Relato de Alejandro Llano
Anciano y ciego, el escritor argentino
Jorge Luis Borges se encontraba ante una
audiencia multitudinaria en la Universidad
limeña de San Marcos. La revolución
-provocada esta vez, curiosamente, por
militares- parecía estar de nuevo a la orden
del día, e impregnaba el ambiente académico
de ese tono irreal y crispado que algunos
conocemos bien. Los estudiantes insultaban a
Borges porque algunas de sus
recientes declaraciones chocaban
clamorosamente con la ortodoxia
revolucionaria que aquellos universitarios
se sentían obligados a obedecer. Tras largos
minutos de escándalo, durante los cuales
Borges contemplaba el vacío con su
mirada ciega, se hizo por fin el silencio.
Borges comenzó a hablar de literatura
con voz queda y quebrada. La luminosidad y
la belleza comparecieron. El auditorio pasó
de la rabia a la fascinación. Terminada la
conferencia, llegó el turno de preguntas. La
primera valió por todas: «¿Cómo es posible
que un hombre tan culto e inteligente como
usted, señor Borges, se empeñe en
oponerse al curso de la historia?». La
respuesta no tuvo desperdicio: «Oiga, joven,
¿no sabe usted que los caballeros sólo
defendemos causas perdidas?».
En: Alejandro Llano, El diablo es
conservador, Eunsa 2001, pág. 17
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ANÉCDOTAS GENIALES
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