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JAN TWARDOWSKI, UN HUMANISMO DEL AMOR (Antonio R. Rubio Plo)

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JAN TWARDOWSKI, poeta y sacerdote: Un humanismo del Amor


Antonio R. Rubio Plo
Historiador y Analista de Relaciones Internacionales

 

  No es un libro vistoso, es de pequeño tamaño y además se trata de una edición bilingüe, en español y polaco. No está destinado a los escaparates, pues su autor ha sido traducido por primera vez al español, aunque en Polonia sea un escritor muy conocido. Lo hallaremos en el estante de poesía, si se trata de alguna librería espaciosa, pero a lo mejor tendremos que pedirlo a los dependientes para que lo saquen del almacén, o mucho más probable, encargarlo. No son, sin embargo, inconvenientes que impidan calificar a este libro de “perla preciosa” o “tesoro escondido”, por emplear unos términos del evangelio con los que su autor se sentiría identificado. Se trata de Jan Twadorwski(1915-2006), que bebió en las fuentes evangélicas y debió llenar de ellas su oración personal. Ha llegado ahora a las librerías españolas una antología poética, editada por Rialp en su colección Adonais, que cubre seis décadas de una vida que se confunde con la agitada historia de Polonia. Son poemas que bien podrían ser aforismos o puntos de meditación.

Twadorwski nos demuestra con su obra que poseía un corazón joven, como lo es del todos aquellos que sienten un agradecido asombro por todo lo que nos rodea y no se dejan invadir por el tedio y la soledad. Nos habla de fe, esperanza y amor en un mundo que carece de ellas. No cae, sin embargo, en el recurso fácil de unos poemas religiosos afectados y grandilocuentes. Y es que no se puede calificar de mística toda aquella contemplación de Dios que se olvidara de los seres humanos. El autor se inclina ante el hombre, ante todo hombre. Eso también suelen afirmarlo algunos filósofos y políticos al proclamar la sacralización del ser humano. Su visión materialista les lleva a coronar al hombre aunque ese rey esté desnudo, despojado de su dimensión espiritual. En cambio, Twadorwski es un humanista que quiere abrirse a una realidad invisible, más allá de la mera experiencia.
    
El amor al hombre del sacerdote polaco está impregnado de misericordia, palabra que horrorizará a esos ingenieros sociales que creen que esa palabra es un atentado contra la justicia. Pero misericordia es sinónimo de cristianismo, por no decir de comprensión y de una sonrisa. Hay quien calificaría esto de ingenuidad o de simpleza, pero quien lo vea así, probablemente tenga una visión limitada del amor. Tampoco comprende que el amor sea desinteresado. El Dios cristiano practica un amor así. Quiere ser amado libremente aunque esto le lleve a dar una imagen de debilidad: “El Omnipotente, cuando ama, sabe ser el más débil”.

Muchos de los poemas de Twardowski corresponden a las dos últimas décadas del siglo XX, cuando su autor ha superado los límites de los setenta y ochenta años. La única forma de superar los achaques del tiempo es verse como un enamorado de Dios, al que se ama con un corazón humano, no desde la fe seca, como la referida al abstracto Dios de los filósofos, sino desde la que nace del amor forjado en la esperanza de ver a Alguien que ahora está oculto a la vista. Es comprensible para alguien que proclama: “Yo, un sacerdote, creo en Dios como lo haría un niño”.

Con todo, se nos dirá que esto es utópico frente a la dura realidad del ambiente, donde abundan las incomprensiones y los desprecios para todos aquellos que pretendan estar abiertos a la trascendencia. Sin embargo, Twardowski tiene en sus versos respuesta a esta objeción: “Cualquiera que sale a nuestro encuentro viene de Su parte, mas nos resulta tan cabalmente corriente, que no nos percatamos de ello”. ¿Y qué decir a los que no quedarán tan satisfechos con este consejo porque quieren milagros, con o sin comillas, porque buscan la reciprocidad del otro por medio de su conducta? La convivencia humana no puede reducirse a simples tácticas. ¿Hemos olvidado la existencia de la libertad humana? ¿Queremos un mundo de siervos, que temen y no aman? Polonia y otros países ya lo experimentaron cuando estaban sometidos al comunismo “benefactor”. Por el contrario, nuestro poeta y sacerdote nos da una respuesta al escribir estos versos para niños en 1993, cuando ha llegado la decepcionante época del poscomunismo: “Cuando no seas querido, no esperes en reciprocidad rosas y una llamada; no gimas, no solloces. Lo que más importa justamente es que seas tú quien ame”.♦

08/01/2010 ir arriba
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