EL INDIFERENTE
Joseph Roth, judío (1894-1939), nació en Brody, dentro del Imperio Austrohúngaro, cerca de la frontera con la Rusia zarista. Según Sunday Times "uno de los grandes novelistas del siglo XX" (Job, 1930). Hoy, Tomás Cuesta, ecribe en Abc:
«El inmenso autor de «Job» y «La marcha Radetzky» dedicó un comentario en el «Pariser Tageszeitung» […] a ponderar el gesto Erich Kleibel, un director de orquesta que se negó a actuar en la «Scala» de Milán para manifestar su oposición a las leyes raciales del Duce y los camisas negras. «Algo que hace diez años habría sido natural, hay que considerarlo ahora un rasgo de nobleza», se queja Joseph Roth, sabio y escéptico, antes de hundir la pluma en el meollo del problema. «Si el humanitarismo -escribe- se ha convertido en una manifestación bizarra, resulta inobjetable que la inhumanidad es lo corriente». Para, acto seguido, finiquitar el texto con una de esas sentencias que -por higiene mental- tendríamos que copiar mil veces: «Un único hombre al que le importe un bledo que peguen a un judío es más nocivo que los diez que le apalean. Al judío, al gitano, al pelirrojo, al de los ojos verdes. De ahí que, comparada con la «neutralidad» de algunos, la bestialidad sea casi llevadera. El enemigo común, en resumidas cuentas, es el indiferente».