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Por Luis Olivera. Periodista.
Creo que todos estaremos de acuerdo en ello. Y el que no lo esté, ya no es tan perfecto como cree. Pero este artículo tiene otro protagonista: Hirotada Otokake, un joven japonés de 24 años, bien parecido, recién graduado en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Waseda (Tokio). Él mismo ha titulado así su autobiografía, porque nació sin piernas ni brazos, debido a una “tetra-amelia” congénita. Pero ahora es una de las personas más conocidas y admiradas de Japón. Su libro ha vendido más de 4,5 millones de ejemplares desde finales de 1998. Ahora sale la versión inglesa y Oto-chan, diminutivo de su apellido, está presentando un programa de TV de máxima audiencia en su país. Las invitaciones le llueven como en épocas de monzón.
Tal vez esa popularidad se debe a que no se le puede negar su increíble coraje y su capacidad personal de disfrutar de la vida. Para sus compatriotas, él encarna el prototipo de hombre que ha triunfado gracias a su propio esfuerzo. Con el apoyo de sus padres, Ototake recibió toda su educación en escuelas públicas, rodeado de niños “normales”. Sus maestros y compañeros buscaron maneras de que Oto-chan participara en todo, como uno más. Por eso llego a practicar el béisbol y el baloncesto con sus cortos muñones, mejorando mucho su habilidad, aún en partidos escolares de competición.
Y es que, en vez de aceptar su condición física como un ‘handicap' que lo limita, Oto-chan ve su apariencia como algo que le marca un destino especial. Su aspecto corporal forma parte de su encanto personal. El 13 de noviembre de 1996 se dio cuenta de ello, coincidiendo con una propuesta profesional que le hicieron: “Aunque no pertenezco a ninguna religión, eso fue suficiente para hacerme creer en la existencia de un ser superior”, cuenta en su libro.
Este japonés, optimista metafísico, mantiene que lo primero es quitar las barreras del corazón y de la mente que hay en algunas personas. Y él lo logra con el trato y con la diaria convivencia: se ha dado cuenta de que, cuando la gente trata con minusválidos, “comprende que la incapacidad es solamente un accidente; y que lo esencial –el ser persona—no cambia”. Los niños son sus principales aliados. Para ellos ha escrito otro libro –“Regalo”--, sobre los amigos y maestros de un personaje ficticio, Yuta, cuyos brazos y piernas están truncados, dirigido a menores de 10 años.
En consecuencia, este terremoto de energía, que brilla con una especial seguridad en sí mismo, aboga por echar una mano cuando ves a alguien en dificultades. Y es que quizás las personas que puedan rehacer nuestra sociedad competitiva de hoy, pueden ser precisamente las que padecen una incapacidad física.
Todo lo que le ha pasado en la vida, le hace querer decir, alto y claro que, “incluso con mi incapacidad física, soy feliz y disfruto todos los momentos de cada día”. Por eso, en la última página de su libro dice que fue “la necesidad de mandar ese mensaje –no hace falta nacer perfecto para estar alegre—por lo que elegí el título ‘Nadie es perfecto' para mi libro”. Y es que hay personas que nacen con un cuerpo perfecto y van por la vida llenos de negra desesperación. Oto-chan concluye: “Otros, a pesar de no tener brazos ni piernas, llevan una vida llena de paz y sin preocupaciones. La incapacidad física no tiene nada que ver con ello”. La diferencia es que algunos tienen esperanza y se comportan de acuerdo con ese convencimiento. Con ella, Oto-chan no sólo es capaz de superar sus limitaciones. Si no que, además, todavía tiene energías en reserva para ilusionar a otras personas con problemas parecidos.
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