan numerosas
clínicas privadas y públicas. El
único objetivo de esta nueva ley es
enriquecer a los centros que
almacenan cientos de miles de
embriones congelados con los que a
partir de ahora se podrá
experimentar y comercializar sin
límite.
Porque el otro gran argumento que ha
esgrimido enternecida la
vicepresidenta del Gobierno (y si
no, al tiempo), es que esta ley
también viene a curar enfermedades y
a dar esperanza a los atribulados
padres gracias a la clonación
(terapéutica, no crean; se
aprovechan las células y luego se
destruyen, no vaya a ser que crezcan
y tengamos clones adultos) y la
selección eugenésica de embriones.
Pero volviendo a la revolución
animal que proclamaba Singer, la
nueva ley de reproducción asistida
protegerá y financiará la
destrucción, selección y
experimentación de embriones, aunque
les llamen preembriones (la realidad
no cambia porque la renombremos).
Sin embargo, aquel osado que capture
un huevo de avestruz o una cría de
lobo o de zorro (aunque sea recién
nacida o incluso por nacer, en el
vientre materno), por citar algunas
especies protegidas, será castigado
con la misma pena que si se apropia
del animal adulto. Así lo establece
la legislación estatal y autonómica
de protección de animales. La
protección del ser humano desde el
momento mismo de su concepción no
favorece la biodiversidad, al
parecer. Por ello podemos capturar
embriones humanos sin temor a ser
sancionados.
Este debate, como sabemos, no es
nuevo. El recientemente fallecido
Johannes Rau, siendo presidente de
la República Federal de Alemania,
pronunció en mayo de 2001 un
histórico discurso. En él recordaba
que los diputados alemanes, desde
posiciones políticas muy diferentes,
habían acordado que en su país no se
experimentaría con embriones.
Establecieron, además, que, a
efectos de protección legal, la vida
humana empezaba con la fecundación
del óvulo. “Lo cierto – afirmó el
presidente alemán - es que la
experiencia que vivimos con el
nacionalsocialismo y, en particular,
con la investigación y la ciencia en
el Tercer Reich tiene que desempeñar
un papel importante a la hora de
formarse un juicio ético: unos
círculos científicos desenfrenados
se dedicaron a investigar únicamente
al servicio de sus objetivos, sin
escrúpulos morales.”
La Conferencia Episcopal Española,
como voz que clama en el desierto,
ha denunciado proféticamente la
amenaza que la ley Zapatero de
reproducción asistida supone para la
vida y dignidad del ser humano.
Quiénes son los obispos, dirán
algunos, para imponer sus creencias
a todos los ciudadanos. Magnífico
argumento si no fuera inconsistente;
no hablamos de fe sino de razón, de
verdad científica, de certeza
demostrable. Si dejamos crecer al
embrión, se convertirá en un bebe y,
posteriormente, en un adulto; si lo
destruimos, aunque sea con fines
loables, salvíficos y benefactores
de la humanidad, le estamos quitando
la vida. Así de sencillo. Otro
eclesiástico, August von Galen,
obispo de Münster (Alemania),
también se opuso con coraje al
nazismo, en especial a sus
experimentos contra enfermos y
minusválidos. De ahí el sobrenombre
con el que es conocido: el león de
Münster.
En definitiva, bienvenidos todos,
señoras y señores, al gran negocio
de la producción, manipulación y
destrucción de la vida humana. Y
mientras, la Administración
sanitaria se ocupa del gran debate
nacional sobre la salud de los
ciudadanos: ¿Podemos o no fumar en
el balcón de la oficina?
*Teresa
García-Noblejas
Presidenta de PROFESIONALES POR LA
ÉTICA,
FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES
Semanario Alba 17 de febrero 2006