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Polonia en la Europa posmoderna
Corresponde ahora a este Gobierno promover la imagen de un país sin estereotipos negativos.
Su posición en la guerra de Irak o la defensa del tratado de Niza, llevaron a que el inicio de la trayectoria de Polonia en la UE recibiera calificativos, entre lo grosero y lo superficial, tanto de analistas como de políticos, sobre todo algunos socialistas. Los críticos de Polonia, instalados en la posmodernidad, dispensaban con alegría improperios del tipo de “llorona de la Historia”, “burro de Troya de los americanos”... Si estas cosas se decían con un Gobierno socialista en Varsovia, ¿qué no se dijo con los Kaczynski ? Sin embargo, del Gobierno del liberal Donald Tusk no se habla mucho, salvo para opiniones difusas sobre mejores relaciones con alemanes y rusos, o sobre su europeísmo. Se diría que Polonia ha perdido visibilidad en Europa, lo que no es tan malo, pues así deja estar en el punto de mira de un criticismo con el derecho exclusivo de dar credenciales de europeidad. Corresponde ahora a este Gobierno promover la imagen de una Polonia sin estereotipos negativos.
Hay países que sólo ven Europa desde la convergencia por medio de los fondos de cohesión. Olvidan que el bienestar excesivo favorece el ensimismamiento, la “dulce decadencia europea”, en expresión de Felipe González. Llega entonces la atrayente tentación del paraíso posmoderno: concebir la política exterior como una síntesis del libre comercio y la cooperación al desarrollo, una piadosa mezcla de buenas intenciones kantianas y de manual de prácticas de ONG. El resultado sólo podrá ser una Europa de reducidas capacidades diplomáticas y militares, en un contexto mundial de grandes actores, sin complejos de inferioridad sobre su pasado.
Mas hay quien cree que Polonia se apega en exceso a su historia: ¿no se acuerda demasiado del levantamiento de Varsovia o de la resistencia de Solidaridad? Radek Sikorski, ministro de Exteriores, hacía esta observación en un discurso reciente: “Europa no se unirá en espíritu hasta que nuestros vecinos occidentales no se tomen la molestia de entender realmente que nuestra lucha por la libertad en la segunda mitad del siglo XX es una experiencia tan europea como su prosperidad durante el mismo período”. Criticaba el error de limitar el patriotismo al culto de victorias o derrotas heroicas, y recordaba que el interés nacional pasa porque Polonia sea dueña de su propio destino, si tenemos en cuenta su desaparición durante más de un siglo como Estado y la pérdida de su soberanía real bajo el comunismo.
He aquí objetivos para patriotas de la vida cotidiana: democracia, desarrollo económico, competitividad, sociedad civil, medios independientes.... Son necesarios para construir una Polonia fuerte: ¿lo será si Europa no es también fuerte?
Antonio R. Rubio Plo, historiador y analista de relaciones internacionales.
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