Jueves - 17.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Art. A. Orozco Antonio Orozco
Andrés Ollero Tassara Andrés Ollero
A. R. Rubio Plo A. R. Rubio Plo
F. Acaso F. Acaso
Francisco de Borja Santamaría Francisco de Borja Santamaría
Javier Láinez Javier Láinez
José María Barrio Maestre José María Barrio Maestre
Juan José García Noblejas Juan José García Noblejas
Jesús Ortiz López Jesús Ortiz López
Juan Luis Lorda Juan Luis Lorda
J.R. García Morato J. R. García-Morato
Jutta Burggraf Jutta Burggraf
Luis Alonso Somarriba Luis Alonso Somarriba
Luis Olivera Luis Olivera
Lluís Pifarré Lluís Pifarré
Natalia L. Moratalla Natalia L. Moratalla
Ramiro Pellitero Ramiro Pellitero
RODRIGO GUERRA LÓPEZ Rodrigo Guerra López
Tomás Melendo Granados Tomás Melendo
Escritos Arvo Escritos Arvo
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.
Estás en: Autores > Andrés Ollero

DIME PARA QUE RECUERDAS... (Andrés Ollero)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Günter Grass ha decidido abrir su armario político

Dime para qué recuerdas...

Günter Grass –antes morir que pasar inadvertido– ha decidido abrir su armario político. En un ataque de memoria se ha prestado a recordar lo que hasta ahora había olvidado...

Por Andrés OLLERO*
Catedrático de filosofía del derecho

Universidad Rey Juan Carlos (MADRID)

Arvo Net,20.08.2006

 

 

COINCIDÍA siempre en el campo de Bad Aibling con los de mi edad. Cuando llovía, los que teníamos 17 años nos agachábamos en un hoyo que habíamos hecho en el suelo y extendíamos sobre él una lona. Éramos cien mil prisioneros de guerra concentrados a cielo abierto. Uno de ellos se llamaba Joseph, era católico a todas luces y de vez en cuando soltaba como si tal cosa citas en latín. Fue mi amigo y compañero de partidas, ya que yo había podido conservar un cubilete con dados. Compartíamos el tiempo, jugábamos a los dados, charlábamos y especulábamos sobre el futuro, dado que afortunadamente éramos jóvenes. Yo quería ser artista y él dedicarse a la carrera eclesiástica. Me pareció un poco introvertido, pero era un buen chaval. Una simpática historia, ¿verdad?".

 

Espero haber traducido bien. Günter Grass –antes morir que pasar inadvertido– ha decidido abrir su armario político. En un ataque de memoria se ha prestado a recordar lo que hasta ahora había olvidado: siendo joven se vistió de uniforme por propia voluntad; y no se alistó en el cuartel más próximo sino que se enroló en las SS. Las reacciones que observo durante estos días en el entorno cultural alemán han sido lógicamente variopintas, tendiendo a respetuosas. Había ejercido durante decenios como el tábano llamado a mortificar cualquier actitud de los biempensantes: insistió como, entre nosotros, algunos ahora en que no se había aplicado suficientemente al pasado la prueba del algodón de la memoria; tras la reunificación, defendió frente a los autosatisfechos wesis el tácito turno en contra planteado por los osis. Todo antes que dejar de dar la lata; aunque fuera tocando el tambor. Ahora ha optado por aplicarse su propia medicina. Un poco tarde, para más de uno; antes del Nobel habría quedado mejor...

 

Alemania lleva decenios aprendiendo a convivir con la memoria. El museo de los horrores del campo de concentración de Dachau se cierra con un mensaje sintomático: "El que olvida la historia se condena a repetirla". En España somos aprendices; más de uno parece liarse con la traducción: "Repitamos la historia, antes de que se nos olvide". No es extraño que no se muestren capaces de apreciar en lo que vale nuestra Transición. Sus protagonistas se están viendo injustamente ninguneados; también a Felipe González le están sirviendo ahora la medicina con la que tan generosamente atiborró a Suárez para borrarlo del mapa. Ellos hicieron de la memoria histórica su mejor arma; todo antes que resucitar páginas que entre los que tuvieron la suerte de no soportarlas sólo pueden suscitar vergüenza ajena. Nada más eficaz para reabrir hostilidades, repitiendo la historia, que imponer al adversario el monopolio del error; e incluso el del horror. No es la memoria sino la ambición lo que invita a desenterrar muertos, con la esperanza de poder convertirlos en arma arrojadiza. Por eso quienes siempre han cultivado más nobles objetivos se niegan a entrar en el juego; la familia Lorca da elocuente prueba de ello.

 

Quien jugaba a los dados con Günter Grass entre latinajo y latinajo, fruto de un envidiable Bachillerato, era Joseph Ratzinger; simpático, ¿verdad? Su armario político se lo abrieron a empellones. No había bastado con Pío XII; un presunto papa nazi sabía a poco. Le montaron la habitual inquisición laicista. Aclaró sin remilgos cómo fue tardíamente movilizado, muy a su pesar, y que no movió un dedo para formalizar el obligado encuadre en las juventudes del partido.

 

Grass ha tenido la elegancia de no pretender justificar lo que él mismo habría considerado injustificable. Ha recordado, eso sí, que pretendía alistarse en los submarinos y que si recaló entre la tropa de las SS fue por considerarlo un cuerpo de élite. Antes que pasar por tonto, sugiriendo que todo por allí andaba en orden, ha aportado un interesante dato sobre su capacidad para soportar el tufo nazi: flotaba en el ambiente una actitud antiburguesa que se lo hacía respirable. Los fascismos ya se sabe: nunca han visto, antes o después de la guerra, con buenos ojos las libertades burguesas. Ratzinger ha aportado a su vez algún dato relevante. Su padre, católico practicante, marcó desde el principio distancias con unos planteamientos contrarios a sus convicciones. No veía en Hitler sino una inevitable fuente de males. Sus raíces cristianas no resultaron en absoluto irrelevantes. Cuando no se ha apostado por la negación como sentido de la propia vida resulta más fácil rechazar el mal; nunca cabrá justificarlo contra nadie.

 

La memoria, honestamente cultivada, invita a aprender de los propios errores; nunca será tarde para aprestarse a ello. Cuando tal recurso no tiene otro objetivo que desnudar al vecino, se está a un paso de la violación. La frontera entre memoria y rencor es tan sutil como la que a duras penas separa justicia y venganza. Lo decisivo no será qué se recuerda o deja de recordar, sino por qué y para qué. Si se trata de no repetir la historia, toda memoria resultará poca; si de lo que se trata es de forzar la prórroga, se encubre el nauseabundo juego de cobrar dividendos de los muertos. Dime para qué recuerdas, y te diré quién eres.

Diario de Sevilla |

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

RELACIONADOS:
 

Artículos de Andrés Ollero

FILOSOFÍA Y DERECHO
RELATIVISMO Y VERDAD

_____________________________________________________________________

Arvo Net 20 agosto, 2006

© ASOCIACIÓN ARVO

Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

Enviado por Arvo - 20/08/2006 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.34
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós