Por Sunsi Estil-les Farré
Arvo Net, 28.03.2006
Pasando
por alto el enfrentamiento San
Valentín / Sant Jordi y
a toro pasado porque el 14 de
febrero ya pasó, ¿quién se resiste a
escribir, reflexionar sobre el
amor?. Lo más sencillo para los
adultos es intentar definirlo,
rastrear en las páginas de los
autores que han dicho algo
interesante o bonito o acertado...
verterlo en una coctelera, agitarlo
y glosarlo con una frase. “Amor
es...” Para los pequeños, en cambio,
resulta una tarea complicada.
Ellos se quedan con lo que oyen, con
lo que ven, con lo que tocan.
¿Recuerdan aquellas veces que
nos preguntaban en clase el
significado de una palabra?.
Generalmente la respuesta
solía empezar así : “Es cuando...”.
¡Mal!, nos respondían. Jamás se
inicia una definición con esta
expresión. Las cosas y las ideas no
son “cuando”. Y es curioso que a
estas alturas de la vida me resulte
más fácil entender el amor con
un “cuando” que con un “es”. Porque
el amor -¡qué bellas y profundas
las palabras de Benedicto XVI en su
Encíclica Deus caritas est-
“siempre está en camino: el amor
nunca se da por concluido y
completado; se transforma en el
curso de la vida, madura y,
precisamente por ello, permanece
fiel a sí mismo”.
Les propongo una experiencia:
desandar lo que transformamos en
concepto con los años y volver a
nuestras definiciones de la niñez.
Intentar recuperar lo que aprendimos
en la infancia, lo que se nos grabó
e la retina, retuvo nuestro oído,
atravesó los poros de nuestra piel,
se quedó en el corazón y sólo
podríamos explicar con un
“Cuando...”. Algo similar realizaron
un grupo de profesionales de la
educación en un país de Sudamérica.
“¿Qué es el amor?”, preguntaron a un
grupo de niños de entre cuatro y
ocho años. Éstas fueron algunas de
sus respuestas . Karina, 7 años:
“Cuando tú amas a alguien sus ojos
suben y bajan y pequeñas estrellitas
salen de ti”; el corazón que
late más deprisa, la presencia del
otro que nos hace enrojecer... ¡el
flechazo!. Mateo, 6 años: “Amor
es cuando alguien te incomoda y tú,
aunque estás muy enojado, no gritas
porque sabes que hieres sus
sentimientos”; Mateo descubre
que el amor va envuelto en
delicadeza y ternura. Rebeca, ocho
años:“Amor es cuando mi abuela
enfermó de artritis. Ella no se
podía agachar para pintarse las uñas
de los pies. Mi abuelo, desde
entonces, pinta las uñas de mi
abuela aunque él también tiene
artritis”; con los gestos de sus
abuelos, Rebeca atisba uno de los
significados más profundos del amor:
la entrega de uno mismo y aceptar la
entrega del otro... amar y dejarse
amar. Tomasito, seis años:“Amor
es como una viejita y un viejito que
son muy amigos todavía, aunque se
conocen hace mucho tiempo”. Con
una sencillez que desarma, intuye
que el amor es más que
enamoramiento. Perdura a través del
tiempo, a pesar de que el cuerpo de
la persona que amamos se haya
deteriorado con los años. Tomasito ,
a su manera, define la fidelidad, el
amor-para-siempre. Cristina, 8 años:
“Amor es cuando la mamá ve al
papá hediondo y de mal olor y dice
que él es más bonito que Robert
Redford”. ¡Qué liiiindo!.
Quenita, 7 años:“Amor es cuando
tú hablas con alguien de ti sobre
alguna cosa mala aunque sientas
miedo de que esta persona no te ame
más por este motivo. Ahí tú te
sorprendes ya que no solamente te
continúa amando como ahora sino que
te ama todavía más”. Lo de
Quenita es de matrícula de honor.
¿Alguien sabría explicar mejor el
valor del diálogo de dos
corazones que no se reservan nada,
de la confianza total y absoluta en
el otro porque sabemos que el otro
nos quiere con nuestros defectos y a
pesar de nuestros defectos? . Y
Patricio, 8 años: “Cuando alguien
te ama, la forma de decir tu nombre
es diferente”. Diferente. Y
Patricio, cuando se haga mayor,
añadirá otros calificativos:
exclusivo, único.
¿Qué ha sucedido durante este
periodo que va desde las
“estrellitas” de Karina a la
artritis de los abuelos de Mateo?.
Seguramente nada original ni
espectacular. Levantarse por las
mañanas –muchas veces con poco humor
hasta que hace efecto el café- ,
largas jornadas laborales que nos
dejan como pingos cuando llega la
noche, comidas románticas y
almuerzos rápidos, la alegría de los
hijos y los sinsabores de sus
sinsabores, apuros para llegar a fin
de mes o no, salud y enfermedad,
discusiones y reencuentros.. Y, un
día u otro, tropezones de limón. El
limón –las dificultades- que
no habíamos previsto . “Cuando
tengas un limón, hazte una
limonada”, dice Dale Carnegie. .
Cuando ella y él - los dos-
agarran el limón y lo exprimen y le
añaden agua, mejor de manantial,
cuando abren la despensa y
cogen azúcar o miel y en verano van
al congelador y también le echan
unos cubitos de hielo ... hacen
limonada. Ya no quema en la
garganta . Pasa suave; se ha
endulzado y diluido con la fuerza
del amor. Amor es “Cuando”. Porque
es activo, necesita tiempo y
se consolida en el tiempo, con cosas
muy normales que guardamos en la
despensa o en el congelador. Sus
ingredientes no caducan. La cuestión
es levantarnos del sofá, ir a la
cocina, alargar el brazo, sacarlos
de su escondite y dejarlos más a
mano. Para emplearlos cuando haga
falta. La limonada no se hace sola
ni en solitario. Necesita la
complicidad de dos y el flujo del
amor.
*Sunsi
Estil.les Farré
Diari de Tarragona