En el Nuevo Testamento,
Jesucristo dice que el diablo es
“el padre de la Mentira”. No es
poca cosa. Si Jesucristo es la
Verdad, así con mayúscula, entonces
es lógico que el demonio no sólo
odie a Dios, sino a toda verdad y a
toda persona que diga o defienda
verdades. Vivimos tiempos en donde
las falsedades abundan en los medios
informativos. El espíritu del Mal,
Lucifer o “el señor de las moscas”
–nombres no le faltan- está muy
activo en todo ese mundo. Lo que
enseñaban antes en las Escuelas de
Periodismo -¿lo siguen enseñando?-
de que el honor y la gloria del
periodismo es decir la verdad¿está
pasado de moda?. Copio de un
periódico europeo esta máxima:
“No permitas que la realidad te
arruine un buen titular”.
Abundan en nuestro medio los
periodistas que se atienen a ese
principio cínico. Para esos, la
verdad, la realidad, no importa. Lo
que importa es llamar la atención.
Atraer la curiosidad, al precio que
sea. Son aquellos que, ante un
asunto donde un trabajo informativo
riguroso les podría aclarar quién
dice verdad y quién miente,
prefieren la comodidad de una falsa
imparcialidad titulando: “Debate
sobre...” o “Fuerte Polémica
sobre...” No importa quien tiene
razón, si eso no vende.
Visto lo anterior, una de las
pruebas más concluyentes de que la
Iglesia Católica fue fundada por
Dios, es la cantidad de mentiras y
calumnias que ha tenido que sufrir
durante toda su vida. A Satanás las
otras religiones le importan menos.
No hay ninguna institución en el
mundo que haya sufrido tantas
falsedades denigrantes como la
Iglesia Católica, desde su origen y
durante tan largo tiempo. Nuestros
días no escapan a ese hecho. Crece
la moda de escupir toda clase de
falsedades sobre la Iglesia, sus
personalidades y sus instituciones.
A Jesucristo se le presentó hace
años como Super-star, como una
figura del espectáculo musical.
Después en “La última tentación
de Cristo”, de Martín Scorsese,
ya no era sólo superficial
irreverencia, sino verdadero ataque
a su divinidad. Ahora el Código da
Vinci, fue más grosero,
presentándole en concubinato con
María Magdalena. De paso criminaliza
a la Iglesia y a una de sus
instituciones más queridas. Otros
anuncian un cómics televisivo sobre
un Papa loco. La revista
“National Geographic Magazine”,
hasta ayer una revista respetable,
ahora se suma a la campaña
anunciando, a bombo y platillo, un
documento gnóstico, del siglo III o
IV, como si fuera una revelación de
alcance revolucionario en Sagrada
Escritura. Y para poner la guinda
salvadoreña, aquí, un presunto
“investigador histórico”, suelta la
siguiente joya intoxicativa sobre
ese documento: “Eso significa que
los evangelios canónicos de la
Iglesia actual son nada más el
producto de una construcción
intelectual y de una imposición
histórica que se ha venido
desarrollando a lo largo del
tiempo.” La ignorancia, la
irresponsabilidad, o la maldad de
esa afirmación, es de una mayúscula
desfachatez. Hoy el papel de
periódico lo aguanta todo. En cambio
si ese señor hubiera dicho eso en mi
clase de historia de mi Liceo
Francés –liceo nada católico-,
entonces don Miguel Kreisler,
profesor de dicha materia –también
nada católico, pero honrado y
competente- le habría dado una
calificación justa, la más baja, un
redondo cero. ¿Cómo se puede decir
una estupidez tan grande sin
ruborizarse?.
Mi explicación de todos estos
ataques, no sé si será la más
acertada, es lo siguiente: 1º.- Que
el éxito millonario que ha tenido un
bodrio de la magnitud del Código da
Vinci, lleno de errores históricos
descomunales, demuestra que crece el
número de gente que ni sabe historia
ni le interesa saberla. 2º.- Que la
Iglesia Católica no es Bin Laden.
Ante los ataques, protesta de manera
cortés y reza por los que la
denigran. Por lo tanto ¡no hay
peligro! ¡Dadle duro que es de hule
y soporta todo! De paso, atacarla,
puede ser un buen negocio. 3º.- Y lo
más importante: que la Iglesia ocupa
ahora la vanguardia, casi en
solitario, de la defensa de los no
nacidos, de la ética científica, de
la naturaleza y sus leyes, de la
dignidad personal y de la moral
universal, esa que es propia de la
conciencia de todo ser humano. Por
lo tanto, todo lo que sea
desprestigiarla a como dé lugar,
ayuda a la labor de los que manejan
el mundo difundiendo “el pensamiento
único globalizante” y su ética
falsa, esas armas con las que van
sometiendo, entonteciendo y
corrompiendo a las crecientes masas
de ignorantes. Mientras, Satanás ríe
y aplaude.
Luis Fernández Cuervo
fcuervo@telemovil.ne