
SOBRE NUDOS Y LÍOS
«Con un nudo en la garganta te dije adiós,
con el alma hecha pedazos perdí tu amor,
con un nudo en la garganta te vi partir, ...».
¿Quién será el desanudador de tanto nudo que nos anuda?
Por Antonio Orozco Delclós
Arvo Net, 13.07.2006
En ocasiones se nos hace un nudo en la garganta: «con un nudo en la garganta te dije adiós, con el alma hecha pedazos perdí tu amor, con un nudo en la garganta te vi partir, ...». Conforme pasa el tiempo, me sucede con más frecuencia e intensidad en las bodas, cuando digo: «lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre». También cuando rezo un responso ante un amigo que se me ha muerto, aunque esté convencido, como sucede a menudo, que él está feliz ante el Rostro de Dios. Me consuela que Jesucristo lloró ante el sepulcro de Lázaro aunque sabía que lo iba a resucitar en seguida. Es humano. Él era humano, es Dios y también el más humano de todos los hombres. Se le hacían nudos en la garganta. Yo no quiero que me suceda, pero me sucede. Se conoce que a pesar de quitar gravedad a ciertos asuntos, en el subconsciente uno sabe que la tienen y mucha.
El nudo en la garganta es una de las expresiones más comunes de la pena o angustia, que generalmente termina al relajarse, comer o llorar. Sin embargo, existen personas que viven permanentemente con esta sensación, que no cesa fácilmente. Esta patología se denominó globus hystericus, pero según leo, hoy se llama sencillamente globus, porque de hystericus no tiene absolutamente nada. Hace unos pocos días hablaba con un médico amigo de otra cosa, y me contó que a él se le hacían nudos, pero en la tripa. Me explicó en términos técnicos que ahora no recuerdo, que todos tenemos ahí como unos hilos o cuerdas que en situaciones de estrés, se curvan y entrelazan causando un dolor fuerte.
Asunto inquietante. Vivimos entre nudos que se lían ellos solos. Lo peor es que nos lían a nosotros. Los que trabajamos con ordenador, impresora, escaner y algún otro chisme del género, ponemos los cables en su sitio, todo bien ordenado y al día siguiente como por ensalmo los encontramos liados entre sí, enredados, anudados. Lo cual a su vez, nos lía a nosotros, porque no podemos vivir mucho tiempo con esos enredos y tenemos que desanudarlos.
Quizá el universo sea un inmenso lío de nudos. Ahora resulta que en el siglo XXI, no antes, que yo sepa, los físicos ya no piensan que haya partículas elementales pequeñísimas que constituyan la estructura básica de la materia, tal como lo habíamos aprendido nosotros de pequeños: han formulado lo que llaman "teoría de las cuerdas". Claro que eso no lo pueden ver y todavía no está demostrado, pero posiblemente anden cerca de la verdad: el elemento más elemental de la materia sería una especie de cosa en forma de cuerda cerrada que puede adoptar infinidad de formas y dar lugar a infinidad de cosas (por decirlo lo más toscamente posible). Esto, las cuerdas, por supuesto, serían algo más elemental que cualquiera de lo que hoy los incultos entendemos por la más pequeña "partícula" del átomo. Pero a lo que voy es: "cuerdas", luego "nudos", luego "líos".
Este universo maravilloso es un lío. La vida humana es un lío. No debiera serlo. Los cables no debieran enredarse solos. La gente no debiera morirse y los casados no debieran «descasarse» (no pueden). Pero he aquí que sucedió lo que sucedió al alba de la Historia de la Humanidad: el pecado original, que así se llama. Y se produjo el primer nudo, el nudo de los nudos. Esto ya no es cosa de broma. San Ireneo, nada menos, designa como «nudo» lo que ató Eva. La soberbia le armó un lío impresionante en la cabeza y queriendo liberarse de Dios quedaron atados, anudados, enredados con el diablo. «Por el pecado entró la muerte en el mundo» (Rom 5, 12) y desde entonces «la creación fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió… pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rom 8, 20-22).
¿Quién será el desanudador que pueda desanudar semejante nudo? Sin duda, sólo Dios. Pero Dios quiso hacerlo siguiendo al máximo las leyes de la naturaleza, con una oikonomia (economía, plan, diseño, modo, curso, ley…) maravillosa (cfr Jean De Groot, La mujer en la economía divina, en Romana, núm 39, pp. 274 ss.). Es también san Ireneo –uno de los más importantes Padres de la Iglesia, por su antigüedad y sabiduría- quien dice expresamente que fue María quien desató el «nudo» (nodus) de la desobediencia de Eva: «porque no se desataría de otro modo lo que está atado, sino siguiendo el orden inverso de la atadura, de modo que primero se desaten los primeros nudos, luego los segundos, los cuales a su vez liberen los primeros…» (cfr. Ibid.).
Su fiat, hágase!, equivale a un ¡deshágase el nudo que nos enreda la libertad de ser nosotros mismos, hijos de Dios, imágenes del Altísimo, llamados a ser como Dios en Dios! Y el Logos se hizo carne en sus entrañas inmaculadas y comenzaron a romperse cadenas, a desanudarse nudos. El nudo gordiano quedaba resuelto con la espada de un fiat de magnífica sencillez, en el que la libertad y la obediencia se fundían y confundían en el fuego del amor.
Por todo esto me ha encantado encontrar una estampa con una imagen deLa Virgen de los Nudos, llamada también María Desatanudos, en alemán: Maria Knotenlöserin. La devoción comenzó al parecer en Augsburgo, Alemania. Allá, en la iglesia de San Peter am Perlach, hay una pintura original de Johann Melchior Georg Schmittdner (año 1700). La devoción se ha propagado por muchos lugares del mundo, y muchos le encomiendan especialmente los «líos» matrimoniales, para que Ella los deshaga; pero también otros conflictos.
Así que, ¿se le hacen a usted nudos en la garganta, o quizá en el estómago? ¿tal vez no consigue saber en dónde se le enredan los nudos? No lo dude, acuda a la Virgen María. Ella sabrá desanudarlos. Sepa, no obstante, que no todos los nudos son malos. Los hay muy buenos y necesarios. Los malos a veces requieren tiempo, largo tiempo. Pero lo más importante en la vida es el tejido del alma, la paz interior, la seguridad de que nunca pasa nada, y si pasa, ¿qué importa?, y si importa ¿qué pasa? Esta es la cuestión que la Madre de Dios y Madre Nuestra enseña a entender. Sabe mucho de nudos. ¿Quién no la recuerda enhiesta al pie de la Cruz?