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LLAMAR A LA PUERTA (Antonio Orozco Delclós)

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Agosto, mes mariano: Puerta del Cielo

LLAMAR A LA PUERTA



 

Agosto es un mes muy mariano: Nuestra Señora de los Ángeles, la Virgen de la Nieves, la Asunción de María en cuerpo y alma a los Cielos, Santa María Reina...

Por Antonio Orozco-Delclós

Arvo Net, 02.08.2006

 

 

El mes de agosto es un mes muy mariano. el día 2, se celebra Nuestra Señora de los Ángeles; el día 5, la Virgen de las Nieves, en el aniversario de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, que evoca de modo especial la Maternidad divina de María, pues esa basílica romana ‑primer templo mariano del orbe ‑ fue edificada para rememorar la solemne definición del Concilio de Éfeso por la que quedó confirmada la verdad de fe de que María es la Theotókos, la Madre de Dios. Más adelante, en el centro del mes, el día 15, celebramos la Asunción de María en cuerpo y alma a los Cielos. El día 22, Santa María Reina. Estos dos últimos misterios los contemplamos como coronación de los veinte misterios del Santo Rosario.

 

Ahora como un modo de disponernos a disfrutar de esas fiestas, que en muchos pueblos cristianos se celebran con gran solemnidad, me detendré a considerar una de las letanías del Santo Rosario, que contempla un aspecto del papel que María desempeña maravillosamente en la economía de la salvación.

 

Normalmente el momento de pasar a la otra orilla, al más allá, como quiera llamarse al momento de la muerte, suscita a la persona inteligente una natural inquietud. Solo el hombre sabe que muere. Cuántas veces hemos oído: "si alguien hubiera regresado y nos pudiera contar…". Muchas veces, sabiéndolo, no se recuerda que uno ha regresado: Jesucristo ha resucitado. Es un hecho histórico, hay testigos que lo vieron y tocaron vivo durante cuarenta días tras su muerte en cruz. Y en su palabra –palabra del Logos encarnado- tenemos la revelación, confiada a la Iglesia, de lo que nos espera en el más allá.

 

Gracias a su palabra sabemos que su Madre es Madre Nuestra y que si Él, Jesús, es «el Redentor» que ha vencido a la muerte y nos ha abierto la puerta del Cielo –clausurada por el pecado-, no ha querido ser un redentor solitario. Dios es el solo Bueno por esencia y ha creado multitud de cosas buenas. Cristo es el único Mediador por naturaleza ante el Padre, pero ha querido hacer partícipes de su mediación a otras criaturas y de un modo singular a su Madre. Podríamos desarrollar ampliamente el tema, pero ahora nos urge considerar esto que llega a decir la Iglesia: «La puerta del Paraíso para todos la cerró Eva y María la abrió de par en par» (Paradisi porta per Evam cunctis clausa est, et per  Mariam Virginem patefacta est: Lit Hor. Comm. B.V.M., Ad Benedictus, ant.)

 

La metáfora de la puerta nos sirve para entender que hay algo así como un lugar en donde habitar y algo así como un acceso único y necesario. San Efrén dice que «la Puerta celestial por la que de la tierra pasamos al Cielo» es María. San Buenaventura asegura que «nadie puede entrar en él si no pasa por María, que es la puerta». San Antonio de Padua afirma que María "es llamada Puerta porque por su medio podemos entrar o sacar cualquier cosa; la Puerta es la bienaventurada María, por la cual sacamos los dones de las gracias"

 

Ianua coeli, Puerta del Cielo. María. Es preciso llamar a esa Puerta. Dios Hijo, el Logos, se encarnó ex Maria Virgine, tomando cuerpo de Ella, haciendo de Ella su morada primera entre nosotros como hombre. Fue la Puerta del Cielo a la Tierra, por la que el Logos se pasó de la Eternidad al tiempo, para formar parte capital de nuestra Historia. No sin antes solicitar su permiso –consentimiento libre, voluntario - a María. Aquel encuentro entre la humildad de Dios y la humildad de la criatura es punto decisivo de inflexión de la Historia Universal. En aquel momento si le hubiéramos preguntado, como hicieron Juan y Andrés: Maestro ¿dónde moras? (cf Jn 1, 38), nos hubiera contestado: en María Virgen. Y si le preguntáramos ahora, la respuesta sería la misma. Porque Ella es una madre muy especial, sigue siendo morada de su Hijo y de todos los hermanos de su Hijo, porque «María, llevando en su seno al Salvador, llevaba también a todos aquellos para quienes la vida estaba contenida en la vida del Salvador. Todos, pues, los que estábamos unidos a Cristo (...) hemos salido del seno de la Virgen a semejanza de un cuerpo unido a su cabeza. Por eso somos llamados, en un sentido espiritual y místico, hijos de María, y Ella es Madre de todos nosotros»

 

Es muy rica la vida sobrenatural de los hijos de Dios, mucho más de lo que imaginamos. Lo que san Pablo llama Cuerpo de Cristo (cf Col 1, 24), que es la Iglesia, posee esa vida -sin ADN, sobrenatural- que circula desde la Trinidad, por la Humanidad de Cristo, por María y por todos los miembros del Cuerpo. Ahí hay un dar y recibir cada uno a su modo; y María nos da vida con abundancia y ternura de Madre supereminente; vida que, si no la malbaratamos, ya permanece y salta hasta la eternidad.

 

¡Qué misteriosa es esa vida! Puede desconcertar de entrada, pero familiarizarse con ella resulta apasionante. Adviértase la superioridad infinita de su lógica en estas palabras de san Ambrosio, que suscriben otros santos –como san Josemaría Escrivá-: "Cada uno debe tener el alma de María para proclamar la grandeza del Señor, cada uno debe tener el espíritu de María para alegrarse en Dios. Aunque, según la carne, sólo hay una madre de Cristo, según la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en sí al Verbo de Dios... El alma de María proclama la grandeza del Señor, y su espíritu se alegra en Dios, porque, consagrada con el alma y el espíritu al Padre y al Hijo, adora con devoto afecto a un solo Dios, del que todo proviene, y a un solo Señor, en virtud del cual existen todas las cosas"  El Papa Benedicto XVI cita también ese «estupendo comentario de san Ambrosio sobre el Magníficat», y añade: « siempre me impresionan de modo especial las sorprendentes palabras: "Aunque, según la carne, sólo hay una madre de Cristo, según la fe todas las almas engendran a Cristo, pues cada una acoge en sí al Verbo de Dios". Así el santo doctor, interpretando las palabras de la Virgen misma, nos invita a hacer que el Señor encuentre una morada en nuestra alma y en nuestra vida. No sólo debemos llevarlo en nuestro corazón; también debemos llevarlo al mundo, de forma que también nosotros podamos engendrar a Cristo para nuestros tiempos. Pidamos al Señor que nos ayude a alabarlo con el espíritu y el alma de María, y a llevar de nuevo a Cristo a nuestro mundo.» (Benedicto XVI, Audiencia General, 15 –II- 2006)

 

El alma de María es la humildad que sabe recibir entero a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Es morada de Cristo. La Puerta del Cielo a la Tierra es también Puerta de la Tierra al Cielo. Puerta que no se queda atrás como las demás puertas. Guía y acompaña siempre. No es un momento o lugar de paso, forma parte del Cielo que Dios ha querido para sus hijos. Nos conduce a Cristo y está y se queda junto a El. «El Señor es contigo», Dios está con Ella, Cristo mora en Ella. Morar en Ella es morar –habitar, vivir- con Cristo, en Cristo.

 

Dice un autor espiritual que hay tres Paraísos: el Paraíso terrenal, hecho para Adán y Eva; el Paraíso Celestial, hecho para todos los hombres; el claustro de María Santísima, hecho para la Encarnación del Verbo, primer Sagrario de Jesucristo. San Alonso de Orozco dice que la Virgen es Paraíso de Dios abreviado. Todo lo que hace, todo lo que dice, todo lo que es conduce a la Trinidad: Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa y Sagrario de Dios Espíritu Santo. "En Ella y a través de Ella habla Dios… esa Belleza única que se llama María, decía Juan Pablo II, esa Belleza que sólo Dios conoce plenamente, pero que, al mismo tiempo, dice tanto al hombre" (Ang 8.XII.79; Hom 10.II.79)

 

Tenemos mucha necesidad de belleza, porque estamos en un mundo muy mareado por lo zafio. Tanto que hasta a lo feo le puede llamar arte y pagar por ello una fortuna. Tiene una oculta sed de belleza. No encuentra la Puerta. Como el agonizante de sed junto al manantial de agua viva. Y es tan fácil llamar a esa Puerta…

 

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Arvo Net, 01/08/2006

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