Jueves - 17.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Art. A. Orozco Antonio Orozco
Andrés Ollero Tassara Andrés Ollero
A. R. Rubio Plo A. R. Rubio Plo
F. Acaso F. Acaso
Francisco de Borja Santamaría Francisco de Borja Santamaría
Javier Láinez Javier Láinez
José María Barrio Maestre José María Barrio Maestre
Juan José García Noblejas Juan José García Noblejas
Jesús Ortiz López Jesús Ortiz López
Juan Luis Lorda Juan Luis Lorda
J.R. García Morato J. R. García-Morato
Jutta Burggraf Jutta Burggraf
Luis Alonso Somarriba Luis Alonso Somarriba
Luis Olivera Luis Olivera
Lluís Pifarré Lluís Pifarré
Natalia L. Moratalla Natalia L. Moratalla
Ramiro Pellitero Ramiro Pellitero
RODRIGO GUERRA LÓPEZ Rodrigo Guerra López
Tomás Melendo Granados Tomás Melendo
Escritos Arvo Escritos Arvo
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

NEWMAN, UN AMIGO DE LA VERDAD EN LA ERA VICTORIANA

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo

 Un amigo de la verdad en la Inglaterra victoriana

Newman, como Chesterton, fue un incómodo profeta en su tiempo, en el que la razón dio paso resueltamente al utilitarismo. «El tiempo es breve, y la eternidad es larga», advirtió a una sociedad a menudo preocupada sólo por guardar en público las apariencias

 


John Henry Newman en su juventud
Gilbert Keith Chesterton admiraba a la vez al cardenal Newman como teólogo y maestro de las letras inglesas, aunque escribió muy poco acerca de él. Esa brevedad no es obstáculo para que su análisis sea certero. Su principal referencia a Newman aparece en La era victoriana de la literatura (1913), un libro que, como otros de Chesterton, pretende ir más allá del puro ensayo literario, pues desde hacía tiempo el escritor inglés, para desazón de sus críticos, encontraba siempre la oportunidad de introducir la temática religiosa en cualquier tipo de asuntos. En el citado libro, hace este esclarecedor comentario sobre la obra de aquel gran converso: «Era una protesta de la racionalidad de la religión frente al creciente irracionalismo del bienestar y del convencionalismo victorianos».
En efecto, Newman vivió tiempos difíciles para cualquier creyente, pese a que externamente su país alcanzara el estatus de primera potencia global, algo que podía llenar de orgullo a un pueblo que recibía de continuo la consigna de ser el elegido para difundir los valores de la civilización occidental. Quien se entusiasmara excesivamente por estas glorias imperiales y por el progreso de la técnica, encontraría pocos huecos en su espíritu para abrirse a la trascendencia. Quien se inquietara ante los avances de una mentalidad materialista y quisiera seguir siendo una persona religiosa, terminaría por caer en el refugio cómodo del fideísmo, que lleva a huir de las realidades de este mundo...
Este falso dilema, que también se da en nuestro tiempo, no podía ser aceptado por un intelectual como Newman, que rechazaba la pretensión de oponer la religión al conocimiento. Así lo expresa en su Idea de la Universidad(1852), que no concibe como una mera enseñanza de saberes instrumentales ni como una academia distinguida para gentlemen elitistas. Y es que estaba convencido de que una recta razón puede acabar llevando la mente a la fe católica, aunque tampoco se dejaba llevar de optimismos ingenuos, pues no siempre la razón toma una dirección tan recta y satisfactoria. 
Quien no quiera elegir entre el racionalismo y el fideísmo, acaba siendo víctima de la incomprensión de los dos bandos. Un hombre de apasionada paciencia, según Chesterton, se vio acusado de hipócrita y de taimado por quienes no estaban dispuestos a dejar a un lado sus prejuicios anticatólicos. Newman no había ido a la Iglesia Romana a buscar la paz para sí mismo y alejarse de problemas. Un clérigo anglicano convertido como él al catolicismo, sólo podía buscarse más problemas, según reconoció Chesterton con su habitual sentido común. La actitud del converso puede explicarse desde el recuerdo de una célebre cita de Aristóteles que aparece en Apología pro vita sua, una apasionada autobiografía, en la que no oculta las sombras de sus dudas y debilidades. Newman, al igual que el filósofo griego, se consideraba amigo de todos, pero era más amigo de la Verdad. Es muy significativo que, en 1845, año de su conversión, publicara Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, desde donde apremia al lector de cualquier época a no refugiarse en el pasado ni a considerar que es verdad aquello que él quiere que sea, porque «el tiempo es breve, y la eternidad es larga».
Newman tenía que ser signo de contradicción en una era victoriana de gran desfase entre la teoría y la práctica. La sociedad pretendía vivir inmersa en la moralidad, pero realmente profesaba la religión del utilitarismo. Chesterton advirtió de esta esquizofrenia en sus ensayos literarios. ¿No estaba presente en la trágica historia del doctor Jekyll y Mr. Hyde, escrita por Robert Louis Stevenson? Es cierto que algunos intelectuales de fines del siglo XIX denunciaron la hipocresía y el utilitarismo inhumano, aunque su alternativa sólo fue el ansia de una rabiosa independencia y la excentricidad, rasgos del decadentismo entonces en boga. Mas el irracionalismo victoriano, por mucho que fuera acompañado de la ciencia y la técnica, tenía que desembocar en imágenes de mundos pavorosos como los de las novelas de Herbert George Wells, adversario y amigo de Chesterton. La máquina del tiempoLa guerra de los mundos o La isla del doctor Moreau eran el preaviso de épocas que iban a dejar de lado la racionalidad. Sin embargo, y desde diferentes perspectivas, Newman y Chesterton, incómodos profetas en su tiempo, habían defendido una recta razón que no se entregara a las nuevas supercherías.
Antonio R. Rubio Plo
Alfa y Omega
12/09/2010 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.34
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós