|
Bismarck, modelo para Obama
Antonio R. Rubio Plo
Los consejos de Fareed Zakaria son del más puro realismo. El canciller alemán dedicó veinte años de gobierno a construir en Europa un complejo sistema de alianzas
Fareed Zakaria es una estrella ascendente entre los politólogos americanos. Hace años nos invitó a reflexionar, pese a que se seguía confiando en el fin de la Historia, sobre que las democracias podían ser perfectamente no liberales. En sus análisis actuales se combinan profundidad, imaginación y comparaciones históricas. Zakaria se siente a gusto en la escuela del realismo en las relaciones internacionales, pero no un realismo cualquiera sino el de Obama. Realismo en acciones u omisiones, e idealismo en las palabras. Un reconocido maestro del realismo como Kissinger declaró que el presidente americano es el típico jugador de ajedrez que abre el juego con jugadas inusuales que desconciertan al adversario, como pudo verse en el discurso de El Cairo, aunque duda en adjudicarle la etiqueta de realista hasta ver sus pasos siguientes. Si no se concreta en la práctica, Kissinger considerará a Obama como otro representante del idealismo wilsoniano. Pero Zakaria no ve así las cosas y aconseja a la Administración demócrata en términos del más puro realismo, en concreto el de la diplomacia de Bismarck.
El canciller alemán dedicó veinte años de gobierno a construir en Europa un complejo sistema de alianzas, compatibles o no entre ellas, públicas o secretas, para que Alemania mantuviera la hegemonía continental y Francia no encontrara aliados para enfrentarse a ella. Berlín se convirtió en el “mediador imparcial” de Europa, e incluso Francia encontraría el apoyo de Bismarck para sus ambiciones coloniales. Relaciones estrechas con cada potencia por separado, con tratados formales de alianza o meras declaraciones políticas. Búsqueda de intereses comunes, por mínimos que fueran, para establecer una relación más estrecha que la de algunos de esos países entre sí. Tal es el modelo que Zakaria defiende para la América de Obama. Es la antítesis del modelo británico del siglo XIX, y por supuesto, americano en el XX. ¿Por qué empeñarse en servir de contrapeso a otras potencias, con guerras calientes o frías? Es un agotamiento estéril, demasiado centrado en lo militar, y que repercute en los esfuerzos en la dimensión económica y tecnológica, indispensables en un mundo globalizado. ¿Cómo detener el declive americano? Dejando de hacer hincapié en idealismos o excepcionalismos en política exterior.
Zakaria reconoce que la diplomacia de Bismarck tuvo un alcance temporal, pero funcionó. No dice que no se caracterizó por su trasparencia, pues sólo se fija en que Alemania se convirtió en el centro de la diplomacia europea. Se pregunta también por qué EEUU no puede tener una auténtica asociación estratégica con China y Rusia, similar a la que tiene con Japón, la India o Australia. Quizás debería pensar que estos tres países son democráticos.
Antonio Rubio Plo es analista político internacional.
|