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PÍLDORA DEL DÍA SIGUIENTE (José López Guzmán) |
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Liberación del cautivo
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La píldora del día
siguiente
vence a la educación |
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El profesor José López Guzmán
analiza el impacto de la píldora abortiva que, en algunas
Comunidades Autónomas, se suministra de manera gratuita a
las niñas desde 10 años de edad. Para el autor, son dos los
problemas que se desprenden de esta medida: por un lado,
graves riesgos para la salud, puesto que el medicamento
desajusta las hormonas; por otro, conductas sexuales de
riesgo, porque los jóvenes pensarán que todo se arregla con
una pastilla gratuita. En su opinión, la mejor manera de
luchar es con una correcta educación
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Por
José López Guzmán
En Alfa Y Omega, 2/6/2005
La píldora
del día siguiente está siendo
ampliamente utilizada en España. En su
primer año de comercialización (2002),
la solicitaron 350.000 mujeres. Esta
cifra se ha ido incrementando de forma
progresiva en los años siguientes. Desde
diversas Administraciones sanitarias, se
quiere potenciar, todavía más, su
utilización, por estimar que la píldora
postcoital puede ser eficaz para reducir
la tasa de embarazos no deseados en las
jóvenes españolas. De hecho, las altas
cifras de embarazos no deseados se han
convertido, en ese grupo de población,
en un problema de salud pública que
requiere una solución. Éste es el motivo
por el que, desde diversos sectores, se
solicita su gratuidad y la posibilidad
de ser adquirida sin prescripción
médica.
La píldora del día siguiente es
un método de intercepción postcoital que
tiene por objetivo prevenir la
implantación del embrión en el útero, en
el caso de que se haya producido la
fecundación. De su definición se deduce
que no es un método anticonceptivo, ya
que su acción principal va dirigida
hacia el embrión. Por lo tanto, cuando
se recurre a la píldora del día
siguiente se asume, voluntaria y
deliberadamente, el riesgo de provocar
un aborto, siempre y cuando se estime
que el embrión es algo más que un
amasijo de células. Yo no tengo ninguna
duda sobre el hecho de que el embrión es
el estado inicial de un ser humano, pero
parece que hay quien lo duda, a tenor de
la escasa protección que se les otorga a
los embriones en el anteproyecto de ley
sobre técnicas de reproducción asistida,
tan discutido en las últimas semanas; o
de la facilidad con la que se puede
acceder a la píldora del día siguiente
(en algunas Comunidades Autónomas ya se
puede obtener de forma totalmente
gratuita).
Ante esta propuesta de facilitar y
fomentar el uso de la píldora del día
siguiente, me gustaría hacer varias
observaciones. La primera, que la
intercepción postcoital se define como
un método excepcional y no de rutina.
Hay que tener presente que es una
auténtica bomba hormonal: con la píldora
del día siguiente la usuaria toma en un
día de 6 a 30 veces la cantidad de
levonorgestrel que se encuentra en la
dosis diaria de un anticonceptivo
hormonal oral. Además, no hay que
olvidar sus efectos secundarios (náusea,
fatiga, dolor abdominal, vértigo…), que
han llevado a las autoridades sanitarias
americanas a no autorizar su utilización
sin prescripción. Por ello, la
estrategia basada en la trivialización
de la píldora del día siguiente se
presenta como errónea y peligrosa, ya
que induce, principalmente en jóvenes, a
un uso frecuente.
En segundo lugar, en distintos estudios
se ha demostrado que los adolescentes
que utilizaban la contracepción de
emergencia tenían más posibilidades de
un embarazo no planeado, posiblemente
como consecuencia de asumir mayores
riesgos en sus relaciones sexuales. Por
lo tanto, la amplia distribución de la
píldora del día siguiente no es
un buen camino para reducir la
incidencia de embarazos no deseados.
Urge asumir
responsabilidades
Las razones antes señaladas pueden ser
suficiente motivo para pensar en un
cambio de estrategia, depositando menos
confianza en la química y más en la
educación. Da la impresión de que las
políticas dirigidas a los jóvenes parten
de que éstos no son capaces de asumir
responsabilidades, y que las
consecuencias de sus actos se pueden
aliviar tomando simplemente una píldora.
No obstante, ese planteamiento no es
extraño en nuestro entorno; es una
manifestación más de la medicalización
que invade nuestra sociedad.
Mi propuesta es que hay que combatir esa
medicalización (perjudicial para la
salud, estéril para la maduración) con
educación. En el caso que nos ocupa, con
una educación sexual seria y
responsable, centrada en el respeto a la
dignidad humana y no en modelos
higiénico-sanitarios, en los que se
presenta el sexo como algo externo al
ser humano, atendiendo sólo a sus
manifestaciones externas.
Sin duda, es más cómodo y más sencillo
difundir métodos anticonceptivos y
abortivos que diseñar e implantar
programas creativos de formación
integral de los adolescentes, en los que
se tengan en cuenta los aspectos
propiamente humanos de la sexualidad.
Quizás la educación integral sea un
camino más largo, menos populista, pero,
sin duda, beneficia más a nuestros
jóvenes, ya que, en último término, el
sexo sin humanidad es sexo sin
felicidad.
En Alfa y Omega
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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés |
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Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós
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Enviado por Alfa y Omega - 02/06/2005 |
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