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Entrevista al
filósofo
Rodrigo Guerra
CIUDAD DE MÉXICO, miércoles, 17 agosto 2005 (ZENIT.org-El
Observador).- La controversia en torno a las
denominadas píldoras de emergencia basadas en el
Levonorgestrel ha sido muy intensa en América Latina.
Entrevistamos a Rodrigo Guerra, experto en el
pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II, director del
Grupo Interdisciplinario de Bioética de la Universidad
Panamericana (Ciudad de México) y coordinador del
Observatorio Social del Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM) para hacer un balance de esta
polémica.
--En diversos países de América Latina ha aparecido una
intensa controversia sobre la «píldora del día después»
o «píldora de emergencia». ¿En qué consiste esta píldora
y por qué tensa tanto los ánimos?
--Rodrigo Guerra: Existen varias píldoras denominadas
«de emergencia». La que ha generado una amplia discusión
últimamente es la que posee como ingrediente principal
el Levonorgestrel, es decir, un progestágeno sintético
que realiza una triple acción: la primera es la
inhibición de la ovulación si esta no se ha dado en la
mujer; la segunda es su trabajo como anticonceptivo si
se ingiere luego de la ovulación haciendo que el viaje
de los espermatozoides hacia el óvulo no sea exitoso
gracias al espesamiento del moco cervical. La tercera
acción es la que resulta más problemática: existe
evidencia empírica indirecta de que esta sustancia
inhibe la implantación del óvulo cuando éste ya ha sido
fecundado, es decir, existe evidencia empírica indirecta
de que es abortiva.
--Si existe la evidencia que nos comentas ¿por qué
los Ministerios de Salud la aprueban y promueven?
--Rodrigo Guerra: En cada país la cuestión es algo
distinta. Esquematizando un poco: en las naciones en las
que no está legalizado el aborto el debate público
evadió y evade la discusión sobre el estatuto personal
del embrión humano y el comienzo de la vida humana. La
atención por parte de las autoridades gubernamentales
promotoras de la píldora --y sus equipos científicos--
se concentra en negar el «tercer efecto», es decir, su
acción anti-implantatoria. En estos casos se ocultan
aspectos técnicos ignorados por el ciudadano común y que
muestran que las pruebas empíricas son aún insuficientes
en orden a demostrar que éste fármaco es sólo un
anticonceptivo. En los países en los que el aborto es
permitido las propias compañías farmacéuticas que lo
promueven reconocen que puede causar una fase lútea
inadecuada con desincronización en la maduración del
endometrio, es decir, evita la existencia de las
condiciones que permiten que el cigoto se adhiera a la
pared superior del endometrio para poder alimentarse y
crecer. En ambas situaciones existe un componente
ideológico que se mezcla en el debate científico y que
distorsiona el sentido de justicia que debe haber en
toda política pública. En el segundo caso sobretodo pesa
la falsa idea respecto de que el embrión pre-implantatorio
no es persona, sujeto de derechos.
--Los artículos científicos que defienden la
inexistencia del efecto abortivo de la píldora ¿qué
argumentos ofrecen?
--Rodrigo Guerra: En Chile y en México quienes apoyan el
uso de la píldora sobre todo han argumentado que los
estudios realizados en monas Cebus apella y en
ratas prueban que el Levonorgestrel no inhibe la
implantación. Esto es correcto. Los estudios de Muller y
Croxatto son concluyentes en opinión de los expertos.
Sin embargo, lo que no es científico es extrapolar estos
estudios pacíficamente al caso humano. El apareamiento
en este tipo de monas es muy cercano a la ovulación por
lo que el fármaco no actúa como abortivo sino como mero
anticonceptivo. En el caso humano las relaciones
sexuales pueden realizarse antes, en y después de la
ovulación haciendo que el efecto de la sustancia pueda
ser realmente abortivo tal y como indica la evidencia
indirecta.
--¿Por qué usas las expresión «evidencia indirecta»?
--Rodrigo Guerra: No es posible actualmente tener
evidencia directa sobre la acción de este fármaco en la
implantación en el caso humano. Lo que se ha estudiado
son los efectos en el endometrio de mujeres a los que se
les ha administrado en diversas etapas de su ciclo
menstrual. Algunos estudios apuntan a que impide la
implantación y otros no. Sin embargo, la Organización
Mundial de la Salud (OMS) ha realizado un estudio
publicado hace tres años en la revista Lancet que
muestra que el Levonorgestrel tiene un 60% de
efectividad en disminuir los embarazos esperados cuando
es administrado entre el cuarto y quinto día posterior a
la relación sexual. Esto brinda un dato empírico que nos
habla de una altísima probabilidad del efecto abortivo
de esta sustancia. Ante esta situación de altísima
probabilidad es necesario que quienes estamos
comprometidos con la defensa de los derechos humanos
trabajemos por evitar que sustancias de este tipo sean
distribuidas abiertamente ya que existe la posibilidad
real de matar a un ser humano indefenso al momento de
consumirlas.
--¿Cuál es el papel que los católicos deben asumir
cuando aparecen este tipo de discusiones en la academia
y en el espacio público?
--Rodrigo Guerra: Tanto los pastores en la Iglesia como
los fieles laicos tenemos la obligación de saber «dar
razones de nuestra fe». La Revelación y el
Magisterio nos enseñan que la vida humana es sagrada.
Sin embargo, no basta apelar a la Revelación y al
Magisterio al momento de entablar un diálogo con quienes
desde el poder o desde la ciencia desean realizar
iniciativas que atentan contra la vida humana naciente.
Es necesario que los católicos reaprendamos a «dar
razones», a hacer investigación científica rigurosa y de
alto nivel tanto en el terreno de las ciencias
biomédicas como en el terreno de la ética filosófica. En
ocasiones los argumentos excesivamente simplificados que
algunos católicos utilizan para defender la vida humana
naciente caen en imprecisiones filosóficas o biomédicas
y dificultan el que la discusión sea rigurosa y
fructífera. Es necesario reconocer que existen lugares
cómo el Centro de Bioética de la Pontificia Universidad
Católica de Chile dirigido por Patricio Ventura-Juncá,
el Programa de Bioética de la Universidad de Navarra en
el que participa Natalia López Moratalla o la Academia
Internacional de Filosofía de Liechtenstein dirigida por
Josef Seifert, que con gran tino han entendido esto
desde hace años. Muchos estamos profundamente endeudados
con este tipo de investigadores que de una manera
altamente competente muestran una vez más que la razón
humana cuando obedece a la verdad permite la auténtica
libertad.
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Arvo Net, 18 agosto de 2005 |
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