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LA OLA DEL «CÓDIGO» (José Miguel Cejas)

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«El Código Da Vinci» Una ocasión formidable

LA OLA DEL «CÓDIGO»





El Código da Vinci,  fiel a los contenidos de la novela de Dan Brown: propuesta de una nueva fe, con un Evangelio en clave New Age y una historia de la Iglesia contada en cuatro trazos deformados.

LA OLA DEL CÓDIGO : UNA OCASIÓN FORMIDABLE
Por José Miguel Cejas

ESCRITOS ARVO 

19 de mayo de 2006

 

 

El próximo 19 de mayo se estrenará en España el Código da Vinci, una película que según Sony, la productora, será fiel a los contenidos de la novela de Dan Brown.

 

Son conocidas las tesis del autor americano: afirma que la verdadera historia del cristianismo fue adulterada por el partido de “los vencedores” –los seguidores de san Pedro- , que ocultaron a la posteridad “el Gran Secreto”.


Siguiendo las invenciones de algunos autores de la New Age, que el autor parece tomar en serio, ese “Gran Secreto” es que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo una descendencia que perdura en la actualidad. La divinidad de Cristo, en consecuencia, sería un montaje del emperador Constantino y el resultado de una votación en el Concilio de Nicea: “La Biblia –se afirma en la novela- es un producto del hombre, querida. No de Dios… La Biblia, tal como la conocemos en nuestros días, fue compilada por el emperador romano Constantino el Grande, que era pagano”.

 

“El secreto que yo revelo –afirmaba Brown en una entrevista- ha sido susurrado durante siglos. No me pertenece. De acuerdo: quizá sea esta la primera vez en que el secreto ha sido revelado mediante el formato de una novela popular de suspense, pero la información no es nueva en absoluto”.

 

Desde el principio -se asegura en la novela- la asesina y malvada Iglesia católica ha matado sin cesar para que nadie descubriera su “vicio de origen”; un que sólo conocerían unos cuantos privilegiados, como Leonardo da Vinci -que lo transmitió en sus cuadros por medio de claves- o el mismísimo Walt Disney…

 

 

¿Por qué ha alcanzado tanto éxito?

 

El crítico del The Times de Londres afirmaba que “este libro es, sin duda, el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado y populachero ejemplo de pulp fiction que he leído”. Sin embargo, aunque la crítica, en su conjunto, haya sido demoledora, el número de ediciones se multiplica y el libro se ha traducido a más de cuarenta lenguas. ¿Qué sucede?

 

Para entender el fenómeno “ola da Vinci” –una ola que ahora vuelve con fuerza renovada, a raíz del estreno de la película- conviene recordar que el éxito de la novela no radica tanto en la trama (elemental); en la calidad literaria (más bien tosca); ni en el retrato de los personajes (planos y convencionales) o en el suspense;  sino, en gran medida, en las conclusiones personales a las que llegan muchos de sus lectores, que encuentran en sus páginas una excusa “científica” para tirar su propia fe a la papelera.

 

 

Brown hace gala de una gran habilidad: consigue atrapar al lector en una acción interesante –aunque elemental- mientras le ofrece elementos de reflexión. Las reacciones son distintas. Para unos es un simple pasatiempo y le perdonan  al autor la mezcla de datos verdaderos con otros totalmente falsos, presentándolos como si fueran la historia “pacíficamente aceptada” por los historiadores. Otros no aceptan esa especie de propuesta de una nueva fe, con un Evangelio en clave New Age y una historia de la Iglesia contada en cuatro trazos deformados.

 

 

Un cristianismo de temporada

 

Brown ofrece en su libro- ayudado por una costosa y eficaz mercadotecnia- el producto de fácil consumo que tantos esperaban: un Jesús de diseño políticamente correcto, con un mensaje evangélico conformista con los tiempos que corren, peinado ideológicamente según la moda y gustos del momento; un cristianismo de temporada, que permite a cualquiera autodenominarse “cristiano” aunque su estilo de vida, conducta y convicciones personales se muevan en coordenadas totalmente apartadas del verdadero mensaje de Cristo.

 

En vez de un Hijo de Dios, Brown propone un hombre excepcional adaptado a las exigencias del guión que obliga a pensar que cualquier hecho sobrenatural (milagros, etc.) ha sido necesariamente inventado por la Iglesia. En vez de un Cristo salvador y redentor, muerto y resucitado, que compromete con su vida y su mensaje, se ofrece un líder de póster y camiseta  que no pide ni exige absolutamente nada en lo personal, salvo una admiración afectuosa.

 

Esta es parte de la clave del éxito de Brown: logra que muchos de sus lectores acaben apostando por el Cristo prefabricado que les ofrece, un Jesús travestido en feminista radical, a tono con los dictados actuales de un determinada “liberación” de la mujer, y compatible con casi todo: el agnoticismo, el ateísmo o la ideología de género.

 

Como era previsible, Borwn pone en los labios de su Cristo de diseño un mensaje permisivo en lo sexual que parece bendecir cualquier tipo de relación. Un Jesús gnóstico, New-age… ¿Alguien da más?

 

 

¿No estaremos exagerando?

 

Si sólo es una novela –se preguntan algunos- ¿para qué preocuparse? ¿No estaremos exagerando? Pero no es una simple ficción; si lo fuera, la ola da Vinci no merecería mayor atención. El problema es la confusión que provoca en tantos lectores –y probablemente futuros espectadores de la película-, que parecen dispuestos a arrojar al fuego, por ignorancia, muchas de sus convicciones y valores, convencidos de que les han mostrado la verdad histórica.

 

¿Qué hacer? Los buscadores de la verdad, los amantes de la historia, los cristianos de cualquier confesión que conocen la realidad de su fe, han comprendido que no es el momento de montar una falla, y menos con el ninot caricaturizado e irrespetuoso de Dan Brown. Esto, además de darle publicidad gratuita al libro y la película, llevaría al mismo error que se denuncia: la agresión indiscriminada, el linchamiento público de personas e instituciones.

 

Es el momento, por el contrario,  de construir edificios sólidos; la ocasión de hablar de Jesús con rigor histórico y científico; de fomentar el estudio de la fe y el sentido crítico; la oportunidad para que muchos conozcan el Evangelio. Parece  más eficaz aprovechar esta ola para mostrar la historia de la Iglesia con seriedad, amenidad y amor a la verdad; para fomentar el respeto y la tolerancia ante las convicciones religiosas de los demás; informando sobre las actividades de solidaridad que promueven los católicos en el mundo.

 

Floater

 

Este fenómeno ha puesto de relieve de forma patente las carencias formativas de muchos católicos actuales, que lo desconocen casi todo sobre Cristo, sobre su fe, sobre la historia de la Iglesia. Es un momento para que los padres de familia se formulen algunas de estas preguntas. ¿Cómo es posible que un número tan elevado de jóvenes que se consideran cristianos no dispongan de  suficientes elementos críticos para formarse su propio juicio? ¿Cómo les transmitimos esa fe en el hogar?

 

En algunos países -España entre ellos- parece faltar una profundización personal en los contenidos  doctrinales de la propia fe  (reducida con frecuencia  a un manojo de preceptos morales) fruto de una reflexión personal y sincera, unida al estudio y al ejercicio del sentido crítico. Durante décadas, muchos padres y educadores se han limitado a transmitir un conjunto de “sentimientos religiosos” que resultan insuficientes: la ola del Código lo confirma.

 

Se lamentaba Mauriac por la falta de una “inteligencia católica” que sepa aunar la fe, la razón y el sentido crítico en medio de las campañas mediáticas de uno y otro signo. Juzgaba el novelista francés- posiblemente con excesiva severidad- que los padres y educadores cristianos se habían limitado durante décadas a formar “sensibilidades católicas”.

 

La “ola da Vinci” es  un embate más –pero con una fuerza mediática espectacular- dentro de la marejada secularista contemporánea. Ofrece una oportunidad magnífica: aprovechar la propia fuerza del fenómeno, el interés que ha suscitado hacia Jesús y la Iglesia, para dar a conocer con mayor profundidad la figura de Cristo,  particularmente a los jóvenes.

 

En lenguaje surfista se denomina floater a la capacidad para deslizarse por la cresta de la ola. ¿Sabrán los católicos aprovechar esta ocasión sin perder el equilibrio?

 


                                                                              José Miguel Cejas

                                                                       Doctor en Ciencias de la Información

 

 

 

Breve entrevista al autor de este artículo sobre El Código da Vinci

 
¿El Código da Vinci es una novela histórica?


No, ya que el autor no se basa en la historia real, ni en datos fiables. Se inventa hechos, imagina teorías y confunde los datos, desfigurándolos. Mezcla sucesos imaginarios con otros que sólo parcialmente reales, y presenta engañosamente el resultado como si fuera el fruto de unas "investigaciones históricas serias".


¿Qué ha dicho la crítica sobre la novela?

La crítica, en general, ha sido muy negativa: de hecho, ningún crítico literario de prestigio, tanto católico como no católico, ha valorado positivamente la novela.


¿Cuál es el mensaje esencial de El Código da Vinci?

Dan Brown hace acusaciones muy graves contra Jesús y la Iglesia Católica, para concluir que, gracias a él y a su novela, la humanidad ha descubierto por fin la verdad sobre Jesús y la Iglesia. Hace algunas afirmaciones de este calibre

. Afirma que la divinidad de Cristo es un montaje.
. Dice que Jesús se casó con María Magdalena, con la que tuvo una
hija.
. Presenta a Jesús y María Magdalena como una dualidad masculino-femenina, como los dioses paganos Marte y Atenea, Isis y Osiris.
. Afirma que los descendientes de Jesús acabaron emparentando con los
Merovingios al cabo de los siglos.
. Criminaliza la Iglesia, presentándola como una gran asesina, que ha engañado a la humanidad durante veinte siglos; como un gran aparato de represión antifeminista a lo largo de la historia.


¿La película tiene el mismo contenido de fondo que la novela?

Según las declaraciones que han hecho hasta ahora sus promotores, sí. El rodaje comenzó en París el 30 de junio de 2005 y continuó en los estudios Shepperton de Londres y en otros lugares de Europa. La Abadía de Westminster se negó a que se filmara en su interior, por considerar que el guión se inspira en un texto "teológicamente ridículo"; y lo mismo sucedió la iglesia de San Sulpicio y en la de Santa María de las Gracias. Ninguna gran catedral católica o protestante ha aceptado que se filme una película como ésta en su interior. Si el guión de la película es fiel a la novela, contendrá numerosos elementos agresivos contra la sensibilidad religiosa cristiana.

 
Para finalizar, ¿algunas lecturas recomendables?

Desde luego, la Sagrada Biblia y los Cuatro Evangelios. El profesor Francisco Varo acaba de publicar dos obras muy interesantes: un estudio titulado Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C, Madrid 2005) y un libro de divulgación, orientado sobre todo a los jóvenes: ¿Sabes leer la Biblia? Una guía de lectura para descifrar el Libro Sagrado (Planeta Barcelona 2006). Se han publicado varios análisis específicos de El Código da Vinci, como los de Amy Welborn, Descodificando a Da Vinci (Palabra, Madrid 2004) y de Ullate Fabo, La verdad sobre el Código da Vinci (Libros Libres, Madrid 2004. Para una información más exhaustiva, consultar Conelpapa.com (
http://www.conelpapa.com/codigo)

Redacción Arvo


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Enviado por ARVO - 10/05/2006 ir arriba
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