|
Miguel
Lluch
Instituto
de
Antropología
y
Ética
Universidad
de
Navarra
Si
no
tienes
tiempo
para
pensar
con
profundidad,
si
no
te
sientes
capaz
de
tener
y
sostener
ideas
propias
que
no
estén
de
moda,
si
te
resulta
demasiado
incómodo
ir
contra
la
corriente:
Cuando
se
te
pregunte
sobre
Dios
declárate
agnóstico.
Si
quieres
hablar
sólo
de
lo
que
todos
hablan,
si
quieres
pensar
como
todos
piensan,
si
quieres
desaparecer
en
la
multitud
anónima
y
homologarte
en
la
sociedad
aceptable:
Cuando
se
te
pregunte
sobre
la
dimensión
religiosa
de
la
vida
o
sobre
quién
es
Dios
para
ti
declárate
agnóstico.
La
mímesis
es
un
fenómeno
propio
de
toda
las
sociedades
humanas,
desde
que
las
conocemos.
Consiste
en
la
progresiva
adaptación
de
los
individuos
al
medio
social
dominante.
Es
el
resultado
en
la
vida
y el
comportamiento
personal
de
la
influencia
de
los
modelos
como
públicamente
dignos
de
imitación.
El
fenómeno
mimético
es
inevitable,
porque
las
personas
no
vivimos
en
el
vacío.
Nuestras
vidas,
tanto
en
lo
físico
como
en
lo
espiritual
se
desarrollan
y se
configuran
en
una
atmósfera
cultural.
El
fenómeno
es
humana
y
socialmente
inevitable,
porque
la
persona
necesita
referencias.
Seguir
a
los
modelos
públicamente
propuestos
nos
tranquiliza
porque
podemos
pensar
y
decir:
"Estoy
a la
moda,
lo
que
hago
y
pienso
es
ahora
considerado
correcto,
estoy
al
día".
Si
es
inevitable,
hay
que
aceptarlo
y
llevarlo
con
alegría.
Pero
la
mimetización
social,
cuando
se
trata
de
personas
humanas,
es
diferente
de
la
de
un
grupo
de
animales.
Las
personas
son
algo
más
que
elementos
de
una
especie.
Y
pueden
distinguir
y
rechazar
modelos
y
pueden
seguir
los
modelos
y
las
modas
que
a
ellos,
como
personas,
les
parezcan
los
más
convenientes.
En
las
sociedades
humanas
y en
sus
comportamientos
hay
cosas
que
no
han
cambiado
nunca,
que
no
pasan
de
moda.
Que
se
sepa
hasta
ahora
los
seres
humanos
comemos
por
la
boca
siempre.
Ninguna
revolución
conocida
ha
intentado
replantear
esto
hasta
ahora,
al
menos
de
lo
que
estamos
seguros
es
de
que
ningún
movimiento
progresista
o
regresista
lo
ha
logrado
hacer.
También
los
avances
en
la
tecnología
aplicada
son
irreversibles.
Siempre
la
técnica
va
superando
sus
modelos
y
sus
prestaciones.
Sin
embargo,
hay
cuestiones
que
sí
han
podido
cambiar
y de
hecho
han
sido
objeto
de
renovación
y en
la
historia
hemos
visto
movimientos
hacia
delante
y
hacia
detrás.
Me
refiero
a
las
dimensiones
más
propiamente
humanas.
Como
la
cultura
que
nos
envuelve,
la
consideración
de
lo
que
es
bueno
y es
malo,
la
idea
del
hombre
que
se
tiene
y,
por
tanto
de
quiénes
somos
nosotros
mismos,
y la
idea
de
Dios
y
qué
relación
tiene
con
cada
uno
de
nosotros
y
con
todo.
El
progreso
y el
retroceso
en
estos
elementos
de
nuestra
existencia
dependerá
de
desde
dónde
se
mire,
claro.
Fuera
de
la
naturaleza
y de
la
tecnología,
en
el
amplio
mundo
de
la
cultura
y
del
espíritu
sí
que
hay
modas
que
vienen
y
van.
A
esas
tenemos
que
estar
atentos
y
observar
sus
tendencias
y
movimientos.
La
comodidad
de
no
pensar
Ahora
la
postura
mimética
imperante,
la
que
ha
logrado
la
aceptación
generalizada,
es
la
de
decir
que
uno
es
agnóstico.
Tiene
muchas
ventajas.
No
hace
falta
ningún
esfuerzo
para
hacerlo.
Porque
no
afirmas
nada,
sólo
niegas
que
se
pueda
afirmar
o
negar.
Es
una
suspensión
de
la
inteligencia.
Es
como
echarse
a
dormir.
Pero
no
hay
que
preocuparse
por
justificarte
ante
ese
sopor
de
la
inteligencia,
porque
casi
nadie
se
va a
atrever
a
pedirte
explicaciones.
Presentarse
como
agnóstico
es
la
moda
respetable,
la
actitud
dominante,
la
que
todos
hacen.
¡Es
tan
cómodo
decir
que
se
es
agnóstico!
No
se
tiene
que
pensar
ni
argumentar.
Basta
con
un
leve
movimiento
de
hombros
y
una
sonrisa
comprensiva
y
somnolienta.
Y se
supera
la
prueba.
Nadie
te
hará
preguntas,
muchos
no
se
atreverán
a
hacerlo
delante
de
otros,
precisamente
porque
es
el
modelo
respetable
y
aceptado.
Los
demás,
si
escucharan
que
alguien
se
plantea
la
cuestión
también
se
apresurarán
a
subir
sus
hombros
y a
sonreír
con
sonrisa
aparentemente
inteligente.
Detrás
de
ese
movimiento
puede
no
haber
nada,
un
triste
vacío,
pero
no
te
preocupes
nadie
te
va a
preguntar.
Quedas
bien.
Das
el
pego.
Ha
habido
culturas
que
han
presentado
el
hombre
ateo
como
el
modelo
correcto.
Pero
eso
es
más
incómodo
de
sobrellevar
porque
implica
una
afirmación
y si
afirmas
puedes
ser
o no
coherente
con
ello.
Pero
nuestra
sociedad
ha
descubierto
una
actitud
atea
que
además
se
descarga
del
peso
de
la
justificación
¡Es
tan
cómodo
decir
que
se
es
agnóstico!
Pero
¿es
tan
inteligente
esta
actitud
o no
será
más
bien
una
ridícula
rendición
del
pensamiento
y de
la
vida
humana?
Decir
que
no
sabemos
nada
de
Dios
y
que
puede
que
exista
o
que
no,
pero
que
no
pasa
nada
y de
hecho,
se
puede
vivir
como
si
no
existiera
es
una
actitud
tan
poco
inteligente
y
tan
poco
humana
como
si
te
comes
una
paella
excelente
en
un
buen
restaurante,
perdón
por
el
ejemplo
pero
me
gustaría
que
se
me
entendiera,
y
mientras
la
preparan,
la
sirven
y te
la
tomas
no
piensas
ni
hablas
de
quién
la
ha
preparado
tan
bien.
Es
como
si
entras
en
tu
habitación
o en
tu
lugar
de
trabajo,
que
habías
dejado
muy
desordenados
y te
los
encuentras
limpios
y
con
cada
cosa
en
su
sitio
y
tampoco
te
preguntas
ni
hablas
de
quién
habrá
ordenado
todo
eso.
La
ley
de
la
mímesis
actual
afirma
que
es
esa
una
actitud
elegante
e
inteligente.
A mi
me
parece
que
denota
otra
cosa:
pereza,
falta
de
interés
por
saber,
somnolencia
existencial.
Además
de
que
para
ser
agnóstico
basta
con
dejarte
arrastrar
por
la
corriente,
hay
algo
más
peligroso.
La
sociedad
mimetizada
declara
la
guerra
a
quien
no
acepte
sus
propuestas,
precisamente
porque
pone
en
duda
su
segura
solidez
y su
pacífica
somnolencia.
¡Ay
de
los
que
crean
en
Dios,
de
los
que
se
atrevan
a
decir
que
saben
que
Dios
existe
y
que
le
conocen
y
que
le
aman,
de
aquellos
para
los
que
Dios
cuente
de
verdad
en
su
vida!
Cuando
la
mimetización
social
ha
dictado
que
el
modelo
agnóstico
es
el
más
correcto
y
aceptable,
hasta
el
personaje
más
corto
de
luces
puede
burlarse
de
quienes
se
dicen
creyentes
porque
sabe
que
el
jefe
de
la
banda
del
barrio,
o el
chulo
de
la
clase
está
detrás
y le
apoya.
Algunos
medios
de
comunicación
le
protegen.
A
quien
se
declare
agnóstico,
dicen
sin
decir,
le
consideraremos
de
nuestra
banda,
uno
de
los
nuestros,
al
creyente,
al
que
se
tome
en
serio
a
Dios,
que
se
prepare
porque
no
quiere
someterse,
no
quiere
obedecer
al
jefe
de
la
banda,
se
empeña
en
ir
contra
la
corriente.
Pero
quien
logra
escapar
a la
red
mimetizante
y se
preocupa
por
quién
es
Dios
y le
conoce
y le
ama
sabe
que
no
está
en
inferioridad
de
condiciones.
Sabe
que
es
libre
porque
reconoce
a
Dios
y
puede
pensar
y
hablar
de
Él.
Su
vida
gana
en
profundidad
y
sentido.
No
se
limita
a
vivir
sin
mirar
hacia
arriba
o
hacia
abajo. |