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ECOGRAFÍA Y ETICA

Acabo de recibir la ecografía de un niño o niña, aun no se sabe, muy próximo. Gran noticia. Enhorabuena a los padres. Gran parte de la sociedad española se apresta a manifestase en favor de la vida y, en consecuencia, contra el proyecto de ley de ampliación del aborto voluntario hasta límites increíbles. Sigo abriendo correo y encuentro una entrevista reconfortante en Lagaceta.es. Juan Bosco Martín-Algarra entrevista a Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia.
Una de las preguntas es la misma que nos formulamos muchos:
-¿Por qué una parte importante de la sociedad española apenas parece inquietarse con el tema?
Cada época tiene su barbarie: la discriminación de la mujer, la esclavitud, el racismo… y a cada época eso le parece normal. La normalización social y jurídica del aborto es un signo de la nuestra. Mientras a principios del siglo XIX en Estados Unidos se exaltaban los derechos humanos, también se sometía a esclavitud a los negros. Las últimas sentencias del Tribunal Supremo de EE.UU antes de la guerra civil ratificaban, párrafo tras párrafo, la constitucionalidad de la esclavitud. Sus magistrados sostuvieron que los negros no eran humanos.
¿Y cómo fue posible eso?
¿Y cómo es posible que hoy, con lo que vemos en las ecografías, se diga que el niño no nacido no es humano? Es una barbaridad irracional, pero es la barbaridad de nuestro tiempo. Es un virus que cala en las conciencias, inoculado a veces por instituciones como la ONU.
¿Cómo devolver a nuestra época un compromiso con la Vida?
Debemos mirar de nuevo al embrión y al feto. La ética es abrirse al bien, en este caso, la Vida: por eso hay que mirarlo y conocerlo. Y también debemos ayudar a la mujer embarazada para que disponga de alternativas al aborto.
¿Qué se debe hacer en el código penal? ¿Es justo que una mujer que aborta vaya a la cárcel?
La mujer es tan víctima del aborto como el niño que no nace; por tanto, no debe ir a la cárcel. Muchas abortan sin ser libres, chantajeadas por el padre de la criatura, el entorno laboral, social, etc. Sin embargo, una legislación permisiva con el aborto es la que menos ayuda a la mujer: como es la solución fácil, se las deja solas, más indefensas ante la presión del entorno.
Pero conviene recordar que ninguna mujer ha ido a la cárcel por abortar desde 1985. Incluso antes, en los pocos casos en los que hubo acusación, el juez detectaba esta presión y aplicaba los eximentes. No así con quien hacía negocio del aborto; algunos de estos han sido condenados y luego indultados.
El problema no es que la mujer vaya a la cárcel, sino que el niño no nacido esté protegido, y que exista una amenaza penal acorde al delito cometido para la gente que, por dinero, perpetra cosas tan graves.
A.O.D. 24.03.2009
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