MENUDO revuelo con el
cordón umbilical. Si lo destruyes, no pasa nada. Pero,
amigo, si decides guardártelo por si a tu niño le da un mal
en el futuro, entonces dilapidas el dinero, eres insolidario,
y encima, dicen, la eficacia es nula. Ciertamente, no sirve
si el mal es hereditario, pero sí en los demás casos, como
la leucemia: en Japón, en el 2004, ya se utilizó en más
ocasiones que el trasplante de médula ósea. Además, guardar
las células a tu cargo no impide donarlas llegado el momento
y, encima de ahorrar gastos al estado, al particular no le
resulta más caro que el seguro a todo riesgo de un
utilitario. ¿O es que también nos van a prohibir
asegurarnos? Quizá para los coches lo entiendan y para los
niños, no. De ahí esa sorprendente reforma de la ley de
reproducción asistida que permite a las clínicas del sector,
cito a Rafael Serrano, «la criba eugenésica de embriones
para hallar bebés-medicamento (¿cómo se puede hablar así?),
generar embriones sin finalidad de reproducción, la
clonación terapéutica y casi cualquier uso de los
embriones». Esto, según parece, no ha escandalizado a nadie.
¿Y adivinan cuál es el índice de éxito de los
bebé-medicamento? ¿Y lo que cuesta cada proceso? ¿Y quién
gana?