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LITERATURA PSEUDOHISTÓRCA (R. Cantalamessa y otros) |
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El «Evangelio de Judas», por José Ignacio Munilla
El Código da Vinci
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LITERATURA PSEUDOHISTÓRCA
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"No
podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado
por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones
de personas sea burdamente manipulada por los medios de
comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no
sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana
razón". |
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En su predicación
del Viernes Santo 2006 en la Basílica de San
Pedro, el Predicador de la Casa Pontificia,
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap., antes de
entrar en el tema propio de la celebración
litúrgica dijo la siguientes palabras, que,
por su momento y contexto, revelan la
trascendencia del asunto:
«¡Sed, cristianos, más firmes al
moveros!»
«Vendrá un tiempo en que los hombres no
soportarán la doctrina sana, sino que,
arrastrados por sus propias pasiones, se
harán con un montón de maestros por el
prurito de oír novedades; apartarán sus
oídos de la verdad y se volverán a las
fábulas» (2 Tm 4,3-4)
Esta palabra de la Escritura --sobre todo la
alusión al prurito de oír cosas nuevas-- se
está realizando de modo nuevo e
impresionante en nuestros días. Mientras
nosotros celebramos aquí el recuerdo de la
Pasión y Muerte del Salvador, millones de
personas son inducidas por hábiles
retocadores de antiguas leyendas a creer que
Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad,
crucificado. En los Estados Unidos hay un
best seller del momento, una edición del
Evangelio de Tomás, presentado como
el evangelio que «nos evita la crucifixión,
hace innecesaria la resurrección y no nos
obliga a creer en ningún Dios llamado Jesús»
[1].
«Existe una percepción penosa en la
naturaleza humana --escribía hace años el
mayor estudioso bíblico de la historia de la
Pasión, Raymond Brown: cuanto más fantástico
es el escenario imaginado, más sensacional
es la propaganda que recibe y más fuerte el
interés que suscita. Personas que jamás se
molestarían en leer un análisis serio de las
tradiciones históricas sobre la pasión,
muerte y resurrección de Jesús, son
fascinadas por cada nueva teoría según la
cual Él no fue crucificado y no murió,
especialmente si la continuación de la
historia incluye su fuga con María Magdalena
hacia La India... [o hacia Francia, según la
versión más actualizada]… Estas teorías
demuestran que cuando se trata de la Pasión
de Jesús, a pesar de la máxima popular, la
ficción supera la realidad y frecuentemente,
se pretenda o no, es más rentable» [2].
Se habla mucho de la traición de Judas, y no
se percibe que se está repitiendo. Cristo
sigue siendo vendido, ya no a los jefes del
Sanedrín por treinta denarios, sino a
editores y libreros por miles de millones de
denarios... Nadie conseguirá frenar esta ola
especulativa que, es más, registrará una
crecida con la inminente salida de cierta
película; pero habiéndome ocupado durante
años de Historia de los Orígenes Cristianos,
siento el deber de llamar la atención sobre
un equívoco descomunal que está en el fondo
de toda esta literatura pseudohistórica.
Los evangelios apócrifos sobre los que se
apoya son textos conocidos de siempre, en
todo o en parte, pero con los que ni
siquiera los historiadores más críticos y
hostiles hacia el cristianismo pensaron
jamás, antes de hoy, que se pudiera hacer
historia. Sería como si dentro de algún
siglo se pretendiera reconstruir la historia
actual basándose en novelas escritas en
nuestra época.
El error garrafal consiste en el hecho de
que se utilizan estos escritos para hacerles
decir exactamente lo contrario de lo que
pretendían. Estos forman parte de la
literatura gnóstica del siglo II y III. La
visión gnóstica --una mezcla de dualismo
platónico y de doctrinas orientales
revestida de ideas bíblicas-- sostiene que
el mundo material es una ilusión, obra del
Dios del Antiguo Testamento, que es un dios
malo, o al menos inferior; Cristo no murió
en la cruz porque jamás había asumido, más
que en apariencia, un cuerpo humano, siendo
éste indigno de Dios (docetismo).
Si Jesús, según el Evangelio de Judas,
del que se ha hablado mucho estos días,
ordena Él mismo al apóstol que le traicione
es porque, muriendo, el espíritu divino que
está en Él podrá finalmente liberarse de la
implicación de la carne y volver a subir al
cielo. El matrimonio orientado a los
nacimientos hay que evitarlo (encratismo);
la mujer se salvará sólo si el «principio
femenino» (thelus) personificado por
ella se transforma en el principio
masculino, esto es, si deja de ser mujer
[3].
¡Lo cómico es que actualmente hay quien cree
ver en estos escritos la exaltación del
principio femenino, de la sexualidad, del
pleno y desinhibido goce de este mundo
material, en polémica con la Iglesia oficial
que, con su maniqueísmo, siempre habría
conculcado todo ello! El mismo equívoco que
se observa a propósito de la doctrina de la
reencarnación. Presente en las religiones
orientales como un castigo debido a culpas
precedentes y como aquello a lo que se
anhela poner fin con todas las fuerzas,
aquella es acogida en occidente como una
maravillosa posibilidad de volver a vivir y
a gozar indefinidamente de este mundo.
Son asuntos que no merecerían tratarse en
este lugar y en este día, pero no podemos
permitir que el silencio de los creyentes
sea tomado por vergüenza y que la buena fe
(¿o la necedad?) de millones de personas sea
burdamente manipulada por los medios de
comunicación sin levantar un grito de
protesta en nombre no sólo de la fe, sino
también del sentido común y de la sana
razón. Es el momento, creo, de volver a oír
la advertencia de Dante Alighieri:
«Sed, cristianos, más firmes al moveros:
no seáis como pluma a cualquier soplo,
y no penséis que os lave cualquier agua.
Tenéis el antiguo y nuevo Testamento,
y el pastor de la Iglesia que os conduce;
y esto es bastante ya para salvaros…
¡Sed hombres, y no ovejas insensatas!». [4]
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Messori
explica lo que se sabe y lo que no se sabe
de Judas
ROMA, 16 Abr. 06
(ACI).-“La
Herejía del Iscariote benemérito” es el
título de un artículo en el que el polemista
católico italiano Vittorio Messori demuestra
el absurdo que subyace sobre la idea de un
Judas “bondadoso” que sostiene el polémico
documental “El evangelio de Judas”,
difundido el Domingo de Ramos por National
Geographic.
Messori, autor de
“Informe sobre la Fe” y del libro-entrevista
con el Papa Juan Pablo II “Cruzando el
Umbral de la Esperanza”, escribe en el
diario Corriere della Sera que “hace ya
dieciocho siglos la Iglesia condenó una
herejía gnóstica entre muchas, aquella de
los ‘cainitas’ que valorando en clave
antijudía las figuras negativas de la
Escritura, planteaba la hipótesis de un
Iscariote benéfico, traidor a pedido del
mismo Jesús”.
Messori se sorprende que
un texto que ya era conocido hace mil 800
años y condenado por los Padres de la
Iglesia haya merecido el “clamor
mediático sospechoso de intereses
comerciales” que en realidad “no revela
nada de nuevo, salvo algunos de los textos
precisos sobre los cuales cayó la condena
católica”.
No sin ironía, el
polemista italiano señala que “si ninguno
habla de las infinitas ridiculeces
heterodoxas de textos apócrifos del Nuevo
Testamento, tal vez es no sólo porque los
periodistas saben poco, sino porque ninguna
empresa ha pensado en aprovecharlos para
vender revistas, libros y DVDs”.
“Y también porque aún no
se ha decidido (al menos por ahora, aunque
se está acercando el momento) insertarse en
el grotesco filón pseudo-biblico del
cual Dan Brown es apenas el proveedor más
afortunado”, agrega.
Messori sí reconoce que
entre los exegetas católicos existen
legítimas discrepancias sobre lo que movió a
Judas a traicionar a Jesús.
En el Triduo Pascual,
opina el autor, Benedicto XVI se adhiere a
la tesis que señala que Judas
traicionó porque “valoraba
a Jesús según las categorías del poder
y del éxito: para él el amor no cuenta, sólo
el poder y el éxito son realidad”.
Esta interpretación
severa de la traición de Judas, dice Messori,
se fundamenta en que Judas, como los hebreos
de su tiempo esperaba un Mesías vencedor;
“pero la desilusión comenzó a crecer, frente
al rechazo de Jesús de asumir un papel
político”.
Judas, entonces, habría
traicionado no por las treinta monedas –que
eran el precio de un esclavo de poco valor–
sino que era “la manera, pensaba, de poner a
Jesús con la espalda contra la pared, de
presionar a aquel Mesías temeroso y tardo en
desplegar su poder: para no ser
capturado habría finalmente mostrado cuál es
el poder de Dios que lo había enviado”.
El fracaso del proyecto
de Judas, señala Messori, explican su
desesperación y “la crisis que los llevó al
suicidio”.
Aunque el Papa se adhiere
a esta postura, sigue siendo una hipótesis y
por ello la Iglesia no ha definido las
motivaciones del traidor. Pero de lo que
no cabe duda, es que se trató de un acto
conciente, maligno y libre.
“Sólo Dios sabe qué es lo
que pasó en el corazón de aquel
desventurado, y cuáles fueron las
motivaciones profundas de la decisión
fatal”.
Sin embargo, Messori
concluye señalando que, incluso respecto de
Judas, la Iglesia mantiene su postura: de
nadie puede afirmarse que se ha condenado
con absoluta certeza, ni siquiera de
quien Jesús dijo que “más le valdría no
haber nacido”.
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Judas,
Alí Agca, negocio... y algo más
Por
José Ignacio
Munilla
El diario vasco
14.04.2006
Cuando en Junio del 2000 el Papa
«desclasificaba» el tercer secreto de
Fátima, dando a conocer que se trataba de
una profecía en la que un obispo vestido de
blanco caía bajo las balas, Alí Agca, el
autor del atentado del 13 de Mayo de 1981 en
la plaza de San Pedro del Vaticano,
aprovechaba la circunstancia para declararse
una víctima inocente del destino, ya que él
solo había sido la pieza elegida por la
providencia para el cumplimiento de la
profecía. Su «apelación», lógicamente, no
prosperó; y al margen de algunos comentarios
irónicos por la oportunidad de su
ocurrencia, nadie tomo siquiera en
consideración la sola posibilidad de reabrir
el caso del terrorista turco.
Pero ahora resulta que, el National
Geographic, en vísperas de Semana Santa y
con el rumor de fondo de El Código Da Vinci,
anuncia a bombo y platillo la publicación de
un manuscrito copto conocido como el
Evangelio de Judas, perteneciente a una
secta gnóstica herética del siglo II -los
cainitas-. El tal documento, presenta a
Judas, el Iscariote, como el más santo y
perfecto de los apóstoles, ya que fue el
instrumento divino para la salvación del
mundo. En labios de Jesús se pone la
siguiente frase: «Tú, Judas, serás superior
a todos; a través de ti sacrificaré al
hombre del que me visto».
Es típico del pensamiento gnóstico, dentro
del cual estaba encuadrada la secta cainita,
autora de este manuscrito, la concepción
determinista de la historia que anula la
libertad del hombre. Nosotros, los
cristianos, creemos que Dios es
«omnisciente»; es decir, que conoce el
pasado, presente y futuro; pero añadimos que
eso no supone que el conocimiento de Dios
condicione nuestra libertad. Es verdad que
nuestra historia personal está inmersa en
los planes providentes de Dios; pero cada
uno es responsable de sus actos y es sujeto
activo de su destino. Al contrario de lo que
piensan las herejías gnósticas, Dios es el
mayor defensor de la libertad del hombre.
Partiendo de sus principios deterministas,
los cainitas, al igual que muchas de otras
herejías de tendencia gnóstica, profesaban
una gran veneración por los personajes
condenados en la Biblia: Caín, Esaú, Judas,
etc y, ¿a buen seguro que hubiesen sido los
mejores mentores del turco Alí Agca! Un
auténtico batiburrillo de pensamiento, que
tenía su raíz última en la concepción
dualista de la existencia. Mientras que los
cristianos creemos que Dios creó todo bueno,
y que fue nuestro pecado el que introdujo el
mal en el mundo, las herejías gnósticas
piensan que hay dos dioses: el Dios del bien
y el dios del mal. Las cosas espirituales
son creadas por el primero, mientras que las
materiales son fruto del dios malo. Hasta
tal extremo llegan en su concepción dualista
entre materia y espíritu, que incluso
condenan la sexualidad, la misma
procreación, y hasta la propiedad privada.
¿Todo eso es carnal y hay que desprenderse
de ello! Así entenderemos la frase que antes
hemos citado: «Tú, Judas, serás superior a
todos; a través de ti sacrificaré al hombre
del que me visto»; es decir, Jesús suspira
por desprenderse de su condición humana,
como si de un disfraz se tratase. El
pensamiento gnóstico conduce a negar la
encarnación, haciéndose más anticristiano,
si cabe.
Y lo más curioso de este auténtico lío de
ideología gnóstica, es que su concepción
negativa de todo lo material, no les lleva
precisamente a poner más resistencia al mal,
como hubiese parecido lógico; sino que al
mismo tiempo caen en un sentimiento
fatalista de la existencia. Como estamos
determinados por el destino y no tenemos
libertad de elección, pues entonces, barra
libre para todo tipo de depravaciones ¿Viva
Judas, Caín y todos los malvados de la
historia!
Pero hay más todavía: este manuscrito del
siglo III o IV, traducción al copto de su
original griego del siglo II, ya fue
comentado y rebatido como herético por San
Ireneo en el año 180, en su libro Contra los
herejes. Por supuesto, no nos descubre
ninguna fuente nueva para conocer a
Jesucristo, sino que al leerlo directamente,
nos confirma los motivos por los que San
Ireneo incluyó a esta secta en la categoría
de hereje. Ni que decir tiene que las
posibilidades de que ese manuscrito fue
escrito por el apóstol Judas son
inexistentes; entre otras cosas porque
mientras Judas se suicidó en el año 33, el
original griego del manuscrito copto que
ahora se da a conocer puede estar escrito
casi un siglo y medio más tarde. Sería como
si uno de nosotros escribiese ahora un libro
sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos
y pretendiese presentarlo como una fuente
histórica fidedigna de aquellos
acontecimientos.
¿Cómo explicar entonces el alcance mediático
alcanzado por la publicación de este
manuscrito? El motivo es triple: el primero,
económico; el segundo, ideológico, y el
tercero, espiritual. Una publicación de este
tipo, lo lógico es que hubiese tenido una
tirada muy corta, destinado a los
especialistas en literatura gnóstica y por
los estudiosos de la patrística de los
primeros siglos. Y ahora resulta, que el
National Geographic tendrá una difusión
millonaria, por el morbo de estar ofreciendo
un supuesto «descubrimiento sensacional que
cambia la concepción del cristianismo». ¿Se
van a forrar a costa de la ignorancia de
muchos, y de la hábil destreza de unos pocos
para lanzar de forma periódica reiterados
hallazgos novedosos que supuestamente
socavarían las bases de nuestra fe católica!
Lo importante de esta estrategia suele ser
el impacto del lanzamiento, y no tanto el
seguimiento posterior de la noticia.
Pongo un ejemplo de lo anterior. El año 2002
se servia un auténtico notición: ¿se había
encontrado en Israel una urna funeraria con
una inscripción en arameo en la que se leía:
«Jacob, hijo de José, hermano de Jesús»! El
supuesto hallazgo tuvo una resonancia muy
grande, porque parecía demostrar que la
Virgen María tuvo más hijos; y, a partir de
aquí, se creaba un clima de desconfianza
hacia la predicación tradicional de la
Iglesia. Aquel hallazgo dio lugar a
múltiples tertulias radiofónicas y
televisivas de cariz crítico, fue también un
caldo de cultivo inmejorable para la
extensión del género literario de novela
esotérica anticatólica, al estilo del Código
Da Vinci. Pues bien, dos años más tarde, un
tribunal Israelí condenó a un tal Oded Golan,
un rico coleccionista, por haber falsificado
aquella urna funeraria, haciéndonos creer
que era una reliquia bíblica. Ni que decir
tiene que el final de esta historia no ha
llegado a conocimiento de la opinión
pública, por el motivo de que carecía de
morbo para ser reseñado por los medios de
comunicación.
Más allá de la denuncia del afán de
enriquecimiento a costa del engaño de las
masas, es también necesario caer en cuenta
que la proliferación de los Códigos Da Vinci
de turno, la extrapolación y tergiversación
de cualquier hallazgo arqueológico o
documental, las falsificaciones interesadas,
etc , forman parte también de un ataque
calculado contra la fe católica. Nuestra
cultura se está convirtiendo en la cultura
de la duda sistemática y del relativismo.
Como el cristianismo se presenta como el
último reducto que se resiste a ser
absorbido por la cultura dominante, los
ataques que se le dirigen son tan fuertes
como sofisticados No podemos ser ingenuos
ante la realidad de la dictadura del
relativismo.
Añádase a lo anterior que esta tendencia
actual de la new age, que en el fondo es una
reedición del gnosticismo de los primeros
siglos, responde al deseo de todo ser humano
de adentrarse en lo misterioso y lo
espiritual. Bien es cierto que el hacerlo de
esta forma, lleva consigo el inevitable
peligro de deformar el misterio a la
conveniencia e ideología dominante.
Pretenden llenar el espacio de la
religiosidad natural del ser humano, pero
desligándolo de todo compromiso moral,
personal o social. ¿Siempre vendrá algún
libertador al modo de «escritor e
investigador», que nos anuncie que ha
encontrado algún manuscrito secreto
custodiado por los templarios, gracias al
cual podamos abrir los ojos y descubrir que
nuestros antiguos compromisos morales y
eclesiales eran un mero invento de algún
cardenal malo! Es la perfecta religión
Light: se sacia la curiosidad por lo trascen-dente,
liberándonos al mismo tiempo de cualquier
compromiso de vida. El fenómeno sería
cómico, si no fuese porque hemos conocido a
más de un creyente poner en duda sus
convicciones de fe.
Más información,
en
Veritas.com
El evangelio según Judas y las
“nuevas” revelaciones sobre Jesús
|
Miguel Pastorino, director del
Servicio para el Estudio y
Asesoramiento sobre Sectas y Nuevos
Movimientos Religiosos del Uruguay
(SEAS)
Declaración del presidente de la
Conferencia Episcopal de Chile sobre
el Evangelio de Judas:
http://www.zenit.org/spanish/
2006-04-13, Código: ZS06041320 |
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Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós |
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Enviado por El diario vasco - 14/04/2006 |
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