GNOSTICISMO Y DOCETISMO
El gnosticismo.
El gnosticismo es una amalgama de
doctrinas místicas (religiones
caldeas, persas y egipcias),
filosóficas (sobre todo platónicas)
y cosmogónicas. Tuvo una rápida
propagación. Esta doctrina aplicada
al Salvador conduce directamente al
docetismo, por considerar que la
materia es mala, y, en consecuencia,
negar que Cristo tuviera verdadero
cuerpo material.
El docetismo.
Es una doctrina que enseña que el
cuerpo de Cristo carece de realidad
material, carnal; sólo es
apariencia. Lo único real en Cristo
sería lo divino; por tanto, su
Pasión fue aparente[1].
Ya en la Sagrada Escritura aparecen
algunas referencias a esta corriente
herética: 1Tim 2,5; 1Jn 4, 2-3; 2Jn
7.
Formas de docetismo.
a) El hombre Jesús fue un
receptáculo pasajero en el que entró
Cristo en el momento del Bautismo y
de donde salió antes de la
crucifixión (Valentín).
b) El nacimiento, la vida y la
muerte de Cristo no fueron más que
apariencia sin realidad (Marción)
c) Cristo tuvo un cuerpo visible,
capaz de sufrir, pero ese cuerpo ni
era ni material, ni fue engendrado
de la sustancia física de la Virgen;
él no hizo más que pasar a través de
María (Apeles).
d) En la cruz murió realmente un
hombre, pero no fue Jesús, sino
Simón de Cirene, que había permutado
sus rasgos físicos con Jesús (Basílides).
La refutación del docetismo en los
Padres de la Iglesia.
El docetismo no ha sido objeto de un
refutación específica, por estar
mezclado con otras doctrinas. San
Ignacio de Antioquía combate a los
primeros docetas que se extendían
por las primeras comunidades
cristianas a las que él escribía[2].
San Ireneo de Lyón combate el
docetismo gnóstico. En el
Adversus haereses ataja
radicalmente la sutil distinción de
dos personas en el Salvador: Jesús y
Cristo. San Ireneo insiste en que
Jesús y Cristo no son más que uno
solo: el Hijo de Dios encarnado[3].
Tertuliano refuta el docetismo de
Marción, que sustraía al Salvador de
la acción del Creador, que era
distinto del Ser Supremo y defiende
con fuerza la realidad de la carne
de Cristo[4].San
Agustín ataca el docetismo maniqueo,
según el cual, la materia pertenece
al principio del mal. El cuerpo del
Salvador no tendría relación con lo
material, ni con la carne humana.
En la Edad Media rebrotó el
docetismo en los albigenses y
bogomilos; fue condenado en el
concilio Lateranense IV (a. 1215), y
en el de Lyon (a.
1245).
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