JAUME PUJOL BALCELLS,
arzobispo metropolitano de
Tarragona
LA VANGUARDIA, 16.04.2006
Benedicto XVI
cumple hoy 80 años y aparece a
la venta, en las librerías
italianas, alemanas y polacas,
el primer volumen de su libro
Jesús de Nazaret.
El día de su cumpleaños ha querido
hacernos un regalo: un libro en el
que, a lo largo de 448 páginas,
despliega su indiscutible
inteligencia y su profunda formación
teológica para darnos a conocer su
visión del Dios hecho hombre,
Jesucristo.
El interés por la figura de Jesús no
es nuevo, pero está muy vivo
actualmente. Florecen, desde ópticas
muy distintas, trabajos de
investigación y ensayos. La
aportación que hace ahora el teólogo
Joseph Ratzinger - y Papa Benedicto
XVI- será, sin lugar a dudas, un
punto de referencia imprescindible.
Más aún si tenemos en cuenta el
itinerario seguido a través de sus
escritos y reflexiones.
Joseph Ratzinger es un Papa para la
posmodernidad. Quienes le conocieron
en su época de profesor en las
universidades alemanas dan cuenta de
su interés por la investigación
teológica, en diálogo con las
corrientes del pensamiento
contemporáneo. Más adelante tuvo que
reducir ese trabajo cuando Pablo VI
le encomendó la sede episcopal de
Munich. Desde entonces, el teólogo y
el pastor caminaron siempre juntos.
Cuando Juan Pablo II le confió la
Congregación para la Doctrina de la
Fe, entró de lleno y sin complejos
en los debates del mundo actual,
buscando siempre la respuesta
positiva de la fe y de la razón,
unidas. Con este libro, el Papa
expone de forma clara la propuesta
cristiana en un contexto cultural en
que predomina el relativismo. Sería
superficial una lectura que lo
interpretase como una reivindicación
de las épocas pasadas o un lamento
ante la desorientación general de
nuestra civilización. Se trata, en
cambio, de una apuesta en positivo
por exponer el mensaje cristiano.
Ésta es una constante en su larga
trayectoria.
Lo expresó, por ejemplo, a un grupo
de periodistas alemanes, tras su
viaje a Valencia: su deseo es que el
catolicismo no aparezca como un
cúmulo de prohibiciones, sino como
una opción positiva, un mensaje que
los cristianos proponemos al mundo.
Su aportación en el debate
intelectual siempre tiene en cuenta
la búsqueda de la verdad, leitmotiv
de sus clases universitarias y de su
propio escudo episcopal cuando fue
nombrado arzobispo de Munich,
Cooperador de la verdad.
El pensamiento del teólogo Ratzinger
es el de un pastor que quiere a las
personas y se hace cargo de la
complejidad del momento presente en
el que viven. Por eso, se siente con
ellos interpelado por sus
interrogantes, y busca responderlos
con rectitud y sencillez. Esta misma
sencillez es la que admiraban en él
los romanos cuando le veían hacer
cada día a la misma hora su breve
recorrido a pie desde su casa hasta
la Congregación para la Doctrina de
la Fe. La misma que afloró en sus
labios al pronunciar las primeras
palabras como Papa: "Queridos
hermanos y hermanas: después del
gran Papa Juan Pablo II, los
cardenales me han elegido a mí, un
sencillo y humilde obrero de la viña
del Señor".
Para Benedicto XVI parece que no hay
ninguna dificultad en conjugar
altura intelectual con modestia
personal. En su autobiografía hace
un comentario al respecto, cuando se
refiere a su madre con estas
palabras: "La luz de su bondad
permaneció y para mí se convirtió
cada vez más en una demostración
concreta de la fe por la que se dejó
moldear. No sabría señalar una
prueba de la verdad de la fe más
convincente que la sincera y franca
humanidad que ésta hizo madurar en
mis padres y en otras muchas
personas que he tenido ocasión de
encontrar".
Este empeño suyo por exponer
sencillamente la experiencia de la
verdad, que es diametralmente
opuesto al pensamiento dominante,
nos invita a la reflexión. Ahora,
con el nuevo libro que nos regala en
su 80. º aniversario, el Papa
expresa claramente el mensaje que
quiere comunicar a nuestro mundo de
hoy. El relativismo posmoderno es un
callejón sin salida. Pero existe una
vía alternativa, un camino abierto:
mostrar sencillamente el verdadero
rostro de Jesucristo. |